Petrocaribe 2.0: Socialismo a lo Wall Street sin oposición

El día de ayer el diario –medio amarillista y anticastrista, hay que decirlo– El Nuevo Herlad publicó que Venezuela vendió con descuento parte de su deuda petrolera a Goldman Sachs y aun así el tema del día fue que si a María Corina la acusaron de conspiradora o de intento de magnicidio, aderezado, por supuesto, con frivolidades sobre si las mechas de Lilian están más rubias que de costumbre. *Suspira*

La única respuesta que puedo conseguir es que la dirigencia de oposición es tan miope como analfabeta. A ver: el gobierno bolivariano-socialista-obrero-rojo-rojito tomó una cuenta por cobrar de USD 4.262 millones que República Dominicana, una nación hermana, le debe a Venezuela en el marco del convenio de cooperación energética Petrocaribe, y se la vendió a Goldman Sachs, uno de los mayores grupos de inversión y banca de Wall Street (y del mundo) por USD 1.750 millones (sí, solo 41% del valor de la deuda) ¿y el comentario más inteligente del día lo hizo El Chigüire Bipolar?

Definitivamente no es que el gobierno crea que la oposición sea un club de incapaces, es que está seguro.

¿Cómo funciona Petrocaribe?

El Sr. Bernardo Álvarez, Secretario Ejecutivo del ALBA y Presidente de Petrocaribe, explica con la cara más dura posible que Petrocaribe es una prueba fehaciente de que un camino diferente es posible (diferente del sistema capitalista, por supuesto), y que Venezuela no regala su petróleo en Petrocaribe, sino que “50 % de la factura se paga en 90 días y el otro 50 % representa la factura a largo plazo en unas condiciones financieras muy favorables que Venezuela asume como parte del proceso de integración”.

Cuando se dice “muy favorable” se quiere decir que Venezuela se endeuda en los mercados internacionales a tasas de 6 a 14% y le “presta” a estos países a tasa de 1%. Además, parte de la innovación “favorable” es que la deuda de largo plazo se puede pagar en especies  -por ejemplo, República Dominicana le ha pagado a Venezuela USD 140 millones en caraotas negras. Se supone que ese ahorro deberá ser utilizado para cubrir programas sociales que contribuyan a aliviar la pobreza, lo cual (mágicamente) hará que aumente la productividad de los países caribeños y así puedan pagar la deuda con Venezuela.

El esquema es tan absurdo, que en septiembre de este año el Primer Ministro de Antigua & Barbuda –sí, un país que tiene renos y una piña en su escudo nacional– declaró que el esquema “literalmente está matando el dinero”, y que era preferible llegar a un acuerdo con Maduro para invertir ese dinero,  y luego usar las ganancias financieras para pagarle a Venezuela y financiar programas sociales. O como lo leo yo: el Sr. Gaston Browne entiende más de deuda internacional que la dirigencia de oposición venezolana.

¿Por qué ahora y no antes?

Porque el precio del petróleo ha caído más de 30% de su valor en el último semestre de 2014, por tanto ha caído el flujo de dólares a Venezuela en la misma proporción. Como la política económica del gobierno es acabar con la empresa privada y exprimir a PDVSA, no hay otro mecanismo de obtener divisas para aguantar el patrón de consumo del país que sobrevive de (recortadas) importaciones.

La salida de emergencia es vender activos, financieros (ej.: deuda Petrocaribe) y fijos (ej.: Citgo), para evitar que los niveles de desabastecimiento comiencen a producir hambruna. O como yo lo leo: el gobierno sacrifica la sostenibilidad financiera del país a cambio de unos containers de shampoo brasilero y carne uruguaya, con el apoyo silente de una “oposición” que no alza la voz para reclamar lo importante, sino para participar en las nimiedades que llegan a Trending Topic en Twitter.

¿Sabemos si es cierto?

No. El gobierno no lo ha negado, pero nadie más lo confirma. Creo que solo El Nacional reseñó el anuncio. La mordaza parece estar bien apretada en las mandíbilas de los medios, pero encuentro inaceptable que la gente que se propone como la alternativa omita una discusión como esta.

LA VENTA DE CITGO, PARA QUIEN NO TIENE IDEA

Cualquiera que viva en Venezuela, o siga sus noticias, se habrá dado cuenta de que en estos días parece haber un escándalo por parte de los analistas de fuentes económicas sobre la posible venta de CITGO. Pero la falta de reacción en la “opinión pública”, u opinión en general con respecto a este asunto, me genera angustia y se me hace que solo los que trabajamos en el sector energético estamos haciendo seguimiento al asunto, así que quiero desahogar mi preocupación con ustedes a ver si se las contagio.

