Las aceras de Sucre, un buen camino

Soy inmigrante en este municipio, no crecí acá y no conozco su trayectoria política, pero un testigo es lienzo irrevocable de la historia urbana que aquí se ha vivido: sus aceras.

Las aceras de Sucre me cuentan de su descuido, de su envejecimiento natural producto de tantos años de servicio. Cada día, en mi caminata a algún destino, me enseñan sus incontables arrugas, surcos grandes y pequeños causados por el inclemente sol tropical; esas arrugas que ya son más evidentes que el rostro que algún día ellas portaron en su juventud.

Me cuentan de su desgaste, y me dejan ver sus parches de piedra viva, pues la lluvia ha ido lavando su cara y desvaneciendo su forma, y se avergüenzan. Cada día me muestran su infinidad variopinta de parches, evidencia de que cada gestión fue tapando el hueco urgente y no la erosión sistemática.

Las aceras de Sucre hablan de que tiraron la toalla en la lucha contra las raíces de los árboles, y ahora las exhiben sin mayor preocupación. Incluso se sonríen con los troncos que crecieron cuadrados en la base, y añoran aquellos años cuando tenían fuerza para contenerlos.

Ellas predican que en una época, tan lejana que sus recuerdos se hacen difusos, cada alcantarilla tenía una tapa. En aquellos días, me dicen, sus narices se erigían altas por encima del pavimento asfaltado quien era apenas un tripón, pero él siguió creciendo con cada campaña electoral y ellas se fueron quedando en el olvido. Se encogieron.

Con buen humor, las aceras de Sucre me cuentan que antes su entretenimiento era ver los niños correr a toda velocidad. Ahora su parte favorita del día son las divas entaconadas que se enganchan cada tres pasos y las viejitas que se tropiezan arrastrando el carrito del mercado…«la vejez viene acompañada de un toque de cinismo, mija».

Me susurran que están sorprendidas porque pensaban que, habiendo crecido en estas calles el actual alcalde, finalmente les harían el añorado make-over por el que tanto han esperado, y con el que aún fantasean«Pero qué va, chica, los muchachos crecen y se olvidan de una».

Y aun así las aceras de Sucre hacen su mejor esfuerzo cada día para que los cientos, quizá miles, de ciudadanos que caminan por ellas lleguen a sus respectivos destinos lo más rápido posible, los escuchan cuando creen que están hablando solos y sin saberlo los aconsejan. Las aceras de Sucre siguen soñando con el día en que recuperen el nombre de «Buen Camino».

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2 comentarios en “Las aceras de Sucre, un buen camino

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