Petrocaribe 2.0: Socialismo a lo Wall Street sin oposición

El día de ayer el diario –medio amarillista y anticastrista, hay que decirlo– El Nuevo Herlad publicó que Venezuela vendió con descuento parte de su deuda petrolera a Goldman Sachs y aun así el tema del día fue que si a María Corina la acusaron de conspiradora o de intento de magnicidio, aderezado, por supuesto, con frivolidades sobre si las mechas de Lilian están más rubias que de costumbre. *Suspira*

La única respuesta que puedo conseguir es que la dirigencia de oposición es tan miope como analfabeta. A ver: el gobierno bolivariano-socialista-obrero-rojo-rojito tomó una cuenta por cobrar de USD 4.262 millones que República Dominicana, una nación hermana, le debe a Venezuela en el marco del convenio de cooperación energética Petrocaribe, y se la vendió a Goldman Sachs, uno de los mayores grupos de inversión y banca de Wall Street (y del mundo) por USD 1.750 millones (sí, solo 41% del valor de la deuda) ¿y el comentario más inteligente del día lo hizo El Chigüire Bipolar?

Definitivamente no es que el gobierno crea que la oposición sea un club de incapaces, es que está seguro.

¿Cómo funciona Petrocaribe?

El Sr. Bernardo Álvarez, Secretario Ejecutivo del ALBA y Presidente de Petrocaribe, explica con la cara más dura posible que Petrocaribe es una prueba fehaciente de que un camino diferente es posible (diferente del sistema capitalista, por supuesto), y que Venezuela no regala su petróleo en Petrocaribe, sino que “50 % de la factura se paga en 90 días y el otro 50 % representa la factura a largo plazo en unas condiciones financieras muy favorables que Venezuela asume como parte del proceso de integración”.

Cuando se dice “muy favorable” se quiere decir que Venezuela se endeuda en los mercados internacionales a tasas de 6 a 14% y le “presta” a estos países a tasa de 1%. Además, parte de la innovación “favorable” es que la deuda de largo plazo se puede pagar en especies  -por ejemplo, República Dominicana le ha pagado a Venezuela USD 140 millones en caraotas negras. Se supone que ese ahorro deberá ser utilizado para cubrir programas sociales que contribuyan a aliviar la pobreza, lo cual (mágicamente) hará que aumente la productividad de los países caribeños y así puedan pagar la deuda con Venezuela.

El esquema es tan absurdo, que en septiembre de este año el Primer Ministro de Antigua & Barbuda –sí, un país que tiene renos y una piña en su escudo nacional– declaró que el esquema “literalmente está matando el dinero”, y que era preferible llegar a un acuerdo con Maduro para invertir ese dinero,  y luego usar las ganancias financieras para pagarle a Venezuela y financiar programas sociales. O como lo leo yo: el Sr. Gaston Browne entiende más de deuda internacional que la dirigencia de oposición venezolana.

¿Por qué ahora y no antes?

Porque el precio del petróleo ha caído más de 30% de su valor en el último semestre de 2014, por tanto ha caído el flujo de dólares a Venezuela en la misma proporción. Como la política económica del gobierno es acabar con la empresa privada y exprimir a PDVSA, no hay otro mecanismo de obtener divisas para aguantar el patrón de consumo del país que sobrevive de (recortadas) importaciones.

La salida de emergencia es vender activos, financieros (ej.: deuda Petrocaribe) y fijos (ej.: Citgo), para evitar que los niveles de desabastecimiento comiencen a producir hambruna. O como yo lo leo: el gobierno sacrifica la sostenibilidad financiera del país a cambio de unos containers de shampoo brasilero y carne uruguaya, con el apoyo silente de una “oposición” que no alza la voz para reclamar lo importante, sino para participar en las nimiedades que llegan a Trending Topic en Twitter.

¿Sabemos si es cierto?

No. El gobierno no lo ha negado, pero nadie más lo confirma. Creo que solo El Nacional reseñó el anuncio. La mordaza parece estar bien apretada en las mandíbilas de los medios, pero encuentro inaceptable que la gente que se propone como la alternativa omita una discusión como esta.

Cuando no escribo

«Cuando no escribo, el mundo se me hace blando»

Esas palabras siguen retumbando en mi cabeza desde que se las escuché a Leila Guerriero en una de estas charlas bohemias que organiza Lugar Común. Retumban porque he dejado de escribir, o al menos de escribir por gusto y no por trabajo.

Escribir es una enfermedad compulsiva, creo, un hábito que se te enraíza porque ayuda conseguir puntos firmes en el terreno movedizo de lo incierto; en parte, creo, porque los escritores sobre-pensamos todo. Quizás sea la misma costumbre de hacer gimnasia con las ideas para descifrar cuál es su mejor ángulo, o porque somos gente obsesiva con el detalle, y la escritura nos obliga a ponerle nombre y apellido a los sentimientos y sensaciones que nos abaten y rodean. No escribir, o no escribir de lo que alegra o agobia, desdibuja las líneas entre lo incuestionable y lo desconocido.

Pero ahí sigue el cursor, titilando monótonamente en medio de ese lienzo banco que es mi pantalla. Con los ojos fijos sobre su perturbadora indiferencia, lo escucho en mi cabeza como si fuera el segundero de un reloj victoriano. Retumba hasta que se hace ensordecedor y ya no puedo seguirlo escuchando. Debe irse, ya lidiaré con él en otro momento.

Carta a la censura

Rayma-saludSería irrespetuoso no escribirle a la censura el día en que Rayma deja de publicar sus viñetas en El Universal.