Empecemos por el principio: “CITGO Petroleum Corporation” es una empresa filial de PDVSA en EE.UU. que se dedica a la refinación y distribución del petróleo que se produce en Venezuela. Es decir, cuando hablamos de que “los gringos le compran petróleo a Venezuela”, en verdad hablamos –en su mayoría– de petróleo que PDVSA se vende a sí misma para venderles combustible a consumidores finales en los EE.UU.

CITGO tiene participación en seis refinerías en EE. UU.: Lake Charles, en Loisiana; Corpus Christi, en Texas; Lemont, en Illinois, Chalmatte, en Loisiana, Saint Croix, en U.S. Virgin Islands y Sweeny, en Texas. Las tres primeras pertenecen 100 % a PDVSA –a través de CITGO– que suman una capacidad de refinación de 750.000 barriles por día. Las tres segundas son empresas mixtas donde CITGO es socia del 50 % de las acciones; el otro 50 % para cada caso lo poseen los socios ExxonMobil, Hess Corp y ConocoPhillips respectivamente. Juntas agregan una capacidad de refinación que excede el millón de barriles al día (solo contando las acciones de PDVSA).

capacidad de refinacion citgo pdvsa eeuu

 

Además, CITGO posee 48 terminales de distribución en el Sur, Este y Mid-West de los EE. UU., tres oleoductos propios y seis oleoductos en los que tiene participación accionaria. Esa es la manera en la que Venezuela coloca petróleo en el mercado americano, el cual históricamente ha sido el mayor cliente de la empresa nacional venezolana. Aunque esta tendencia haya declinado en los últimos años, aún para 2013 las ventas al mercado estadounidense representaron el mayor ingreso para PDVSA.

Entonces, como podrá ir percibiendo, estimado lector, la venta de CITGO no es cualquier cosa. De hecho, podría uno problematizar al respecto desde varios ángulos. A mí me llaman la atención tres:

1)      Ramírez lo ofrece con desdén

2)      Efecto flujo de caja

3)      Efecto riesgo país

Lo primero es que Rafael Ramírez toma esta decisión sin informarle a nadie. Se está poniendo a la venta un activo de PDVSA, propiedad de todos los venezolanos, sin ningún tipo de consulta. De hecho, la prensa nacional se enteró porque Argus Media, una agencia de investigación y noticias energéticas publicó en su reporte LatAm Energy que el gobierno venezolano había recibido tres ofertas separadas de compra de CITGO a través de Goldman Sachs, JP Morgan y Deutsche Bank. Se vende uno de los activos estratégicos más importantes que tiene Venezuela y aquí no ha pasado nada. Además, lo ofrece con ligereza…  “En el momento en el que tengamos una propuesta que sea conveniente a nuestros intereses, saldremos de CITGO”, ha dicho, estimando que vale “un poco más” de 10.000 millones de dólares. Para colocar una referencia, la deuda que tiene PDVSA hoy en día ronda los 40.000 millones de dólares (y las de la República van por el mismo orden).

Lo segundo es que CITGO es el mecanismo que más divisas le genera a las arcas venezolanas, y demás está decir que es el único esquema sostenible de exportaciones con el que cuenta el país. Se pone a la venta con el cuento del gallo pelón de que lo van a invertir en la Faja para aumentar la producción. Para ilustrar el problema les ofrezco esta joya de gráfico:

metas plan siembra petrolera 2005 2019

Son las promesas que ha hecho el gobierno bolivariano de levantar la producción de petróleo venezolano desde 2005, y que, por supuesto, se siguen haciendo sin éxito alguno. No es por poner en tela de juicio lo que dice el Jeque, ¡perdón!, el ministro Ramírez, pero los números son los números.

Por último, me preocupa con creces que la existencia de CITGO  ha sido harto comentada como la mayor ventaja para la percepción de riesgo sobre el país, lo que afecta sus condiciones financieras en el ámbito internacional. Dado que los activos de CITGO son “embargables”, en el sentido de que no están situados dentro de la frontera venezolana, sirven de garantía a la deuda externa venezolana además de su potencial como productor de petróleo –enfatizo lo de potencial, porque si no se saca no sirve de nada. Tal es así, que en vista del deterioro de las condiciones económicas de Venezuela, pero sobre todo, la posible venta de CITGO, hasta los chinos están empeorando la calificación de riesgo de nuestra patria querida, lo que quiere decir que se encarece nuestra capacidad de endeudamiento externo.

Y ahí, justamente por ahí, parece que vienen las piedras que trae el río. Venezuela enfrenta actualmente un arbitraje (que es como un juicio, pero privado) contra ExxonMobil y ConocoPhillips –sí, los socios de las refinerías que dijimos al principio– en el tribunal de arbitraje del Banco Mundial, CIADI, por un caso de expropiación acá en la Faja. Ayer salió la noticia de que el CIADI ha culminado la fase informativa del caso y que “Se espera que esta instancia de intermediación se pronuncie en forma definitiva por el reclamo de la compañía energética durante el lapso comprendido en los próximos 180 días continuos”.

