Agua, fuente de vida

Por Amanda Quintero (@amandaisabel87)

Este artículo fue publicado en el “Blog Planta Baja, porque todo comienza por el derecho a elegir”, en 2009

«Aquí nadie va a pagar por servicio de aire potable, ¡de esas tuberías lo único que salen son telarañas!» respondió Robert Salazar a la junta directiva de Hidro Caribe, empresa encargada del suministro de agua potable y aguas servidas de los estados Sucre, Nueva Esparta y Anzoátegui, mientras discutían por qué los vecinos de la comunidad Nuevo Mundo, Cumaná hace años que no pagan los recibos de agua: «En mis diecinueve años nunca he visto correr agua constantemente en nuestra comunidad, pero ¡dos meses sin suministro es un abuso!».

Robert solía ser un joven más en su comunidad, uno entre el tropel de pequeños que correteaba por la cuadra sin más preocupación que los eventos cotidianos que el día a día nos trae. Él, como cualquiera, hubiese preferido tener una vida cómoda, sin preocupaciones en la que se pudiese ocupar de sí mismo y sus intereses, sin embargo ese parece no ser el mundo en que vivimos, y mucho menos en el país que nos tocó.

En Venezuela, uno de los países más ricos en fuentes de agua dulce en las Américas, el suministro de agua potable no es una realidad para todos. Es verdad que Venezuela pregona ser líder en el cumplimiento del decenio internacional de El Agua Fuente de Vida, que 91,7% de los hogares venezolanos tienen acceso a agua potable a través de conexiones domiciliarias, que nuestro gobierno ha propuesto el acceso a agua potable como un derecho humano en foros internacionales y que según Hidroven -consorcio de empresas hidrológicas venezolanas- el agua es un derecho soberano e inalienable, pero todo esto se ha quedado en papeles, engabetado en las oficinas y en las conciencias de quienes están a cargo.

Tomamemos como ejemplo la Parroquia Santa Inés, Edo. Sucre, que desde su fundación tiene la infraestructura que permite el acceso a tomas de agua potable. Sin embargo, el hecho de que la tubería llegue a tu casa no te garantiza el apropiado y constante suministro de este recurso vital, ese que ningún ser sobre la tierra podría darse el lujo de dejar de lado. Robert, tampoco lo hizo.

Hacía dos meses que no caía una gota del teatral grifo, que por si acaso llega el agua se encontraba abierto día y noche. Decidió que era suficiente, no toleraba un día más de indiferencia para con ellos, de negligencia institucional, de mentiras de oficinistas amargados que prometían ver qué podían hacer por su caso. Organizó a algunos vecinos y se fueron a protestar a la sede de la hidrológica: «ya no era yo solo, éramos todos unidos contra el problema del agua». La respuesta siguió orbitando la indiferencia típica de las instituciones venezolanas, donde quien te atiende cree –con una convicción surreal- que te está haciendo un favor en lugar de prestándote un servicio. No se quedó con esa, esto debía llegar a una solución. Habló con sus vecinos otra vez, ahora se presentó la comunidad en pleno a las puertas de Hidro Caribe: cauchos quemados, medios locales, Robert encadenado al portón, esta vez tendrían que escuchar sus reclamos.

Con tal matriz de opinión presente, el escándalo público atentaba contra la socialista empresa que debe velar por el bien de las comunidades a quienes sirve. Entonces entablaron una Mesa Técnica de Agua, para establecer acuerdos sobre cómo solventar el asunto de la gente, con el compromiso de que una vez que el servicio se normalizara los ciudadanos se comprometerían a cancelar sus recibos de agua. Ahora cubren el abastecimiento con camiones cisterna como medida temporal, y tienen un proyecto montado para solucionar el problema de manera sostenible, aumentando el caudal de la afluencia en las tuberías. Robert dice que no les cree del todo, y que por eso sigue yendo semanalmente a las oficinas de Hidro Caribe para hacerle seguimiento. Por ahora el proyecto está en estudio.

Nuestro joven amigo decidió no ser uno más del montón, romper con la apatía y ser un factor de cambio positivo para su entorno. Ahora, además de hacerle seguimiento al proyecto del agua en su comunidad se encarga de hacer, con ayuda de los moradores de la zona, actividades culturales dirigidas a los pequeños de la vecindad. Él cree que «sembrando cultura se consiguen progresos. Ya la transformación empezó … ahora nos queda sembrar semillas para que futuras generaciones puedan disfrutar de los frutos del verdadero cambio»

Datos:

Meta del milenio nº 7 .C dice que los Estados deberán garantizar servicio de agua potable a sus ciudadanos

91,7 % de venezolanos tienen acceso a agua potable, 67,

Reporte sobre estado del agua en Venezuela http://www.iniciativamercosur.org/agua_ve.pdf

Abastecimiento en Vzla por tipos http://www.sisov.mpd.gob.ve/indicadores/VI0200000000000/

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