Estimada Censura,

Incluso los más grandes enemigos deben tenderse treguas cuando la tensión alcanza episodios de clímax, de modo que en ese tono me dirijo a ti en esta oportunidad. Te confieso que me duele el pecho mientras consigo articular mis ideas, y mis suspiros se pierden en el piano de Damien Rice.

Te odio.

Sí, eso era lo primero que quería decirte: te odio con cada fibra de mi ser.

Odio tu soberbia, y tu invertebrada costumbre de deslizarte en las sombras. Odio lo sigilosa que eres, al igual que la sonrisa mugrienta que esgrimes cuando aspiras una nueva voz. Odio tu apetito voraz.

Odio que seas la favorita de este titiritero, porque creo que solo los cobardes silencian a sus enemigos. Creo que eso piensan los espíritus libres.

Pero lo peor es que te has acomodado entre el peor tipo de cobardes, los que sólo saben funcionar con jerarquías; esos que creen que todo debe derramar por los costados de la pirámide verde olivo, con título de «directriz».

Odio tu prédica de no resolver los problemas, y esa falsa idea que le vendes a quienes gozan con tu frivolidad de que lo que no se comunica no existe. La odio porque presume la estupidez de los hombres, en especial la de los hombres (y mujeres) que gastan días, semanas y hasta meses buscando una pastilla, una compresa, una ampolla, una inyectadora o un suero que alivie las penas de sus seres queridos.

Me sorprende tu capacidad para pensar que el uso de la firma de Chávez como símbolo de muerte –esa  muerte roja, virulenta y cruel que se extiende como epidemia en toda Venezuela– sea «cruzar una línea», pero que haya gente muriendo porque hay escasez de medicamentos te parezca un daño colateral que hay que asumir en la consolidación de la Robolución. Déjame decirte que me parece inhumano de tu parte, como me parece inmisericorde que no le reconozcas a Chávez su legado. La verdad nunca supe que era tan fanático de Juan Luis Guerra.

También me sorprende que pienses que se puede silenciar a un artista. Olvidas la sed de escenario que tienen los talentosos, que además, suelen nutrirse del jugo amargo de tu mordaza. Que tu terrible secuestro les sirva de inspiración es todo lo que deseo.

Por último, vieja compañera, me queda recordarte que se te agotan los espacios, y que la realidad sigue retumbando en medio del silencio ensordecedor.

Saludos,

A

LA VENTA DE CITGO, PARA QUIEN NO TIENE IDEA

Cualquiera que viva en Venezuela, o siga sus noticias, se habrá dado cuenta de que en estos días parece haber un escándalo por parte de los analistas de fuentes económicas sobre la posible venta de CITGO. Pero la falta de reacción en la “opinión pública”, u opinión en general con respecto a este asunto, me genera angustia y se me hace que solo los que trabajamos en el sector energético estamos haciendo seguimiento al asunto, así que quiero desahogar mi preocupación con ustedes a ver si se las contagio.

Empecemos por el principio: “CITGO Petroleum Corporation” es una empresa filial de PDVSA en EE.UU. que se dedica a la refinación y distribución del petróleo que se produce en Venezuela. Es decir, cuando hablamos de que “los gringos le compran petróleo a Venezuela”, en verdad hablamos –en su mayoría– de petróleo que PDVSA se vende a sí misma para venderles combustible a consumidores finales en los EE.UU.

CITGO tiene participación en seis refinerías en EE. UU.: Lake Charles, en Loisiana; Corpus Christi, en Texas; Lemont, en Illinois, Chalmatte, en Loisiana, Saint Croix, en U.S. Virgin Islands y Sweeny, en Texas. Las tres primeras pertenecen 100 % a PDVSA –a través de CITGO– que suman una capacidad de refinación de 750.000 barriles por día. Las tres segundas son empresas mixtas donde CITGO es socia del 50 % de las acciones; el otro 50 % para cada caso lo poseen los socios ExxonMobil, Hess Corp y ConocoPhillips respectivamente. Juntas agregan una capacidad de refinación que excede el millón de barriles al día (solo contando las acciones de PDVSA).

capacidad de refinacion citgo pdvsa eeuu

 

Además, CITGO posee 48 terminales de distribución en el Sur, Este y Mid-West de los EE. UU., tres oleoductos propios y seis oleoductos en los que tiene participación accionaria. Esa es la manera en la que Venezuela coloca petróleo en el mercado americano, el cual históricamente ha sido el mayor cliente de la empresa nacional venezolana. Aunque esta tendencia haya declinado en los últimos años, aún para 2013 las ventas al mercado estadounidense representaron el mayor ingreso para PDVSA.

Entonces, como podrá ir percibiendo, estimado lector, la venta de CITGO no es cualquier cosa. De hecho, podría uno problematizar al respecto desde varios ángulos. A mí me llaman la atención tres:

1)      Ramírez lo ofrece con desdén

2)      Efecto flujo de caja

3)      Efecto riesgo país

Lo primero es que Rafael Ramírez toma esta decisión sin informarle a nadie. Se está poniendo a la venta un activo de PDVSA, propiedad de todos los venezolanos, sin ningún tipo de consulta. De hecho, la prensa nacional se enteró porque Argus Media, una agencia de investigación y noticias energéticas publicó en su reporte LatAm Energy que el gobierno venezolano había recibido tres ofertas separadas de compra de CITGO a través de Goldman Sachs, JP Morgan y Deutsche Bank. Se vende uno de los activos estratégicos más importantes que tiene Venezuela y aquí no ha pasado nada. Además, lo ofrece con ligereza…  “En el momento en el que tengamos una propuesta que sea conveniente a nuestros intereses, saldremos de CITGO”, ha dicho, estimando que vale “un poco más” de 10.000 millones de dólares. Para colocar una referencia, la deuda que tiene PDVSA hoy en día ronda los 40.000 millones de dólares (y las de la República van por el mismo orden).

