El Metrocable, una opción diferente

Por Amanda Quintero (@amandaisabel87)

Este artículo fue publicado en el “Blog Planta Baja, porque todo comienza por el derecho a elegir”, en 2010

Tenía más de un año viéndolo circular de arriba a abajo y por el borde de la montaña. Sus pequeños vagones rojos me recordaban a los de Ávila Magica -o Warairarepano, como se llame-. Todo el mundo lo creía inaugurado, pero en realidad el Metrocable de San Agustín abrió sus puertas  el pasado 20 de enero.

Decidí ir a conocerlo. Al llegar a la primera estación, Parque Central, encontré la boletería cerrada. Le pregunté a un funcionario por la venta de tíquets y me contestó que «está gratis los primeros tres meses… así dijo el Presidente».

Pasé como Pedro por su casa y subí al andén. Entran máximo ocho personas por vagón: seis sentadas y dos de pie. Lo primero que me impresionó fue lo rápido que va: tarda dos minutos en llegar a la siguiente estación, Hornos de Cal.

Me bajé a curiosear; confieso que estaba un poco asustada. Sin embargo la experiencia fue bastante grata. El lugar es muy bonito y hay un ambiente familiar. Todos los trabajadores del Metrocable son de la comunidad de manera que quienes van en las cabinas les sonríen, los saludan y algunos hasta se bajan a conversar.

Le pregunté a varios usuarios si estaban contentos con la nueva obra, todos coincidieron en que es una maravilla. Una señora me dijo: imagínate, antes tardaba entre cuarenta y cinco y cincuenta minutos para bajar en  jeep, ahora camino cinco minutos y en dos más ya estoy abajo»

Definitivamente es un buen servicio que incrementa la calidad de vida de la gente de  San Agustín. Es una nueva opción de transporte para muchos y una opción de trabajo para otros.

Para mí es incluso una opción de esparcimiento con potencial turístico. Es un paseo diferente y entretenido porque se ve casi completo el valle de Caracas. El recorrido ida y vuelta -sin bajarse del vagón- dura alrededor de media hora.

Además, para quien nunca ha subido al barrio es un buen primer acercamiento. Desde el aire se ven los techos de zinc cubiertos de ropita de bebé al sol, los niños volando papagayos de bolsas y los tobos de agua. Tampoco se puede pasar desapercibido la cantidad abrumadora de antenas de Directv, contrastantes con la humildad que las rodea.

Aplaudo este tipo de iniciativas, porque para eso tiene el venezolano derecho a elegir gobernantes, para que inviertan en proyectos que hagan su vida mejor.

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