Cabello, el Frank Underwook de Venezuela

El Sr. Daniel Lansberg-Rodríguez escribió este increíble artículo en The Atlantic el día de ayer. Les dejo una traducción al español para que nadie tenga excusas de perdérselo:

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Conozca a Diosdado Cabello: El presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, vicepresidente del Partido Socialista Unido, y despiadado pragmatista por excelencia. Si los productores de House of Cards están pensando expandir su franquicia hacia el sur, deberían conocer al Frank Underwood de Venezuela.

Recientemente, la crisis política de Venezuela –protestas masivas en respuesta a una economía en declive, escasez desenfrenada, elevadas tasas de criminalidad, y polarización ideológica– ha sido principalmente reseñada en la prensa internacional como una lucha entre un gobierno monolítico y el asediado remanente de la clase media tradicional. Pero esta narrativa es superficial; muchas tramas, tanto personales como sociales, están andando por detrás de lo evidente. Y estas incluyen un amargo enfrentamiento entre el sucesor de Hugo Chávez  y su casi-sucesor para el alma de su partido y para el futuro del país.

Para una de las partes de este conflicto, el Presidente Nicolás Maduro, la tensión que se vive en Venezuela ha sido profundamente dañina. Está en el ojo del huracán  por demostrar su dependencia del uso de la violencia para lidiar con manifestantes desarmados, que ha dejado 18 (hoy 20) personas muertas. En alocuciones públicas, se le ve cada vez más cansado y angustiado.

Para la otra parte, Cabello, la turbulencia ha sido emocionante. De repente está en todos lados. Cuando emiten la orden de captura del popular líder de la oposición Leopoldo López, fue el mismo Cabello quien negoció su entrega con la familia. Más tarde, durante el arresto –un episodio absurdo en el que López se entrega en medio de una protesta masiva– fue Cabello quien se apareció a escoltarlo a la cárcel (a pesar de no tener ninguna autoridad judicial o policial), para presuntamente para “asegurar su seguridad”. Poco después,  cuando las fuerzas armadas se enfrentan a Ángel Vivas, un general retirado que puso barricadas alrededor de su casa desafiando una orden de arresto, fue Cabello –no Maduro– quien jugó el rol más dramático al momento de la confrontación por parte de la tolda oficial.

Lo que es más, pocos días después de que López llamó a la gente a protestar, los medios de comunicación oficiales anunciaron que Cabello estrenaría su propio show de televisión semanal. El primer episodio se caracterizó por una visita “sorpresa” de Maduro y un video musical de su hija, Daniella Cabello, en el que dedica una ballada al fallecido Chávez. El video se hizo viral entre los oficialistas, y Daniella ha salido en prensa por “perdonar” a un joven opositor que la mencionó en un tuit amenazante.

En otras palabras, mientras Venezuela vive el primer aniversario de la muerte de Chávez, la pelea entre Cabello y Maduro se hace más fuerte. Y Cabello parece estar ganando.

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Diosdado Cabello comenzó su Carrera política como uno de los “camaradas en armas” más jóvenes de Chávez en el ejército, durante la intentona de golpe de Estado a Carlos Andrés Pérez en 1992. La conspitación fue frustrada, y Cabello fue brevemente encarcelado por su participación. Después de ser liberado, colaboró con Chávez durante su campaña presidencial en 1998, y fue prontamente elegido por su rudeza y eficiencia.

Su trayectoria política ha sido notoria tanto por su duración (Chávez era rápido para poner de lado a sus potenciales rivales) como por su variedad. Ha ocupado cargos como ministro de planificación, de  interior y justicia, de obras públicas y de vivienda, así como gobernador del estado Miranda, presidente de CONATEL, y jefe de campaña presidencial de Chávez. Luego del colapso del golpe sin sangre de 2002 que brevemente sacó a Chávez del poder, Cabello, entonces vicepresidente, incluso asumió la presidencia –una toma efímera que apenas duró unas pocas horas hasta que el mismo Chávez pudiese ser localizado y así reestablecido el orden constitucional (o al menos lo que en Venezuela pasa por serlo). Diez años después, con Chávez enfermo, muchos sospechaban que Diosdado sería ungido como su heredero, pero terminó siendo el ahora presidente, Nicolás Maduro.

