Hugo el Rojo y el Mercantilismo del Siglo XXI

Por Amanda Quintero (@amandaisabel87)

Este artículo fue publicado en el “Blog Planta Baja, porque todo comienza por el derecho a elegir”, en 2010

 

Venépolis, así solía llamarse la tierra ahora conocida como «el país de Hugo el Rojo» donde al son del «exprópiese» se perdió poco a poco el sentido de propiedad.

En Venépolis, antes de que apareciera el Mercantilismo del Siglo XXI – aunque nadie entendía el XXI pues parecía XIX los venepolenses solían elegir qué comprar y qué leer, en qué trabajar e incluso la gente podía osar a encender luces cuando quería.

Antes, no existía eso de «otra vez no hay leche, bueno compraré yogur» o aquello de «señora, no se puede llevar tres pollos, son sólo dos por persona ¿no ve que ahora Venépolis es otra?». Y era así porque El Rojo no intervenía en la economía. Paulatinamente se fueron regulando los precios, se fueron regulando las compras, se fue regulando la vida.

En aquellos días, cuando Venépolis era otra, la gente tenía distintas opciones de información; las cajas fónicas, los papiros y los teátros de pantalla podían decir lo que quisieran sin miedo a que los cerraran o intervinieran. Incluso la gente mandaba a través de los canarios azules mensajes lo que les saliera del corazón a la pluma, porque no creían en ataduras. Y era así porque los Mercantilistas apoyan a los Estados dominantes. Lentamente se fueron censurando las palabras, se fueron censurando los espacios, se fueron censurando las ideas.

En aquel entonces, el venepolense podía elegir ser comerciante sin ser satanizado, ser juez sin ser graduado de la Universidad Carmesí de Venépolis, nadie tenía que estar inscrito en El Partido para trabajar para el gobierno. Y era así porque en el Mercantilismo sólo se favorece al amigo, al aliado. Gradualmente se fue excluyendo a la iniciativa privada, se fue excluyendo al independiente, se fue excluyendo al disidente.

En esa época, la gente prendía velas como mejor le parecía y a la hora que las necesitaba, se bañaba con agua caliente y no precisamente con totuma. Pero se fueron cercenando los servicios, se fue cercenando las opciones, se fue cercenando la calidad de vida. La gente era libre.

Fue así como el venepolense se quedó de brazos cruzados, encerrado en medio metro cuadrado disponible para «elegir», sin opciones porque todo lo acaparó el Estado. Y es de amplio conocimiento que el en la era del Mercantilismo del Siglo XXI el Estado es El Rojo.

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