Lo segundo es que CITGO es el mecanismo que más divisas le genera a las arcas venezolanas, y demás está decir que es el único esquema sostenible de exportaciones con el que cuenta el país. Se pone a la venta con el cuento del gallo pelón de que lo van a invertir en la Faja para aumentar la producción. Para ilustrar el problema les ofrezco esta joya de gráfico:

metas plan siembra petrolera 2005 2019

Son las promesas que ha hecho el gobierno bolivariano de levantar la producción de petróleo venezolano desde 2005, y que, por supuesto, se siguen haciendo sin éxito alguno. No es por poner en tela de juicio lo que dice el Jeque, ¡perdón!, el ministro Ramírez, pero los números son los números.

Por último, me preocupa con creces que la existencia de CITGO  ha sido harto comentada como la mayor ventaja para la percepción de riesgo sobre el país, lo que afecta sus condiciones financieras en el ámbito internacional. Dado que los activos de CITGO son “embargables”, en el sentido de que no están situados dentro de la frontera venezolana, sirven de garantía a la deuda externa venezolana además de su potencial como productor de petróleo –enfatizo lo de potencial, porque si no se saca no sirve de nada. Tal es así, que en vista del deterioro de las condiciones económicas de Venezuela, pero sobre todo, la posible venta de CITGO, hasta los chinos están empeorando la calificación de riesgo de nuestra patria querida, lo que quiere decir que se encarece nuestra capacidad de endeudamiento externo.

Y ahí, justamente por ahí, parece que vienen las piedras que trae el río. Venezuela enfrenta actualmente un arbitraje (que es como un juicio, pero privado) contra ExxonMobil y ConocoPhillips –sí, los socios de las refinerías que dijimos al principio– en el tribunal de arbitraje del Banco Mundial, CIADI, por un caso de expropiación acá en la Faja. Ayer salió la noticia de que el CIADI ha culminado la fase informativa del caso y que “Se espera que esta instancia de intermediación se pronuncie en forma definitiva por el reclamo de la compañía energética durante el lapso comprendido en los próximos 180 días continuos”.

Es complicado.

Pero así como complicado, es importante, trascendental, para el futuro de Venezuela y parece ser una discusión entre cuatro locos que hablan de petróleo. Mientras tanto, nos hemos distraído con la cortina de humo que supone la bendita tecla del aumento de la gasolina, una cosa que todos sabemos que debe hacerse porque simplemente perdió todo parámetro lógico.

Ya veremos…

La miseria y otras mentiras piadosas

red pillsMe asquea cada vez que alguien sale con el comentario ridículo de que vivimos en el país más feliz del mundo. El más disociado, me gusta pensar.

Por eso recibí con sabor agridulce la noticia de que el Cato Institute había publicado un estudio de Steve Hanke, un Senior Fellow de Johns Hopkins,  sobre un índice mundial de miseria que había arrojado –por mucho– a Venezuela como campeón de la medalla de oro: sin vacilar, la reseña catalogaba a Venezuela como el país más miserable del mundo.

Por instinto reté la teoría, más por costumbre de entender la metodología antes de creer el argumento que otra cosa. El índice utilizado en el artículo era una evolución del índice de miseria de Okun, una suma de la tasa de inflación y la tasa de desempleo de la economía. El índice de Arthur Okun fue completado por Robert Barro, quien le agregó el rendimiento de los bonos soberanos a 30 años y restó el crecimiento anual per cápita del PIB; es decir, el índice mide la combinación de que su dinero pierda valor, la probabilidad de que esté desempleado, que el gobierno le cobre más impuestos o reduzca el gasto fiscal para poder pagar la deuda pública y los cambios en su poder de compra –sí, todo eso se puede sumar porque son tasas expresadas en porcentajes. Desde un punto de vista estrictamente económico, la idea es que mientras más alta la suma (mayor valor del índice), más ha empeorado la situación del ciudadano promedio, lo cual sirve de indicador para medir su nivel de vida; si empeora puede medir su sensación de miseria. El índice es relativo, es decir, compara a las sociedades con su propio pasado y no en términos absolutos, lo cual va muy de la mano de la teoría prospectiva de Kahneman y Tversky, que afirma que el ser humano valora de forma asimétrica las pérdidas y las ganancias. El pago de la pérdida es desproporcionadamente grande y en sentido negativo, con respecto a las ganancias que tienen sentido positivo.

Ok. Entendida la metodología procedí a leer la tabla:

misery index 2013

 

Según el índice, la inflación venezolana durante el 2013 fue tal (el estudio toma en cuenta la subestimación oficial y hace la salvedad sobre las diferencias por devaluación y depreciación del tipo de cambio en el mercado negro) que los venezolanos somos las personas más miserables del mundo, por la simple razón que el deterioro económico del año pasado fue sencillamente masivo. Una sonrisa imperceptible se me derramó hacia el cachete izquierdo.