Hoy, como cabeza de la asamblea legislativa unicameral dominada por los socialistas, Cabello, de 50 años, domina su feudo con una eficiencia brutal. A pesar del encarnado afán que le pone Kevin Spacey a su personaje, Cabello con frecuencia hace un mejor papel. Bajo su cargo, se ha hecho una costumbre en la Asamblea Nacional ignorar por completo las reglas constitucionales –muchas veces evitando que los parlamentarios opositores hablen en las sesiones, suspendiendo sus salarios, retirando la inmunidad parlamentaria de diputados problemáticos, y, una que otra vez, incluso siendo testigo de violencia física hacia los parlamentarios opositores durante la sesión.

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En una region donde el charisma reina, Cabello es una rareza. Este no amasa su influencia como hipnotizador de multitudes, sino como maestro de la manipulación de aquellos que lo rodean. Ingeniosamente se apalanca con su posición y sus alianzas, destruye sin piedad a sus enemigos, recompensa generosamente a sus amigos, e incluso contribuye a rellenar puestos oficiales con miembros de su propia familia. Su esposa es miembro de la Asamblea Naciona, su hermano está a cargo del SENIAT, y su hermana es delegada ante las Naciones Unidas.

En estos días, Cabello ha logrado influir de manera importante sobre miembros clave de la sociedad como grandes empresarios y las fuerzas armadas, donde 36 generales pertenecen a la promoción de Cabello de la Academia Militar. Se rumora que los hilos de Cabello incluso se extienden a terrenos más oscuros, incluyendo presuntos lazos con organizaciones narco-traficantes y criminales. Un comunicado de la Embajada de los EEUU publicado en Wikileaks en 2009 calificaba a Cabello como un “polo mayúsculo” de corrupción dentro del régimen, describiéndolo como alguien que “estaba acumulando poder y control sobre el aparato del régimen, a menudo a través de la intimidación detrás de cámaras”. El comunicado también especulaba que “el mismo Chávez pudiese estar preocupado de no poder controlar el creciente poder que acumulaba Cabello”.

Esta estrategia no carece de desventajas. Cabello es personalmente despreciado por opositores del régimen, quienes lo ven como un mafioso intimidador, así como también muchos ciudadanos afectos al régimen desconfían de él, pues lo ven como corrupto, oportunista, demasiado ambicioso y no suficientemente dedicado a los principios del PSUV.

Y al igual que Frank Underwood, Cabello es excelente para conseguir que lo coloquen en puestos altos pero poco habilidoso en las urnas. En 2008 –a pesar de disfrutar del vasto respaldo financiero y logístico del gobierno, y el apoyo tácito de las muy parcializadas  autoridades electorales de Venezuela– perdió su reelección a la gobernación del estado Miranda, el segundo más poblado del país, contra Henrique Capriles, quien eventualmente retaría al mismísimo Chávez en la contienda electoral por la presidencia en el 2012.

La influencia de Cabello está formada de dos facciones políticas divergentes dentro del partido de gobierno de Venezuela: la pragmática y la ideológica. La primera, tipificada por Cabello mismo, es el clásico movimiento populista latinoamericano: nacionalista, corrupto y banal. La segunda, busca la revolución internacional y la transformación de la sociedad latinoamericana. A través de la petro-diplomacia, la última ha buscado convertir a la Venezuela socialista en una fuerza regional y de incidencia geopolítica global, usando fondos estatales para mantener relaciones clientelares con regímenes como Bolivia, Cuba, Ecuador y Nicaragua. Sus miembros supuestamente han trabajado para influir elecciones tan lejos como México, y a su vez han fortalecido lazos con países como Irán y Rusia.