Es complicado.

Pero así como complicado, es importante, trascendental, para el futuro de Venezuela y parece ser una discusión entre cuatro locos que hablan de petróleo. Mientras tanto, nos hemos distraído con la cortina de humo que supone la bendita tecla del aumento de la gasolina, una cosa que todos sabemos que debe hacerse porque simplemente perdió todo parámetro lógico.

Ya veremos…

La Economía del Desgobierno

edo caricatura maduro hablaLo primero es aceptar lo siguiente: a nivel macro todos somos números. Sé que cuesta, porque todos vivimos inevitablemente sumidos en nuestra inmediatez, pero dada la imposibilidad de ver la realidad caso a caso hacemos uso de herramientas sintetizadoras como la estadística. Esto no niega todos y cada uno de nosotros seamos importantes y que cada una de nuestras opiniones sean legítimas, pero para efectos de análisis siempre seremos encasillados; lo siento por los humanistas que ven con desaprobación las prácticas de quienes estamos en el bando de los números.

Lo segundo es recordar por qué «la política» y «la economía» están casadas. Por un lado, la política es la dinámica del ejercicio del poder, es decir, el juego de los tomadores de decisiones. Por el otro, la economía es el entendimiento del sistema como organismo vivo, que no es otra cosa que el resultado de cómo se organiza la sociedad para satisfacer sus necesidades. Luego, los políticos, tomadores de decisiones en representación de la sociedad, diseñan reglas de juego para que todos podamos tomar decisiones que satisfagan nuestras necesidades; y esas reglas de juego se diseñan, por lo general, en función del contexto económico ¿Se ve? Es una calle de dos vías.

***

Febrero me ha dado mucho que pensar, creo que a todos los que vivimos en Venezuela. Reconozco que caí en un vórtice de emociones revueltas y que me hice adicta –en todo el sentido de la palabra– a Twitter, quería ver más fotos, más videos, más panfletos, más opiniones, más artículos, más mentadas de madre a algún @fulano por haber dicho o dejado de decir cualquier intrascendencia. Por casi tres semanas no dormí una noche completa, lo palpable de la incertidumbre, la repulsión a tanta fuerza bruta, a tanto cinismo, a tanta histeria y anarquía me perseguía hasta en el subconsciente. El agotamiento físico le hacía eco a la angustia que sentía en el pecho, pero también a la mezcla de trabajo + protesta + cacerolazo + ejercicio como método de desahogo, y la escritura, mi fiel amiga que encuentra musa cuando mis pensamientos se abaten.  Así que decidí que aquello no podía continuar: «¿Qué vaina es, Amanda? Tú eres una mujer grande y capaz de pensar en frío. Mente sobre todo lo demás.» –me dije a mí misma. Y mi primer instinto fue diagramar el tablero.

Hay cinco tipos de jugadores en lo político. De derecha a izquierda:

  1. El opositor radical: guarimbero que está buscando la renuncia de Maduro, capaz de caer en métodos violentos (sin implicar muertes, pero sí fuego, piedras, barricadas). Maldice a los opositores light por condenar la guarimba apelando que dictadura no cae con marchitas faranduleras. Se indigna porque sus reclamos son tan válidos como los de cualquier otro ciudadano de este país y no cree en posibilidad de diálogo alguno. Está descontento con todo lo que emana del gobierno.
  2. El opositor light: institucionalista que llama a la paz y al diálogo, que, aunque coquetee con la idea de la renuncia de Maduro, es incapaz de aceptarlo. Maldice al opositor radical por crear caos y presentar una postura que «no suma», pero sí va a marchar. Cree fielmente que no hay posibilidad de que haya un cambio si «no bajan los barrios». Está descontento con la situación del país.
  3. El escéptico: perdió la fe en la humanidad hace mucho tiempo, no se identifica ni con la oposición ni con el gobierno pero llegada la elección toma postura. No es ciego a los problemas que enfrenta el país, pero tampoco cree que Maduro renuncie.
  4. El chavista que no es madurista: izquierdoso de corazón que da buen testimonio del legado de Chávez. Votó por Maduro sólo porque fue el designado. No está de acuerdo con cómo están yendo las cosas, pero como no se identifica con los líderes opositores tampoco protesta. Está convencido de que Maduro no saldrá porque no vienen elecciones ni se ha cumplido el período constitucional para solicitar un referendo. Está descontento con la situación del país.
  5. El chavista adoctrinado: religioso del Socialismo del Siglo XXI y la Revolución Bolivariana porque se siente beneficiario directo de las políticas de Chávez. Cree en la guerra económica, en la regulación de las ganancias, en el odio fascista, en la Paz de Maduro y en todo lo que el gobierno diga. Está contento con la situación del país.

