Pre-campañeando en un país disociado

Lo primero que tengo que decir es que no milito en ningún partido, ni colaboro con ningún comando de campaña.
Se acercan las primarias y la pre-campaña ha levantado un clima de expectativas de cambio sumamente intoxicante, se respira en cada esquina, se percibe en cada rostro. Para bien o para mal viene otra etapa.

Y aun así se me enfrían los pies al darme cuenta de que continuamos en el «país archipiélago» de Pino Iturrieta, que tantos años de una línea política que ha derrumbado paradigmas como el velo que cubría a los cerros llenos de casitas de bloque sin friso sus problemas. Un aplauso por eso.

Más aun, la conciencia de país en su sentido amplio pasó una vez más por debajo de la mesa, como nuestros años de geografía económica y general de Venezuela en el colegio; son incontables las veces que la gente me ha preguntado si Guayana no es otro país.

Soy de Puerto Ordaz y tengo familia en varias ciudades (fuera de Caracas) y cada vez que he viajado en los últimos años me llevo la misma impresión: mucha de la gente que vive en Caracas habla en nombre de una «Venezuela» que no conoce.

Políticos, empresarios, medios y ciudadanos de a pie hablan de «la realidad venezolana» y «del venezolano» que si bien se tiñe de verdades generalizadas -como la pérdida de libertades, la inseguridad y la inflación- en otros aspectos más folkló-culturales, esos que dan pie a las percepciones y las expectativas se alejan sustancialmente entre la región capitalina y el interior.

Por ejemplo, poca gente se imagina que «el cerro» solo se da acá en Caracas, tan simple como que es una cuestión de topografía nacional, o por ejemplo que en la capital nos olvidamos del racionamiento de luz y agua que persiste en el resto del país. O que cada región tiene su propio su propio concepto de «la cola» (tráfico), campos laborales diversos pero bien focalizados e incluso estilos de vida nocturna y de entretenimiento distintos ¿sabías que en Guayana ponen calipso en las discotecas y en Los Andes ponen Vallenato?

Y podría seguir describiendo diferencias, pero de la que he venido hablar es una característica de la que no tuve conciencia hasta que me mudé para acá: en el interior del país la política es algo demasiado lejano, difuso, casi trivial, principalmente porque se percibe que la política se hace y dirige pensando en Caracas. Ojo, enfatizo, la política se dirige desde Caracas sin mayor pudor.

Les pongo dos ejemplos de los que tengo memoria.  Cuando la tragedia decretaron Estado de Emergencia Nacional en todo el territorio, clases suspendidas a nivel nacional por causa de las lluvias, en Puerto Ordaz habrán caído tres gotas y luego salió el sol radiante y aun así nos mantuvimos fuera de las aulas ¿a quién le importaba que la gente del ministerio fuesen unos caraqueños desubicados en el mapa? A nuestros padres que tuvieron que ver qué hacían con nosotros a pesar de que no había tal emergencia.

Otro ejemplo es que cuando el paro en Puerto Ordaz no pasó nada, mis recuerdos del paro se reducen a 1) escasez de gasolina un par de semanas, 2) escasez de refresco y 3) ver mucha televisión sobre “lo que estaba pasando en Caracas”; de resto no pasó nada, no se pararon las clases, no se pararon las empresas básicas y la vida continuó como cualquier otro día. Siempre que le cuento esto a mis amigos que crecieron aquí les da como-un-infarto, pero es así, desde ese momento y aun hoy el país es así de desconectado.

Y así se está percibiendo la pre-campaña en muchos aspectos en el interior, o esa fue mi impresión de reunirme con familiares de varias partes del país. Los que están en política no se enteran porque suelen cocinarse en su propio caldo hasta que llegan los resultados y las caras de sorpresas inesperadas. La gente lo olfatea, y lo desprecia, y entonces busca aliarse en contra de los capitalinos.

Y aun sabiendo todas estas cosas que les cuento me he llevado una sorpresa este diciembre, cuando ya casi toda la gente que conozco en Caracas está clara de que votará por Capriles me entero de varios focos de opinión en Margarita, Mérida, Valencia, Valle de La Pascua y Puerto Ordaz que Pablo Pérez –a quien ningún caraqueño ha mirado dos veces- está increíblemente sólido. Mejor aún, las variadas respuestas acerca del apoyo a Pablo Pérez es una mezcla tan irracional como pintoresca: «es un tipo de puebloh».

Es un tipo de pueblo, sí, Pablo Pérez Puro Pueblo, como aclaman sus afiches, tiene apoyo no por la fama de su gestión, por su propuesta de gobierno o por haber ofrecido que sería «un buen padre para Venezuela »porque muchos venezolanos opositores de clase media están apuntando a la subestimación del otro, evidenciando que el discurso del innombrable caló. Una ola de popularidad fundamentada en expectativas bajas y de profundas raíces populistas. Y ojo que no quiero hablar mal de Pérez como candidato sino de la razón que repetidas veces he escuchado para apoyarlo.

Venezuela está parada frente a una bifurcación y mucha gente quiere el camino a la mano derecha, sin embargo, si la manera de hacer política se mantiene y las razones para votar reflejan la intrascendencia de las mismas podemos encontrar que esa salida a la que estamos apostando no era más que un retorno.

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Un comentario en “Pre-campañeando en un país disociado

  1. WOOOOOW… QUE BUEN ARTICULO! Que impresionante. Tienes toda la razon. Los caraqueños suelen (solemos) generalizar su realidad hacia toda venezuela, aun cuando es muy distinta. Para los efectos politicos eso importa mucho, teniendo en cuenta que si bien caracas es la ciudad mas poblada, no es la mayoria del pais. Hay que des-caraquizar la politica.

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