¿Artistas de corazón? Sí, hay

Por Amanda Quintero (@amandaisabel87)

Este artículo fue publicado en el “Blog Planta Baja, porque todo comienza por el derecho a elegir”, en 2009

Entre telas de colores, máscaras y lentejuelas Leonardo practica sus actos y malabares mientras deja colar un oloroso café. Las paredes están llenas de firmas, dibujos, ideas; hay mesas con pelotas, sombreros y zancos. Hay instrumentos de música y una silla anaranjada en una esquina. Se ven anaqueles de libros viejos, otros no tan viejos y una prominente bandera cubana rompe con la bohemia del ambiente. Al fondo se escucha una radio lejana que se mezcla con el ruido de la universidad. Es un carnaval para los sentidos, es la Escuela de Zanqueros de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Primero practica con tres pelotas, ahora cuatro;  es impresionante la rapidez con que lo hace. Lleva puesto un sombrero de tela negra y una camisa roja rojita que grita los ideales de quien realmente cree en la construcción de la paz mundial.

Se hacen las diez, es hora de ir al ensayo. Leo trabaja con el grupo de teatro y títeres Cantalicio de la UCV, quienes están presentando “El Brillo del Sol en el Agua”. Según los chicos que trabajan como guías en el Aula Magna, asistir a un show en ese lugar es ver que el espectáculo toma vida, “la sala está diseñada para que el evento se proyecte solo. Estar ahí te eriza la piel” confiesa el chico de lentes. Leonardo, por otra parte siente que éste no es su ambiente favorito, pues la interacción con el público es impersonal. Sin embargo disfruta como nadie las risas de los niños.

Son las dos, hora de cambiarse. Leo es un artista de corazón. Trabaja en el boulevard de Sabana Grande, donde hace de payaso, zanquero y malabarista. Este es su lugar favorito, tiene vida, música y variedad. Vive con la convicción de que ahí lleva alegría a la vida de la gente, con la intensión de crear consciencia en la sociedad del trabajo del poeta, del artista, del cantante. Dice que es un trabajo para el alma y que le gusta hacerlo en lugares populares para llegar a ambientes diferentes. “En este país siempre se entretiene a la misma gente -los que tienen dinero- ¿y los otros 3/4? ¿no merecen entretenimiento?”. Ahí siente que interactua con la gente, es un momento mágico para él y para el espectador.

Terminó el trabajo, hora de cambiarse de nuevo. Se apresura al metro que lo dejará en la Plaza de Toros en el Centro Endógeno Artístico de Nuevo Circo. Ahí dicta, con ayuda de un Consejo Comunal, un taller de música abierto al público general, nadie paga, nadie cobra. Es un intento de la comunidad para motivar a la gente a explorar otros ambientes, para promover el arte y alejar a los chamos de las drogas. Luego van y se presentan en las comunidades.

No habla como revolucionario, no usa un lenguaje de agresión, pero sí con un

a sonrisa y expresión de quien cree en lo dice confiesa que “este gobierno piensa mucho en la inclusión social, el que vive en el barrio también tiene derecho a entretenerse. Definitivamente se están abriendo puertas”.


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