El interminable tema del aumento del pasaje

Por Amanda Quintero (@amandaisabel87)

Este artículo fue publicado en el “Blog Planta Baja, porque todo comienza por el derecho a elegir”, en 2010

¿Recuerda usted un tiempo cuando no se escuchara a los transportistas urbanos pedir un  aumento en el pasaje?

Desde el hito que marcó El Caracazo en la manera de hacer política en Venezuela, el tema del aumento del pasaje es sagrado. Entonces, el aumento brusco del precio de la gasolina en un 100% y del transporte público en 30% trajo consigo los disturbios más salvajes de nuestra historia contemporánea, y para algunos acarreó el más alto costo político para un presidente: el golpe de Estado.

Hoy, de nuevo, los transportistas reclaman un incremento en el pasaje. La mayoría pide un 100%.

Beto Zambrano, socio de la Asoc. Civil Casalta Chacaito cuenta que tienen seis años en negociaciones con las entidades gubernamentales sin llegar a acuerdos. Comenta que «ellos aumentan lo que les conviene sin escuchar nuestras propuestas. Se han presentado buenas ideas para mejorar la situación del transporte público, como Pico y Placa, pero como no vienen del gobierno central no se oyen».

Comenta que los de costos su empresa han incrementado de manera tal, que sin un aumento en el precio serán insostenibles, «la devaluación y la inflación nos están pegando. Imagínate, en noviembre un caucho costaba Bs. 396, hoy cuesta 592 y hay que cambiarlos cada 6 meses. También el cambio de aceite costaba Bs. 690 y hoy sale en 1050 y eso se hace cada mes».

Jaime Hernández, usuario, piensa que estaría de acuerdo con un aumento de hasta Bs. 2, pero que le parece que «un aumento del 100% es un abuso. Cada año piden aumento para mejorar el transporte y nunca cumplen». Sin embargo el aumento del pasaje nunca se indexa a la inflación.

José Vivas, conductor y dueño, dice que «el aumento no es una opción. Todo está subiendo: repuestos, comida ¿creen que van a aumentar el sueldo mínimo y no van a subir el pasaje? No es justo».

Una vez más se evidencia el dilema de quién es el ciudadano. El pasajero que por su parte necesita de un sistema de transporte público de calidad y a bajo costo, o el transportista presta un servicio al público, pero además sostiene a su familia con los beneficios de la empresa.

¿Cuál derecho a elegir es más importante?

¿Poder elegir un tranporte público digno o elegir cómo generar ingresos?

Dicen por ahí que la felicidad de un país es la suma de las felicidades de sus individuos.

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