¡Por supuesto que era cierto! ¿Cómo podía haberlo dudado por un segundo? No tenía que decírmelo Hanke con un índice elaborado, basta con ver la cuenta de la panadería cada dos días, con la factura del automercado y los anuncios matutinos de mi madre para hacernos saber que se acabó tal cosa y que el que vea por favor compre; basta con recordar que no logro comprar ningún activo, que me faltan dedos en la mano para contar a mis amigos que han vivido secuestros, que ni que incluya los dedos de los pies puedo contar a la gente querida que se ha ido y se sigue yendo, hastiada y sin ganas de ver para atrás… basta con leer a Willy McKey que con elegancia literaria nos recuerda cuán jodidos estamos. Y esas son solo las variables observables… ni se hable de la pérdida de libertades, de la frustración y la resignación a la idea de que en Venezuela la respuesta siempre es «No». No hay. No se puede. No me da la gana de hacer el más mínimo esfuerzo. No. No hay diálogo. No me interesa. No se va a resolver a menos que te bajes de esa mula. No. No hay sonrisas ni pa’ un remedio.

Me quedé mirando la pantalla, inmóvil, sintiendo esa pequeña punzada que me da en la muñeca derecha luego de tantas horas frente a la computadora.

«Con razón la gente se convence con la idea de que Venezuela es un país feliz», pensé, «como dice Sabina, ciertos engaños son narcóticos contra el mal de amor»

Del arte de escribir… y otras perturbaciones

¿Siempre fue tan doloroso?

Creo que todos los artistas, de una u otra forma, son personas dañadas. Y a veces el mundo real no es suficiente. Tenemos que explorar un mundo inventado. Admiro a la gente que se contenta con las cosas como son, que viven en el presente y no tienen la carga que parecen tener los artistas. Es una compulsión, como una enfermedad. Si estás enfermo, seguramente debes tomar pastillas; ser escritor es algo parecido: debe lidiar con tu enfermedad sentándote todos los días a escribir.”

Paul Auster

Cuba No.1: Primeras impresiones

141_1r20110519_cuba_bt_0203_editA mí me encanta decir que sí. Sé que suena jocoso, pero es cierto. Siempre que se pueda, le digo que sí a las nuevas oportunidades con la premisa de vida que reza: «¿Qué es lo peor que puede pasar?».

Bueno, en ese plan, adquirí un nuevo ítem en mi To Do List que involucra, por razones muy aburridas para explicar en este espacio, hacerle seguimiento al acontecer cubano –sí, cubano– de modo que con seguridad comenzarán a aparecer pinceladas de reflexiones sobre este tema en mis próximos escritos, así que yo y mi complejo de diva queremos dejar el heads-up posteado por aquí.

Cuba, hasta ahora, ha sido una especie de unicornio azul en mi conciencia; me la imagino como una criatura mitológica que se sostiene contra todo pronóstico, un modelo que destruye valor y se alimenta de libertades, que como buen infierno se mantiene más por maña que por otra cosa. Creo que cualquier aficionado de la política le tiene un morbo peculiar a la idea de Cuba, y yo no soy la excepción. Un lugar capaz de mezclar a Heminway con guaguancó tiene que tener algo especial, por lo que tenía mucha expectativa de hacer el primer acercamiento.

Para mi sorpresa, o mejor dicho, para mi horror, el primer monitoreo a duras penas me sorprendió. Me sentí muy familiarizada con las formas de la revolución. Su lenguaje, su narrativa, su maldito gerundio que solo matiza el estancamiento se me hicieron exageradamente cómodos, la primera lectura fue la más natural de todas. La diagramación, la lógica, la vibra de izquierda latinoamericana trasnochada de los medios de comunicación cubanos se me hicieron demasiado conocidas, y eso me heló la sangre. Era como leer VTV, como escuchar a Bigotes, o a God-given. Era como estar en casa.

Me aterrorizó esa primera impresión: estamos mucho más hundidos de lo que pensamos.

 

Seguirá la investigación.

ROMPECABEZAS TRICOLOR

No debe haber frase más trillada entre los opositores venezolanos que: «por eso es que los chavistas siguen ganando, porque piensan igual, en cambio nosotros no nos ponemos de acuerdo». Y eso, se me hace muy perturbador.

Primero, porque evidencia que la oposición venezolana –que se considera a sí misma demócrata– no entiende que vivimos en un gobierno militar. Puede verificarse con el tren de ministros, gobernadores y demás miembros de la cúpula del alto mando, el que no es militar se viste de y se comporta como. El chavismo habla de «batallas» y «victorias», de «guerra» y de «órdenes» sin ningún pudor; y la simpatía por esa charla desdibuja las líneas entre el liderazgo y la autocracia, al igual que delata que en el imaginario venezolano el militarismo está perfumado de ferormonas.

Segundo, porque demuestra que se sobreestima el tema de la unidad. La MUD no es otra cosa que una coalición electoral, una alianza política entre aquellos que se paran del otro lado de la acera frente al militarismo chavista de ínfulas totalitarias, pero no por ello es un bloque homogéneo y eso está bien ¿por qué lo creo? Porque demuestra la real convicción de democracia moderna: diversa de pensamiento, pero capaz de negociar acuerdos en nombre de la convivencia y el bien común.

La democracia, no la patraña electorera que vivimos, es un sistema que garantiza un marco de respeto para que los que piensan distinto tengan voz y voto en el proceso de hacer gobierno, de tomar decisiones en representación de lo que piensa el pueblo (distinto depuebloh). No es, como ha querido hacer pensar el chavismo, que quien tiene 50% + 1 votos adquiere licencia para hacer y deshacer a su antojo, atropellando por completo a todos los demás.

De ser así, los demócratas no debemos caer en la tentación de pensar que las cosas serían mejores si todos pensáramos igual ¡Para nada! ¡Eso es lo que buscan los regímenes totalitarios! Por eso se uniforman y amalgaman su discurso ¿no lo nota en las declaraciones oficiales? Pareciera –pareciera– que son una masa homogénea, y al que se medio se salga del carril demostrando que ha conectado dos neuronas le sale regaño, porque así funciona el ejército, se hace lo que dice el jefe de más alto rango. Punto. Los demócratas pensamos distinto: cada quien es libre de hacer de su vida un florero si así lo desea siempre y cuando respete las normas de convivencia, pero nadie tiene derecho a decirnos qué pensar y cómo opinar.

