Divagaciones sobre la crisis carcelaria: una reflexión

Por Amanda Quintero (@amandaisabel87)

Comienzo por confesar que no me siento cómoda con este tema, que no estoy instruida en nada referente a los procesos penales, y que mi relación más cercana con una cárcel fue la película El Profeta, protagonista del Euroscopio del año pasado.

Muchos días han pasado desde que comenzó la revuelta de El Rodeo y continúan apareciendo titulares, y vaya que es difícil mantenerse en la noticia venezolana por tanto tiempo; en mi vida consciente sólo sé de un ser –ausente últimamente- que lo ha logrado; pero no me voy a ir por ese camino.

La razón verdadera que me lleva a escribir en esta oportunidad es desahogar esta terrible pugna conmigo misma que he tenido desde que comenzaron las noticias sobre los reos. «Que la Guardia entró y les cayó a plomo… que los van a trasladar… ¿viste el video de las cavas?…que ahora hay huelga de hambre en las cárceles por todo el país» En fin, cada día hay más detalle, más anécdotas y más morbo –sí, morbo- alrededor de este sub-mundo en el que se han convertido las cárceles venezolanas ¿Y qué pensar?

Por un lado mi “ciudadano racional interno”, defensor de los Derechos Humanos, se compadece con la protesta de que viven en condiciones deplorables. Ese “ciudadano interno” se horroriza con saber que los presos viven hacinados -4000 en un plantel para 600-, que hay infinidad de detenidos sin ser debidamente procesados, se horroriza de saber que no hay separación por delitos y que el ratero se junta con el violador, con el estafador, con el jefe de secuestros, con el que mató a alguien en un choque y se gesta una universidad del crimen sin precedentes. Esa parte de mí quiere que se haga justicia, quiere un gobierno que construya pabellones adecuados y que haga valer su compromiso con esa Declaración Universal que firmó hace ya tantos años y que parece haber olvidado. Es esta parte de mi formación ex-munera y freakonomist, que se indignó en octubre pasado cuando leyó que mágicamente el número de internos reportados por el Presupuesto Nacional había aumentado de 27.862 en 2010 a 47.000 en 2011,  a la par de una disminución del 35% de los recursos destinados al fortalecimiento del sistema penitenciario; esa parte de mi sabía que habría un show carcelario este año.

Pero también está otro lado de mí, uno mucho más fascista y positivo, en el sentido pragmático, uno que ya está cansado de los robos frecuentes, del miedo en cada esquina, de los secuestros y de la violencia. Ese lado, del que no me enorgullezco pero tampoco puedo negar, susurra en mi oído « ¿y qué importa?» cada vez que se entera de otra muerte. Este lado de mí se ríe burlescamente de las madres de los reos que hablan de «humanizar las cárceles porque esos son hijos de uno y padres de familia», asegurando «por lo que más se quiera» que esos son unos buenos muchachos y que por cosas de la vida llegaron ahí y no merecen ese trato, y piensa « ¡Qué cojones tiene ésta!» mientras recuerda y revive tantos cuentos de inseguridad en este país. Ese lado de mí tiene un sabor amargo en la boca, ferroso, caliente.

¿Y qué pensar? ¿Por cuál me decido? He buscado leer y sólo he conseguido periodistas, esos mismos que día a día satanizan al gobierno por su mala política de seguridad ciudadana, colaborando con la victimización de los reos, de sus madres y de toda la situación. No se puede ser tan falso.

¿Aprobar la pena de muerte y resolver todo esto de una buena vez? … ¡Ojo! Abrir esa puerta significa salirse de una vez por todas de los tratados de Derechos Humanos, y ese camino es muy escabroso y tiene muchos matices. Por ahí tampoco es.

Intuyo que la forma de llegar al fondo de esto es quitarse los emocionalismos, actuar para velar por el cumplimiento del derecho a una vida digna para todos los ciudadanos, y subrayo «todos», pues eso quiere decir que se crea bienestar para los libres y los privados de libertad. Después de todo, una de las cosas que le ha permitido a la humanidad seguir adelante después de la Segunda Guerra Mundial ha sido el poder brindar un proceso justo para todo el mundo; no por hippismo, como muchos creerían, sino para asegurar que en el momento que seamos nosotros los que pidamos justicia también se nos haga valer.

A la memoria de Hitler.

Dicen que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones

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Extracto de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

Para ellos

Artículo 5

Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes

Artículo 8

Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley.

Artículo 10

Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal

Artículo 11

  1. Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.
  2. Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito

Para mí

Artículo 3

Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

Artículo 17

  1. Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente.
  2. Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad

Artículo 28

Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos

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Un comentario en “Divagaciones sobre la crisis carcelaria: una reflexión

  1. Creo que tu post refleja el sentimiento de muchos venezolanos, especialmente aquellos que siguen siendo críticos y relativamente objetivos. Me han robado 4 veces este año escolar y la verdad es que me indigna la impunidad galopante. Me parece que una de las razones de que esa impunidad existe es que no hay donde meter tanto malandro y que, probablemente, los “pranes” estén más cómodos y seguros en una cárcel que ellos controlan que en la calle.

    Definitivamente es acertada tu frase de que es una universidad del crimen. Se necesita una reforma urgente al sistema penitenciario, pero debe ser mucho más profundo y también a todo el aparato judicial del país. ¿Qué tipo de ejemplos de justicia son los que se dan con el caso Simonovis – Richard Peñalver? Evidentemente, no hay coherencia en las políticas…

    P.D.: buen post!

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