En el cénit de su poderío, Chávez era capaz de manejar ambas facciones por medio de su poderosa personalidad. Antes de su muerte, sin embargo, le dejó su legado al campo ideológico. Cuando su salud comenzó a fallar, la influencia cubana sobre el gobierno venezolano creció, y el régimen de la Habana –con una economía altamente dependiente  la generosidad venezolana en forma de petróleo subsidiado y otras asistencias– insistió fuertemente en que  Maduro, un idealista de fuertes alzos con los Castro, fuese el sucesor. El diagnóstico del cáncer de Chávez también llegó en un momento en el que la influencia de Cabello parecía estar menguando. Viejas acusaciones de corrupción resurgieron, y algunos de sus aliados debieron ser eliminados. Este distanciamiento tuvo su pico en 201 2 cuando Chávez, durante una cadena, recomendó inesperadamente a Cabello que se lanzara a la candidatura del remoto estado Monagas. Aunque Cabello fuese originalmente de ahí, la propuesta anunciaba el exilio político. Cabello objetó.

Luego de la muerte de Chávez, y la consagración de Maduro como su heredero, la Constitución dejaba discutiblemente  a Cabello, como jefe de la Asamblea, como presidente encargado hasta que las elecciones pudiesen ser llevadas a cabo. Aun así, Maduro logró convencer a las autoridades relevantes de simplemente ignorar esta previsión, permitiéndole pasar al cargo (como presidente encargado) frustrándole a Cabello otra presidencia truncada.

A pesar de que los dos hombres se han dado apoyo públicamente desde entonces, la relación puede ser más tensa de lo que aparenta. En abril de 2013, luego de que Maduro ganara estrechamente las elecciones presidenciales contra Capriles, Cabello tuiteó a sus más de 1 millón de seguidores que el gobierno debía hacer una “profunda reflexión” sobre por qué había obtenido resultados tan pobres en relación a la elección anterior de Chávez. Como esta había tenido lugar unos pocos meses atrás (escasos 8 meses), la implicación detrás del mensaje de Cabello fue claro: Maduro es un lastre.

Información filtrada ha sugerido evidencia de una rivalidad interminable. En mayo del 2013, la oposición misteriosamente obtuvo unas grabaciones de Mario Silva, popular ideólogo y anfitrión de televisión pro-gobierno, discutiendo con un miembro de alto rango de la policía secreta de Cuba sobre asuntos internos del régimen. En el audio, Cabello, a quien Silva se refiere como un “gran hijo de puta”, fue pintado como hambriento de  poder, cleptómano mafioso, y constante pero inamovible espina que fastidia a Maduro

En público, el gobierno trató de desacreditar las grabaciones como acusándolas de ser ataques de la CIA, mas Silva fue rápidamente retirado del aire. Cabello salió del escándalo relativamente ileso y pronto apareció al lado de Maduro en la televisora estatal, luciendo intocable y haciendo que muchos venezolanos se preguntaran si él mismo había orquestado la filtración.

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Y mientras Venezuela entra en su cuarta semana de protestas, el objetivo de la ofensiva de Cabello se mantiene difuso. Líderes de la oposición ha expresado su preocupación de que, ante una posible salida de Maduro, se corre el riesgo de que Cabello asuma el poder. Aunque inverosímil, la presidencia de Cabello requeriría de una elección nacional, a menos que se suspenda por completo la Constitución del país. Y las elecciones no han sido nunca el fuerte de Cabello.

Pero es major no pensar mucho en el asunto. Distinto de Frank Underwood, su contraparte Netflixana, el fin de Cabello puede no ser la presidencia misma. Es, por otro lado,  el poder con impunidad lo que busca. Si maduro cae, es difícil imaginar un escenario en el que Cabello no juegue un rol integral en decidir quién le sucede. Con una paca lo suficientemente alta, puede que a Diosdado no le importe mucho quién es el rey –mientras él siga siendo el as.

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2 comentarios en “Cabello, el Frank Underwook de Venezuela

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