Venezuela, donde la pobreza camina por encima de la riqueza

ImageUn ensayo para mi Cátedra de Pobreza en América Latina

Hace cien años Venezuela se casó con el petróleo, y digo se casó tal y como dice el ritual: tanto en la prosperidad como en la adversidad, en salud y en enfermedad… Eso fue lo que nos vendieron pero no fue así, el matrimonio no fue entre de Venezuela y el petróleo sino entre el Estado venezolano con este último, y ello ha traído consecuencias muy serias para la vida nacional con implicaciones concretas para el problema de la pobreza en los venezolanos. El Estado, no los venezolanos, se convirtió en el mayor productor del país y en consecuencia construyó una institucionalidad que capturó la economía del país para sí.

Venezuela –hablando como los positivistas- se casó jovencita, una muchacha, adolescente quizás. Un país pre-capitalista, palúdico y altamente empobrecido; nada distinto de lo que pudiese ser hoy Sierra Leona o Costa de Marfil. Era un país con una población menguada, sencilla y campesina pre-industrializada, en el que los particulares tenían modestas fincas que producían café, cacao y cosas por el estilo. Aunque cueste creerlo, en esa Venezuela, desagregada y minada por caudillos regionales el gobierno central tenía un rol secundario y se financiaba básicamente de las aduanas ya que era la única alcabala organizada que podía tributar. Era un Estado liberal y en un contexto mundial en el que la pobreza era un fenómeno casi natural, los venezolanos eran pobres y el Estado no tenía por qué hacer nada al respecto; nadie tenía la expectativa de «acabar con la pobreza».

Un buen día reventó el Pozo Los Barrosos y vino a cambiar las pretensiones del Estado venezolano. De una u otra manera el Estado se dio cuenta de que estaba parado sobre una riqueza potencial importante y que, dada su naturaleza sofisticada y de explotación muy localizada, podía ser monopolizada por él. Y así fue, el Estado se fue adueñando poco a poco de las rentas que generaba el petróleo, y siendo su principal fuente de ingresos diseñó un marco regulatorio que poco a poco, con mayor o menor forcejeo en algunos momentos, hizo de la economía venezolana suya; esbozada para servir al Estado, representado en sus gobiernos. Los venezolanos en consecuencia no tendrían otro rol que el de ser empleados del gran Estado capitalista, entendiéndolo como el único inversor de envergadura; sí, es verdad, se dejaría espacio para uno que otro privado con pretensiones de empresario, principalmente en Caracas y un poco del centro del país, pero siempre todos viviendo en, del, por y para el Estado. Nunca alcanzó Venezuela un nivel de productividad suficientemente alto en ningún rubro como para convertirse en un jugador importante en el mercado internacional, sólo en energía –actividad que el Estado se reserva como exclusiva.

Sin importar el color de la corbata del gobierno, tanto blancos como verdes, y más tarde los rojos, se empeñaron en universalizar el voto y entonces entró el Estado en el juego de conquistar a  las masas, que cuando llegó la democracia a Venezuela eran mayoritariamente pobres. Aquí se generó una dinámica que algunos catalogan de maldición de los recursos por ponerle algún nombre macabro: el Estado vende petróleo afuera y cobra en votos adentro ¿Y cómo funciona esa alquimia? Sencillo, los petrodólares se convierten a bolívares –a conveniencia del Estado- y se reparte la renta petrolera por medio de servicios y privilegios, llámese hospitales que sólo funcionan durante las campañas, asfaltado en tiempos de elecciones, programas, obras, misiones; dicha distribución generaba capital político, que a su vez se traducía en votos para el período siguiente. El oportunismo discrecional de (todos) los gobiernos, y su entendimiento de la pobreza como una línea de ingresos ha hecho que la respuesta al problema sea por consumo y no por capacidades que permitan a los ciudadanos generar ingresos propios de manera sostenible. Y como el Estado se casó con la renta petrolera y castró a la economía privada esa capacidad de distribuir para afectar las líneas de pobreza y pobreza extrema dependieron, entonces, de la volatilidad del precio del barril.

