ROMPECABEZAS TRICOLOR

No debe haber frase más trillada entre los opositores venezolanos que: «por eso es que los chavistas siguen ganando, porque piensan igual, en cambio nosotros no nos ponemos de acuerdo». Y eso, se me hace muy perturbador.

Primero, porque evidencia que la oposición venezolana –que se considera a sí misma demócrata– no entiende que vivimos en un gobierno militar. Puede verificarse con el tren de ministros, gobernadores y demás miembros de la cúpula del alto mando, el que no es militar se viste de y se comporta como. El chavismo habla de «batallas» y «victorias», de «guerra» y de «órdenes» sin ningún pudor; y la simpatía por esa charla desdibuja las líneas entre el liderazgo y la autocracia, al igual que delata que en el imaginario venezolano el militarismo está perfumado de ferormonas.

Segundo, porque demuestra que se sobreestima el tema de la unidad. La MUD no es otra cosa que una coalición electoral, una alianza política entre aquellos que se paran del otro lado de la acera frente al militarismo chavista de ínfulas totalitarias, pero no por ello es un bloque homogéneo y eso está bien ¿por qué lo creo? Porque demuestra la real convicción de democracia moderna: diversa de pensamiento, pero capaz de negociar acuerdos en nombre de la convivencia y el bien común.

La democracia, no la patraña electorera que vivimos, es un sistema que garantiza un marco de respeto para que los que piensan distinto tengan voz y voto en el proceso de hacer gobierno, de tomar decisiones en representación de lo que piensa el pueblo (distinto depuebloh). No es, como ha querido hacer pensar el chavismo, que quien tiene 50% + 1 votos adquiere licencia para hacer y deshacer a su antojo, atropellando por completo a todos los demás.

De ser así, los demócratas no debemos caer en la tentación de pensar que las cosas serían mejores si todos pensáramos igual ¡Para nada! ¡Eso es lo que buscan los regímenes totalitarios! Por eso se uniforman y amalgaman su discurso ¿no lo nota en las declaraciones oficiales? Pareciera –pareciera– que son una masa homogénea, y al que se medio se salga del carril demostrando que ha conectado dos neuronas le sale regaño, porque así funciona el ejército, se hace lo que dice el jefe de más alto rango. Punto. Los demócratas pensamos distinto: cada quien es libre de hacer de su vida un florero si así lo desea siempre y cuando respete las normas de convivencia, pero nadie tiene derecho a decirnos qué pensar y cómo opinar.

Esta discusión la tengo con frecuencia, sobre todo en días tan agitados como los que hemos vivido recientemente, y me gusta plantear el siguiente ejercicio: imagínese que es usted el dictador de turno ¿qué haría?, ¿qué excentricidades se permitiría?, ¿cómo conduciría la economía?, ¿tendría una fachada de elecciones o simplemente se auto-coronaría?

Yo creo que suspendería ese cuento de las elecciones, simplemente porque me parece ineficiente la cantidad de dinero que se gasta en propaganda. También creo que prohibiría la difusión por radio y televisión cualquier tipo de evento deportivo, porque tan sencillo como que me aburren. Quizás, tendría que considerarlo, retiraría cualquier apoyo financiero a la producción de carne de res, cerdo o embutidos, porque como yo no como de eso ¿para qué habrían de ser vendidos? Y la gente alta del país sería deportada, porque como mido un metro cincuenta y cuatro me molesta que la gente sea tan alta. Sí, sería algo en esa nota.

¿Le incomodó alguna de mis políticas? ¿Siente que se vería afectado por alguna de ellas? ¿Cree que su vida sería más infeliz si yo fuese dictadora? Seguramente, porque el ser humano es más feliz cuando tiene la libertad de hacer lo que le place.

Entonces, la crisis política que enfrenta Venezuela no es un tema de si hay chavismo sin Chávez. La crisis política que tenemos en las narices es que tenemos en ejercicio un gobierno que no le interesa (o no es capaz de) escuchar opiniones distintas a la suya, no tiene convicción de democracia, y se enfrentan, como dijo aquella señora con el nudo en su garganta, ideas con balas. No es el mismo lenguaje, no es el mismo sistema, no se juega con las mismas reglas de un lado que del otro.

Estamos estancados en ese equilibrio perverso, donde los militares tienen el poder, y no han querido ni quieren escuchar a los demócratas. Y a la vez, los opositores no aceptan su condición de diversos, enfrascándose en la obsesión de conquistar una «mayoría suficiente», coqueteando quizás con la idea, no de moverse hacia un sistema democrático, sino simplemente de volver a darle vuelta a la tortilla.

Rompecabezas

 

 

Publicado en Erika Tipo Web

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