Mordazas

mafalda amordazadaEn estos días la gente anda alterada de que “sorpresivamente” Globovisión tuvo un cambio radical en su línea editorial y comenzó a prohibir que se reseñaran las ruedas de prensa y demás comunicaciones del señor Henrique Capriles Radinski. Después de eso no se hicieron esperar las ya conocidas y trilladísimas críticas de que esta situación viola los Derechos Humanos, específicamente hablando del Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que reza como sigue:
Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión. Muy bien, nada nuevo hasta ahora. La de las comunicaciones libres ha sido una de las banderas más fuertes de la oposición desde el cierre (y expropiación) de RCTV en 2007.

Pero pareciera que detrás de ese discurso prefabricado no hay ningún tipo de convicción libertaria, no hay un entendimiento real de lo que significa la libertad de opinión y expresión sino sólo un reclamo por perder privilegios ¿cómo lo sé? Por las celebraciones públicas y privadas sobre la salida del aire de Mario Silva.

Es verdad, ese señor era -en mi opinión- nefasto; un verdadero caño del que sólo manaban adjetivos viles y juicios terribles, su vocabulario era soez y su lenguaje corporal agresivo pero ¿saben qué? Estaba en todo su derecho de opinar. El tema está en que tenía rainting ¿y quién lo podía culpar de seguir alimentando el morbo de los venezolanos? Después de todo, ese es el negocio de la televisión. Sí, era un peso pesado de la formación de opiniones oficialistas, un gran difamador de todo aquel que no estuviera “del lado correcto de la talanquera” y pare usted de contar. Eso también lo sabemos.

Pero señores, nada justifica que lo hayan sacado del aire -como tampoco se justifica que hayan sacado al señor Kiko, en mi opinión igual de nefasto que Silva- porque eso, sin más ni menos, se llama censura. Y la censura no puede ser aplaudida nunca, al menos no la censura política (entiendo que se regule la censura pornográfica por temas éticos y de formación psicológica de los menores). Les pongo un caso: yo detesto ver deportes, ni fútbol, ni béisbol, ni tenis, ni golf… ni siquiera esgrima, no me interesa si es nacional o de ligas mundiales, aquello no despierta ni un ápice de mi atención. Si yo gobernara Venezuela bajo el mismo esquema de censura del gobierno bolivariano perfectamente podría prohibir la transmisión de cualquier tipo de juego o competencia ¡Ni el dominó dominicano estaría permitido!

¿Tiene eso algún sentido? ¿Quién me dio a mí el derecho de privar a los millones de fanáticos de todos los deportes para ver los juegos? Sería meramente un delirio de grandeza. Sólo podría hacerlo si se me subiera el poder a la cabeza y me convenciera de que sólo mis gustos son válidos y legítimos, y si la gente quiere ver deportes que vaya y pague su juego, y si no tiene plata para hacerlo que se joda. Y me odiarían por hacerlo y yo me regocijaría en tener el poder para prohibírselos; y sólo para probar el punto empezaría a difundir programas obligatorios que mostraran los resultados de algún presunto instituto de investigaciones angoleño que determinó que ver deportes es nocivo para el desarrollo personal y afectivo porque fomenta la competencia desmedida y no el espíritu de convivencia que tanto estamos tratando de promover en la nueva patria. (Estoy segura que más de uno se incomodó en su silla)

Ningún hombre, ningún gobierno ha adquirido el derecho legítimo de censurar aquello que no le gusta o que encuentra inconveniente. Todos tenemos derecho a ver y escuchar lo que se nos antoja, no importa si es salsa brava o dupstep, si es una telenovela mayamera o una película de cine rumano independiente… no importa si es La Hojilla o Buenas Noches. En estas cosas no hay espacio para morales flexibles, se es o no se es libre de opinar; se cree o no se cree en la libertad de expresión; se aplaude o se condenan las mordazas.

La salida de Mario Silva, tanto como la de Kiko, es un retroceso en la adquisición de libertades individuales y por tanto del desarrollo de Venezuela y sus venezolanos, nada de “victorias”.

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