Esta discusión la tengo con frecuencia, sobre todo en días tan agitados como los que hemos vivido recientemente, y me gusta plantear el siguiente ejercicio: imagínese que es usted el dictador de turno ¿qué haría?, ¿qué excentricidades se permitiría?, ¿cómo conduciría la economía?, ¿tendría una fachada de elecciones o simplemente se auto-coronaría?

Yo creo que suspendería ese cuento de las elecciones, simplemente porque me parece ineficiente la cantidad de dinero que se gasta en propaganda. También creo que prohibiría la difusión por radio y televisión cualquier tipo de evento deportivo, porque tan sencillo como que me aburren. Quizás, tendría que considerarlo, retiraría cualquier apoyo financiero a la producción de carne de res, cerdo o embutidos, porque como yo no como de eso ¿para qué habrían de ser vendidos? Y la gente alta del país sería deportada, porque como mido un metro cincuenta y cuatro me molesta que la gente sea tan alta. Sí, sería algo en esa nota.

¿Le incomodó alguna de mis políticas? ¿Siente que se vería afectado por alguna de ellas? ¿Cree que su vida sería más infeliz si yo fuese dictadora? Seguramente, porque el ser humano es más feliz cuando tiene la libertad de hacer lo que le place.

Entonces, la crisis política que enfrenta Venezuela no es un tema de si hay chavismo sin Chávez. La crisis política que tenemos en las narices es que tenemos en ejercicio un gobierno que no le interesa (o no es capaz de) escuchar opiniones distintas a la suya, no tiene convicción de democracia, y se enfrentan, como dijo aquella señora con el nudo en su garganta, ideas con balas. No es el mismo lenguaje, no es el mismo sistema, no se juega con las mismas reglas de un lado que del otro.

Estamos estancados en ese equilibrio perverso, donde los militares tienen el poder, y no han querido ni quieren escuchar a los demócratas. Y a la vez, los opositores no aceptan su condición de diversos, enfrascándose en la obsesión de conquistar una «mayoría suficiente», coqueteando quizás con la idea, no de moverse hacia un sistema democrático, sino simplemente de volver a darle vuelta a la tortilla.

Rompecabezas

 

 

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LA HORA MÁS OSCURA: DESTELLOS DE RESILIENCIA

Protestas Altamira Sur

Tengo días haciendo el ejercicio de tratar de recuperar la cordura.

Desde que febrero comenzó a contar sus días, expresiones como «Caracas Muerde» y «La Ciudad de la Furia» se quedaron cortas, en buena parte porque los días son más largos cuando se cuentan en muertos y heridos, arrestos y liberados, barricadas y guarimbas, allanamientos y manifestantes; esa es una cuenta mucho más intensa porque se vive con angustia e indignación. Además, no es uno capaz de ocuparse de sus labores y dejar que los medios de comunicación le hagan el resumen del día cuando la [auto]censura es la norma. Se hace imperativo depender de nuestros timelines en Twitter, que si bien útiles, se caracterizan por un flujo de contenido masivo, lo cual te obliga a verlo hora a hora. Con tanto atropello documentado, el insomnio hizo gala revolcándose en la podredumbre. Como dijo Padrón:febrero fue el mes más largo.

Pero llegado marzo, y aunque no se haya resuelto ninguno de los problemas que llevaron a este estallido, se respira en el ambiente que entramos en otra etapa, y un síntoma de ello es que el círculo de intelectuales comienza ya no a reportar expresiones literarias de lo que sus sentidos captan, ni reseñas históricas con las que hacer paralelismos, sino que empieza a haber análisis y discusión sobre los hechos corrientes. Por ejemplo, la (muy cool) Librería Lugar Comúnaprovechó con espíritu emprendedor sus boletos de primera fila a los enfrentamientos diarios en Altamira Sur y ha estado convocando una serie de charlas con personajes que van desde Julio Coco hasta Margarita López Maya. Este domingo era el turno del Dr. Elías Pino Iturrieta, así que me entusiasmé a ir pensando en hacer un artículo sobre su exposición.

Parte de la experiencia es el proceso de acercase al sitio. Lugar Común está sobre la Av. Luis Roche, casi en la esquina que cruza con la Av. Francisco de Miranda, hoy –y por varias semanas– hot spot para la protesta guarimbera de Caracas. Desde donde se venga, hay que llegarle a pie, y lo primero que se nota son las trazas de furia. Hay una alfombra de tierra y basura que cubre toda la zona, tanto la acera como la calzada. Yo venía desde más arriba, así que caminé por la Plaza Francia. El hedor es imposible de ignorar: flota un incienso que mezcla basura y gasolina ahumada, salpimentado de gas lacrimógeno que se ha impregnado en todo lo que ahí está; los ojos pican ligeramente y hay que caminar con los pármados entrecerrados para protegerlos de la nube de polvo que el viento levanta a su paso. También hay vidrios y clavos regados por todas partes, y alambres rastreros que guindan de postes y árboles. Los cartuchos de las bombas usadas y perdigones se hacen compañía entre latas y hojas secas en las comisuras de las aceras. Y como si fuera poco, las alcantarillas se yerguen como colmillos del mismísimo infierno, cubiertas de inmundicia y óxido, dispuestas a morder a quien se acerque con una buena dosis de veneno de Tétanos. El grafiti –ese genuino hijo de la urbe– ha tatuado el concreto disponible, y pancartas de tela decoran con insolencia los marchitos árboles del sur de la plaza. Es innegable que el desgaste trascendió el alcance de unos hidro-jets y un par de cuñetes de pintura.