Es esta visión clientelar de la prestación de los servicios del Estado que llevó a la politización de los servicios «públicos», y en consecuencia, a su estancamiento en temas de calidad. Tomemos el ejemplo de la educación. Los años de escolaridad en Venezuela son el mayor determinante del nivel de ingresos, además que tiene retornos crecientes a escala, es decir, más años de escolaridad implican un aumento más que proporcional en los ingresos de la persona, especialmente el sector universitario ¿Y qué nos dice esto? Que la economía valora a los profesionales, algo característico de ser una economía de empleados y no de emprendedores. Además habla de que no hay una respuesta real del Estado que se comprometa a garantizar una formación de capital humano relativamente homogéneo para su población, una que permita luego la competencia en el mercado laboral. No, las escuelas públicas responden al propagandismo, la escuela está abierta pero la calidad es muy precaria y eso se refleja en altos niveles de deserción y bajos retornos a los egresados del sistema que tienen pocos años de escolaridad. La educación en Venezuela está profundamente estratificada y reproduce la estructura de la pobreza, porque no representa una herramienta para apalancar la productividad de los ciudadanos, y los salarios y la precariedad de los empleos da testimonio sobre ello. Para continuar con el ejemplo de la captación de rentas en forma de privilegios veamos cómo las universidades, los inventores de la Política en la Venezuela moderna, se hacen con la mayor porción del presupuesto destinado a educación, castigando a las escuelas primarias y sobre todo a la educación media. Para ilustrar el argumento tomemos las cifras del análisis de Presupuesto Nacional que hizo Transparencia Venezuela para el 2013: el gasto en educación integral per cápita, que contempla los niveles inicial, primario, medio y especial, es aproximadamente de Bs. Bs. 6134 al año (tomando el gasto en educación integral y dividiéndolo entre el número de inscritos en ella), mientras que el gasto per cápita en educación superior es de Bs. 142.567 anuales ¿Captura o no el sector universitario un privilegio monetario que genera un sub-óptimo para la sociedad? Es claro que con el primer gasto no podría pagarse una educación de calidad para cada estudiante de educación integral, lo que ha hecho que cada vez más el sector privado ofrezca una respuesta competitiva a las demandas de educación. Y  son los sectores de mayores ingresos los que pueden pagar una mejor educación para sus hijos, y eso afinca las brechas entre los estratos. Al final, eso se traduce en que el beneficio del subsidio desproporcionado a educación superior lo gozan en mayor proporción los sectores de ingresos altos ya que la calidad de su educación integral les hace destacarse en la universidad.

Entonces, por supuesto que la pobreza en Venezuela es un tema de ingresos, porque es un problema distributivo de la renta que captura el Estado y no depende de la productividad de los ciudadanos, todo apunta hacia ello. Y como la capacidad distributiva del Estado depende de su nivel de ingresos entonces la pobreza en Venezuela es una variable con alta correlación y en sentido inverso de los precios del petróleo: sube el precio del petróleo, baja la pobreza en Venezuela; baja el precio del petróleo, sube la pobreza en Venezuela. Y ello porque el gobierno de turno nunca tiene incentivos para democratizar el conocimiento sobre cómo se maneja la renta petrolera, sino mas bien a mantener el tema en la penumbra. Por ahora, esa renta petrolera mantiene los ingresos medios del país por encima de la línea de pobreza y se puede aseverar que la pobreza se solucionaría con un mejor sistema de distribución, el problema está en que eso es cierto mientras se mantenga el precio del barril, porque por si fuera poco, Venezuela no tiene capacidad instalada para aumentar su producción en caso de una caída de precios que compense una posible caída en los precios del crudo.

Además esta dinámica de ingresos exógenos a la economía Venezolana, específicamente hablando de los petrodólares, generan presiones inflacionarias constantemente y dado que el Banco Central no es autónomo no maneja una política monetaria independiente, entonces tenemos una inflación incesante, producto de una economía inflada por los precios pero que, por no haber una política que permita que aumente la productividad, condena a los ciudadanos a empobrecerse en términos reales. Y la productividad no crece porque el Estado, como se dijo al principio, tiene la economía capturada para sí: el Estado venezolano no cree, y nunca ha creído, en el mercado sino en la economía dirigida… antes lo llamaban desarrollismo, fomento, ahora economía planificada. El Estado regula –y siempre, desde el Convenio Tinoco en 1934, ha regulado- el tipo de cambio para mantenerlo apreciado (consecuencia del precio real del petróleo), regula las tasas de interés, compite deslealmente en la captación de fondos para financiamiento, regula precios, brinda protección. No hay convicción de mercado en Venezuela y nunca la ha habido, y la historia económica del mundo ha demostrado que sólo en el mercado crece la producción. Con producción es que salen las sociedades de la pobreza de manera sostenible.

Y no es que yo crea que Venezuela esté condenada a la pobreza, pero mientras continúe el desentendimiento de la importancia del petróleo en nuestra economía y en nuestra política, mientras el manejo de la renta se mantenga opaco y además en manos de los políticos de turno (y no de manera independiente), mientras el Estado continúe capturando la economía para sí a través de la regulación el problema de la pobreza en Venezuela será de distribución, al servicio de construir capital político, cosa que además se exacerba en un contexto de reelecciones indefinidas. Mientras no haya convicción de mercado entre los venezolanos la pobreza seguirá caminando por encima de la riqueza que le subyace; continuaremos observando una sociedad estratificada, con una permeabilidad social que dependerá del precio del petróleo y la capacidad del gobierno de mover las líneas de pobreza a su antojo.

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2 comentarios en “Venezuela, donde la pobreza camina por encima de la riqueza

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