Perro que come manteca… mete la lengua en tapara

EL CHAVISMO SE ANOTA A LA MODA "MOUSTACHE"El señor Chávez dedicó buena parte de su energía a construir un aparato comunicacional digno de recibir ovaciones de Goebbles. Una maquinaria represiva y propagandera, cuyos cimientos se posan sobre la ilegitimidad de la expropiación. Muy bien.

Todo aquello, bien sabemos, estaba concebido para un megalómano como Hugo Chávez, un encantador de serpientes que prefería usar una sonda a dejar de hablar por un momento. Un verdadero narciso. Aun así, era él. Él quien daba los anuncios, él quien mantenía entretenido a todo el país aunque eso demandara que se disfrazara de campesino y cantara coplas al son de un cuatro desafinado; él quien llevaba la agenda. El señor Nicolás, por otro lado, no le ha agarrado el truco a la cosa. El actual gobierno, bautizado como el de Los Enchufados, parece haber perdido la batuta – y los papeles- tras la victoria política del 14-A; el gobierno perdió la agenda y una versión más aguda de Henrique Capriles se la embolsilló para bien. Capriles dice «¡Brinquen!» y Nicolás y sus secuaces preguntan «¿cuán alto?» Es como si les tocara el nervio cada vez que abre la boca. Esto es un juego nuevo. Para muestra la famosa cadena, refrita además, puesta al aire con la sola intención de sacarlo momentáneamente de los oídos de la audiencia. Lame manteca, el perro.

Lo que el señor Maduro parece obviar es que el enamoramiento con los políticos se parece mucho al de la niña caprichosa con el galán de turno, especialmente en nuestro país.  Es harto conocido que Venezuela tiene una fijación con los chicos malos, recios, elocuentes –o más bien locuaces-, y de ser posible que tenga un pantaloncito militar en alguna percha del closet. Superamos al Caudillo como modelo político pero nunca nos desprendimos del estereotipo levantapasiones… para nosotros el Caudillo es un rock star. Ese fue Chávez, para bien y para mal, pero  no es el caso de Nicolás. Él es más bien el cachetón con cara de bolsa que siempre parece cucharacha en baile de gallinas. Hiede a desesperación y eso desencanta, repugna incluso. Nicolás se convirtió en mes y medio en el baboso, ese que exuda desesperación por ser aceptado y que se nota no está cómodo en su propia piel.  Por tanto reacciona a lo que dice Capriles, le saca cadenas pre-grabadas y habla para adelante y para atrás. Nicolás se descompone con facilidad porque no sabe cómo se bate el cobre ¿quién ha dicho que civil encabeza un gobierno militar?

Maduro pasará a la historia como el presidente que desenmascaró la incapacidad y la desfachatez del chavismo que aun a la sombra de la muerte de su Comandante mantenía el velo del encanto. Él encarna el saldo de la revolución y le tocará pagar el costo político con su persona en principio, pero será la debacle de la farsa esta que se ha llamado Robolución.

Y lo importante es hacerlo como lo está haciendo Capriles, sin prisa pero sin pausa, con la institucionalidad por delante, atropellando sólo a los que están atornillados en el poder y no al movimiento político entero porque, de lo contrario, seguiremos con la fijación militarista por muchas décadas más.

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