Finalmente llegué a la librería, solo para sorprenderme de lo llena que estaba. Nunca había visto una librería tan llena, había gente entre los pasillos, sentada en las sillitas del café de la parte trasera, incluso recostada de las estanterías, todos –como yo– en la comodidad de su pinta dominguera. Reconocí a un amigo de lejos y aproveché mi petit size para escurrirme entre las carteras y los brazos cruzados hasta alcanzarlo, con toda la suerte que este amigo había conseguido el mejor lugar para tomar notas: el counter de la caja. A pesar de la multitud, que pudiese haber despertado mis instintos claustrofóbicos, el olor a libros nuevos y café hizo que me sintiera a gusto. Mientras abría mi cuaderno y probaba que el bolígrafo tuviese tinta vi pasar al Dr. Pino hacia el fondo donde una barba con lentes le presentaría y haría entrega del micrófono. Y con una narrativa exquisita, propia de la gente inteligente que se ha dado a la tarea de leer comenzó su exposición.

Como no tengo ni la elegancia ni la elocuencia del famoso historiador no haré el esfuerzo de repetir lo que dijo, pero les ofrezco una síntesis de pocas líneas:

No es cierto que violencia como la que hemos visto estos días sea una cosa nueva en Venezuela, sólo que nuestro empeño en contar la historia romanceada nos hace miopes para reconocerlo. La historia política de nuestra tierra es una cruel, minada de episodios de desgobierno, de negación de libertades y veneración al tirano. La razón es una: no hay –y nunca ha habido– una convicción republicana amplia de valores liberales en la sociedad venezolana, y en consecuencia, eso de la democracia nos cuesta mucho, así como no parecemos estar dispuestos a morir por ella.

Lo que ha permeado han sido versiones truncadas de la democracia, como la idea de que si hay elecciones califica como tal. No tenemos la convicción de que el trabajo es el camino para el éxito individual, sino que el Estado siempre juega (y debe jugar) un papel importante, no somos estrictos en castigar a quienes incumplen las normas, formales o informales, y ese bochinche dificulta tanto la gobernabilidad como los negocios. Por eso son siempre los estudiantes quienes salen a defender los principios, esos pumas coléricos que actúan con el corazón y los ideales que han sacado de sus libros, que fueron impresos por editoriales foráneas y profesan los modelos liberales de las sociedades de mercado. Y Venezuela no es quite that, pero cuando uno sólo ha estado en un salón de clases y se tiene la cabeza caliente, uno cree que puede llegar a serlo, lo sueña, y se frustra al contrastar con el odioso discurso que sale de Miraflores . Esto da pie para encausar el reclamo de sus libertades, y de carambola la de todos los demás. Y gracias a Dios que es así.

La charla se acabó y caminé de vuelta a casa, y entre pasos me convencí de lo siguiente: febrero fue el despertar de una nueva etapa, de caos indudablemente, de radicalización y tensiones, que sirvió para desenmascarar los finos velos que aún cubrían de pretensiones democráticas a la dictadura que preside Nicolás Maduro, pues como leí de la pluma de Andrés Velasco en estos días, no se juzgan los gobiernos por haber llegado al poder con votos, sino por sus actitudes una vez en ejercicio. Y si el uso desmedido de la fuerza del Estado en contra manifestantes desarmados, el auspicio de grupos armados cuyo pulso no tiembla para disparar a la cabeza de algún idealista que se hallaba protestando, si la negación de la Fiscalía General para respuesta a los asesinatos políticos ocurridos durante las protestas y los allanamientos nocturnos al mejor estilo de la Gestapo no lo han convencido de las intenciones de los herederos de Chávez, nada lo hará. Mucho distan quienes están en el poder de querer promover las libertades individuales y garantizar los derechos de todos sin distingo de preferencias políticas, y hoy más que nunca es evidente para los venezolanos sensatos y para la comunidad internacional, aunque lo segundo poco importa.

Aun así, y aunque la he apoyado, la guarimba localizada ya cumplió su función: poner en evidencia que hay un descontento amplio, y que a la oposición le importa un bledo si es o no mayoría, tiene derecho ser escuchada como interlocutor válido en el terreno político, o de lo contrario seguirá trancado el serrucho, profundizando el modelo de economía en desgobierno. Y la mayor evidencia de la posibilidad de dar espacio a las minorías es que siendo los indígenas menos del 2% de la población del país tienen representación garantizada en todas las instancias de los “poderes públicos”.

Pero la resiliencia del venezolano ha comenzado a actuar. Ya nos acostumbramos al nuevo orden desordenado, ya dejó de sorprendernos. No tengo idea de a dónde irá a parar todo esto, si será el silencio que viene antes del crescendo de una larga y cruenta dictadura post-chavista, o el preludio que acompaña a la hora más oscura antes del amanecer.

«La locura hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados»
Albert Einstein

 

 

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Cabello, el Frank Underwook de Venezuela

El Sr. Daniel Lansberg-Rodríguez escribió este increíble artículo en The Atlantic el día de ayer. Les dejo una traducción al español para que nadie tenga excusas de perdérselo:

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Conozca a Diosdado Cabello: El presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, vicepresidente del Partido Socialista Unido, y despiadado pragmatista por excelencia. Si los productores de House of Cards están pensando expandir su franquicia hacia el sur, deberían conocer al Frank Underwood de Venezuela.

