Colorblind

ImageAunque traté de evitarlo, en estos días escribí sobre el asedio en el que estamos sumergidos. No me gusta escribir cosas pesimistas, pero así me sentía ese día, cansada del coctel venenoso de odio a todo lo que toca la luz.

Y en respuesta a este clima de palpable descontento, casi como apoyo moral al grupo de los más fieles, salió un grupo de políticos de oposición, particularmente López que es el que más polémica genera,  con este cuento de “La Salida”. Y debo aplaudirlos por denunciarlo, porque ese es el rol de los políticos en la sociedad: verbalizar públicamente lo que piensa el grupo al que representan. Alguien tiene que hacerlo estructuradamente para que no se quede en el puro “’ño ‘e la madre con el gobierno”.

Ahora bien, no es posible que una vez más la protesta se reduzca a “queremos cambio de gobierno”.  Y en este punto me han preguntado: “¿es que tú no crees que para que esta locura cambie tiene que haber un cambio de gobierno?”, y sí, absolutamente lo creo, pero mi opinión individual es irrelevante para el juego.

Creo que hay un problema con el pensamiento de oposición: vivimos pensando en el deber ser y no en el esto es lo que hay. Nos medimos con la barra de los estados liberales que tienen una Constitución y creen en ella, que tienen separación de poderes y la ejercen, que tienen partidos con ideologías claras con las cuales las personas se identifican. Pero ese no es el juego de la política venezolana.

Nosotros vivimos en la Venezuela del plebiscito que se mueve a la sombra de un hombre que se convirtió en un parteaguas. Todo lo reducimos a ¿estaba usted de acuerdo o no con Chávez? Y la respuesta tiene que ser: No importa, porque el tipo se murió y los muertos no gobiernan.  Pero más aún, tenemos que entender que en la “democracia participativa” que heredamos del arquitecto de nuestro sistema político, don Rómulo Betancourt, el juego es el siguiente: en el poder se mantiene quien conquiste a los militares, pero la mitad más uno es suficiente para legitimarse en el poder, y gústele a quien le guste, Chávez siempre contó con esa popularidad de “amplia base”. Luego, tratar de hacer pensar que es ilegítimo un gobierno que obtuvo la mayoría de los votos, por cerrada que fuese la diferencia, no cala en el imaginario del venezolano.

Pero el chavismo tiene un defecto que no hemos sabido aprovechar: carece de políticas coherentes. Como la única misión del chavismo es aproximarse al “Socialismo del Siglo XXI” da para todo, es un arroz con mango que permite ser de izquierda y de derecha, pro LGBT y decir “maricones” en cadena nacional, lanzar el Plan Siembra Petrolera anunciando que en 5 años produciremos 6 millones de barriles diarios y el mismo día decir que un aumento de producción tumbaría los precios internacionales del petróleo, lo que sería una desgracia para el país; se da el lujo de decir en una misma alocución que hay que elevar la producción nacional de mercancías, acabar con los empresarios fascistas y empoderar al Estado como principal importador del país. Y todo acompañado de un vocabulario de izquierda trasnochada de principios de siglo XX.

A mí, que soy de centro-derecha, me parece soberana insensatez, pero una vez más, el juego político de Venezuela no está en convencerme a mí de que hay un problema.

El reto está en hacer que la protesta se masifique, y arrancar la denuncia planteando “La Salida” como propuesta  le pone techo a la iniciativa. Para empezar, porque la inseguridad la vivimos todos –chavistas y no chavistas-, y lo mismo con la escasez y sus colas, con la inflación y la falta de dólares, al igual que el abuso de poder que implica la nueva Ley Orgánica de Precios Justos. Pero segundo, porque de una vez nos coloca en dos aceras: ellos, los que creen que el gobierno está legítimamente en ejercicio y por tanto no hay razones para descontinuarlo, y nosotros, los que como niños malcriados desconocemos todo el arreglo institucional y reclamamos borrón y cuenta nueva. Lo siento, pero creo que el momento de desconocer los resultados electorales era el año pasado, ahorita está el bigotudo en ejercicio.

Los chavistas no son chavistas por convicciones sobre el rol del Estado sino por mera simpatía con el discurso ¿o es que creemos que a los chavistas les gusta andar haciendo colas y que el sueldo se le vuelva sal en el agua?

Y más aún, aunque parezca insólito, existe una cantidad enorme de personas que son “Ni-Ni”; yo no sé cómo funciona eso, pero son una realidad estadística ¿y no tendrán, algunos de esos Ni-Ni, unos negocitos que estén siendo fiscalizados en estos días de la mano de la SUNDECOP, los Consejos Comunales, el SENIAT y las FANB?

Plantear un cambio de gobierno no ha tenido resultados en 15 años ¿vamos a seguir esperando que “caiga el gobierno” como solución a nuestros problemas? Eso de estar molesto por todo es lo mismo que no estar molesto con nada.

Me pregunto si no será, más bien, hora de cambiar la estrategia, de empezar a poner los dedos en las yagas para evidenciar que no es cuestión de colores, sino que el nivel de deterioro del país es inaceptable. Creo que nos sorprenderíamos de la gente que puede despertar.

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3 comentarios en “Colorblind

  1. Flojo, qué pérdida de tiempo haber leído eso.
    Además, por poner en negritas cualquiervaina no deja de ser cualquiervaina, la verdad es un pelo penoso.
    Necesitas (como todo el movimiento estudiantil) estudiar (pongamos ese verbo las negritas que se merecen) más.

  2. Pingback: Caldo de odios | Teclado Abierto

  3. Pingback: Que no se nos olvide | Teclado Abierto

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