Recientemente, la crisis política de Venezuela –protestas masivas en respuesta a una economía en declive, escasez desenfrenada, elevadas tasas de criminalidad, y polarización ideológica– ha sido principalmente reseñada en la prensa internacional como una lucha entre un gobierno monolítico y el asediado remanente de la clase media tradicional. Pero esta narrativa es superficial; muchas tramas, tanto personales como sociales, están andando por detrás de lo evidente. Y estas incluyen un amargo enfrentamiento entre el sucesor de Hugo Chávez  y su casi-sucesor para el alma de su partido y para el futuro del país.

Para una de las partes de este conflicto, el Presidente Nicolás Maduro, la tensión que se vive en Venezuela ha sido profundamente dañina. Está en el ojo del huracán  por demostrar su dependencia del uso de la violencia para lidiar con manifestantes desarmados, que ha dejado 18 (hoy 20) personas muertas. En alocuciones públicas, se le ve cada vez más cansado y angustiado.

Para la otra parte, Cabello, la turbulencia ha sido emocionante. De repente está en todos lados. Cuando emiten la orden de captura del popular líder de la oposición Leopoldo López, fue el mismo Cabello quien negoció su entrega con la familia. Más tarde, durante el arresto –un episodio absurdo en el que López se entrega en medio de una protesta masiva– fue Cabello quien se apareció a escoltarlo a la cárcel (a pesar de no tener ninguna autoridad judicial o policial), para presuntamente para “asegurar su seguridad”. Poco después,  cuando las fuerzas armadas se enfrentan a Ángel Vivas, un general retirado que puso barricadas alrededor de su casa desafiando una orden de arresto, fue Cabello –no Maduro– quien jugó el rol más dramático al momento de la confrontación por parte de la tolda oficial.

Lo que es más, pocos días después de que López llamó a la gente a protestar, los medios de comunicación oficiales anunciaron que Cabello estrenaría su propio show de televisión semanal. El primer episodio se caracterizó por una visita “sorpresa” de Maduro y un video musical de su hija, Daniella Cabello, en el que dedica una ballada al fallecido Chávez. El video se hizo viral entre los oficialistas, y Daniella ha salido en prensa por “perdonar” a un joven opositor que la mencionó en un tuit amenazante.

En otras palabras, mientras Venezuela vive el primer aniversario de la muerte de Chávez, la pelea entre Cabello y Maduro se hace más fuerte. Y Cabello parece estar ganando.

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Diosdado Cabello comenzó su Carrera política como uno de los “camaradas en armas” más jóvenes de Chávez en el ejército, durante la intentona de golpe de Estado a Carlos Andrés Pérez en 1992. La conspitación fue frustrada, y Cabello fue brevemente encarcelado por su participación. Después de ser liberado, colaboró con Chávez durante su campaña presidencial en 1998, y fue prontamente elegido por su rudeza y eficiencia.

Su trayectoria política ha sido notoria tanto por su duración (Chávez era rápido para poner de lado a sus potenciales rivales) como por su variedad. Ha ocupado cargos como ministro de planificación, de  interior y justicia, de obras públicas y de vivienda, así como gobernador del estado Miranda, presidente de CONATEL, y jefe de campaña presidencial de Chávez. Luego del colapso del golpe sin sangre de 2002 que brevemente sacó a Chávez del poder, Cabello, entonces vicepresidente, incluso asumió la presidencia –una toma efímera que apenas duró unas pocas horas hasta que el mismo Chávez pudiese ser localizado y así reestablecido el orden constitucional (o al menos lo que en Venezuela pasa por serlo). Diez años después, con Chávez enfermo, muchos sospechaban que Diosdado sería ungido como su heredero, pero terminó siendo el ahora presidente, Nicolás Maduro.

Hoy, como cabeza de la asamblea legislativa unicameral dominada por los socialistas, Cabello, de 50 años, domina su feudo con una eficiencia brutal. A pesar del encarnado afán que le pone Kevin Spacey a su personaje, Cabello con frecuencia hace un mejor papel. Bajo su cargo, se ha hecho una costumbre en la Asamblea Nacional ignorar por completo las reglas constitucionales –muchas veces evitando que los parlamentarios opositores hablen en las sesiones, suspendiendo sus salarios, retirando la inmunidad parlamentaria de diputados problemáticos, y, una que otra vez, incluso siendo testigo de violencia física hacia los parlamentarios opositores durante la sesión.

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En una region donde el charisma reina, Cabello es una rareza. Este no amasa su influencia como hipnotizador de multitudes, sino como maestro de la manipulación de aquellos que lo rodean. Ingeniosamente se apalanca con su posición y sus alianzas, destruye sin piedad a sus enemigos, recompensa generosamente a sus amigos, e incluso contribuye a rellenar puestos oficiales con miembros de su propia familia. Su esposa es miembro de la Asamblea Naciona, su hermano está a cargo del SENIAT, y su hermana es delegada ante las Naciones Unidas.

En estos días, Cabello ha logrado influir de manera importante sobre miembros clave de la sociedad como grandes empresarios y las fuerzas armadas, donde 36 generales pertenecen a la promoción de Cabello de la Academia Militar. Se rumora que los hilos de Cabello incluso se extienden a terrenos más oscuros, incluyendo presuntos lazos con organizaciones narco-traficantes y criminales. Un comunicado de la Embajada de los EEUU publicado en Wikileaks en 2009 calificaba a Cabello como un “polo mayúsculo” de corrupción dentro del régimen, describiéndolo como alguien que “estaba acumulando poder y control sobre el aparato del régimen, a menudo a través de la intimidación detrás de cámaras”. El comunicado también especulaba que “el mismo Chávez pudiese estar preocupado de no poder controlar el creciente poder que acumulaba Cabello”.

Esta estrategia no carece de desventajas. Cabello es personalmente despreciado por opositores del régimen, quienes lo ven como un mafioso intimidador, así como también muchos ciudadanos afectos al régimen desconfían de él, pues lo ven como corrupto, oportunista, demasiado ambicioso y no suficientemente dedicado a los principios del PSUV.

Y al igual que Frank Underwood, Cabello es excelente para conseguir que lo coloquen en puestos altos pero poco habilidoso en las urnas. En 2008 –a pesar de disfrutar del vasto respaldo financiero y logístico del gobierno, y el apoyo tácito de las muy parcializadas  autoridades electorales de Venezuela– perdió su reelección a la gobernación del estado Miranda, el segundo más poblado del país, contra Henrique Capriles, quien eventualmente retaría al mismísimo Chávez en la contienda electoral por la presidencia en el 2012.

La influencia de Cabello está formada de dos facciones políticas divergentes dentro del partido de gobierno de Venezuela: la pragmática y la ideológica. La primera, tipificada por Cabello mismo, es el clásico movimiento populista latinoamericano: nacionalista, corrupto y banal. La segunda, busca la revolución internacional y la transformación de la sociedad latinoamericana. A través de la petro-diplomacia, la última ha buscado convertir a la Venezuela socialista en una fuerza regional y de incidencia geopolítica global, usando fondos estatales para mantener relaciones clientelares con regímenes como Bolivia, Cuba, Ecuador y Nicaragua. Sus miembros supuestamente han trabajado para influir elecciones tan lejos como México, y a su vez han fortalecido lazos con países como Irán y Rusia.

En el cénit de su poderío, Chávez era capaz de manejar ambas facciones por medio de su poderosa personalidad. Antes de su muerte, sin embargo, le dejó su legado al campo ideológico. Cuando su salud comenzó a fallar, la influencia cubana sobre el gobierno venezolano creció, y el régimen de la Habana –con una economía altamente dependiente  la generosidad venezolana en forma de petróleo subsidiado y otras asistencias– insistió fuertemente en que  Maduro, un idealista de fuertes alzos con los Castro, fuese el sucesor. El diagnóstico del cáncer de Chávez también llegó en un momento en el que la influencia de Cabello parecía estar menguando. Viejas acusaciones de corrupción resurgieron, y algunos de sus aliados debieron ser eliminados. Este distanciamiento tuvo su pico en 201 2 cuando Chávez, durante una cadena, recomendó inesperadamente a Cabello que se lanzara a la candidatura del remoto estado Monagas. Aunque Cabello fuese originalmente de ahí, la propuesta anunciaba el exilio político. Cabello objetó.

Luego de la muerte de Chávez, y la consagración de Maduro como su heredero, la Constitución dejaba discutiblemente  a Cabello, como jefe de la Asamblea, como presidente encargado hasta que las elecciones pudiesen ser llevadas a cabo. Aun así, Maduro logró convencer a las autoridades relevantes de simplemente ignorar esta previsión, permitiéndole pasar al cargo (como presidente encargado) frustrándole a Cabello otra presidencia truncada.

A pesar de que los dos hombres se han dado apoyo públicamente desde entonces, la relación puede ser más tensa de lo que aparenta. En abril de 2013, luego de que Maduro ganara estrechamente las elecciones presidenciales contra Capriles, Cabello tuiteó a sus más de 1 millón de seguidores que el gobierno debía hacer una “profunda reflexión” sobre por qué había obtenido resultados tan pobres en relación a la elección anterior de Chávez. Como esta había tenido lugar unos pocos meses atrás (escasos 8 meses), la implicación detrás del mensaje de Cabello fue claro: Maduro es un lastre.

Información filtrada ha sugerido evidencia de una rivalidad interminable. En mayo del 2013, la oposición misteriosamente obtuvo unas grabaciones de Mario Silva, popular ideólogo y anfitrión de televisión pro-gobierno, discutiendo con un miembro de alto rango de la policía secreta de Cuba sobre asuntos internos del régimen. En el audio, Cabello, a quien Silva se refiere como un “gran hijo de puta”, fue pintado como hambriento de  poder, cleptómano mafioso, y constante pero inamovible espina que fastidia a Maduro

En público, el gobierno trató de desacreditar las grabaciones como acusándolas de ser ataques de la CIA, mas Silva fue rápidamente retirado del aire. Cabello salió del escándalo relativamente ileso y pronto apareció al lado de Maduro en la televisora estatal, luciendo intocable y haciendo que muchos venezolanos se preguntaran si él mismo había orquestado la filtración.

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Y mientras Venezuela entra en su cuarta semana de protestas, el objetivo de la ofensiva de Cabello se mantiene difuso. Líderes de la oposición ha expresado su preocupación de que, ante una posible salida de Maduro, se corre el riesgo de que Cabello asuma el poder. Aunque inverosímil, la presidencia de Cabello requeriría de una elección nacional, a menos que se suspenda por completo la Constitución del país. Y las elecciones no han sido nunca el fuerte de Cabello.

Pero es major no pensar mucho en el asunto. Distinto de Frank Underwood, su contraparte Netflixana, el fin de Cabello puede no ser la presidencia misma. Es, por otro lado,  el poder con impunidad lo que busca. Si maduro cae, es difícil imaginar un escenario en el que Cabello no juegue un rol integral en decidir quién le sucede. Con una paca lo suficientemente alta, puede que a Diosdado no le importe mucho quién es el rey –mientras él siga siendo el as.