La proporción política la conocemos de memoria: un país partido prácticamente en dos. La tensión de febrero afinó cada una de las posturas y ante la adversidad cada quién se aferró ciegamente a sus creencias, negando casi por completo la posibilidad de que cualquier otro grupo tuviese algo válido que decir. Nadie cede terreno, pero todos claman democracia, olvidando que la democracia es precisamente la libertad para que cada quien sea libre de pensar como mejor le parezca y permitir que las negociaciones lleven a la sociedad al mejor resultado posible. El problema es que la democracia es una idea liberal y tenemos demasiados años viviendo un gobierno de militares. El resultado: el serrucho está trancado en el diálogo político.

Pero la economía no espera. La falta de acciones también son decisiones que se reflejan en el sistema agregado. Que el gobierno decida ignorar a medio país ha hecho que medio país decida parar sus actividades normales y se dedique a protestar. Alguien podría decir que por más masivas que hayan sido las concentraciones, no es cierto que medio país esté protestando, pero eso sería ignorar el pecado por omisión. Los opositores radicales están en las calles, los opositores light se les suman de vez en cuando, y los escépticos y chavistas-no-maduristas miran la protesta en silencio, aunque sí desaprueban del uso excesivo de la fuerza y declaraciones como las del ilustre Ministro Héctor Rodríguez. Así que la crisis de gobernabilidad es innegable: la actividad económica ha bajado el ritmo, más de lo que ya estaba. Mientras los turnos se recortan, mientras la gente no puede llegar al trabajo, mientras las personas dejan de salir y prefieren quedarse en su casa, mientras las guarimbas impiden que la logística de distribución funcione con normalidad la escasez –que ya pasaba el 30%– se agudiza, y por tanto la gente se desespera y barre con lo que queda en los anaqueles.

Pero como dijimos al principio, la relación economía-política es una calle de dos vías. El origen de la protesta es la denuncia de un grupo que no se la cala más, que siente que su calidad de vida se desmorona y el gobierno –que aunque sea electo por mayoría es representante de todos– no solo desconoce el reclamo, sino que se burla de él.  El gobierno juega a enfrentar a la oposición con una retórica ambivalente, de paz y fascismo, de guerra económica y conferencias de la verdad, sin materializar una sola concesión, sin tomar en serio lo que medio país corea: el modelo productivo de economía planificada no sirve, no crece, no es confiable. Y eso no es un invento de los empresarios venezolanos, que según los voceros de Miraflores son marcianos con rashos láser llenos de odio que lo único que quieren es la destrucción del pueblo, esa es la conclusión de 200 años de estudios económicos. Y mientras el serrucho sigue trancado se hace más ensordecedor el rugido de una economía descontenta que suena a colas, a desabastecimiento, a dólar paralelo por los cielos, a inflación voraz.

Es verdad que estamos polarizados en votos, pero a la economía eso no le importa, ella no discrimina por el simple hecho de que todos somos parte de ella, y por eso, como dijo Lorenzo Mendoza en la fulana Conferencia de Paz: en lo económico no estamos polarizados. Si tomamos a los cinco grupos de jugadores que describimos , lo más probable es que la mayoría de los venezolanos estén descontentos con la situación económica.

Yo no veo a Maduro, ni a ninguno de sus asesores, dando su brazo a torcer porque para ellos no existe otro juego que el político. Pero mi opinión individual se diluye en la masa, lo que importa, es lo que el gobierno piense sobre la mayoría.

Petróleo y Progreso

libro-el-petroleo-como-instrumento-de-progreso-iesa_MLV-F-3887160618_022013Pedro es una de esas personas que la sincronicidad continua trayendo a mi vida. Profe de mi escuela, novio de una amiga, compartimos muchos conocidos y ahora llegó por el petróleo. Es una de esas mentes brillantes jóvenes que además tiene cariño por su país y quiere trabajar por él. Pedro y su papá escribieron un sesudísimo libro sobre el escurridizo mineral que signa nuestra relación Ciudadano-Estado: el petróleo. Bautizado con el nombre Petróleo como instrumento de progreso, el libro merece que cada venezolano se entere de su existencia.

Como sólo un economista puede hacerlo, el libro es una mezcla de clase magistral sobre macroeconomía venezolana con un sueño de país. Los Rodríguez se sentaron a estudiar el petróleo venezolano y con el espíritu más libertario que he leído en la literatura venezolana (corazones para esto) hacen una propuesta de «nueva relación Ciudadano-Estado-Petróleo». Debo aplaudirlos en público por poner algo acerca de petróleo sobre la mesa porque increíblemente tengo semanas yendo a varias librerías sin conseguir un solo libro, literario o narrativo, sobre el petróleo venezolano.

Los autores le ponen el cascabel al gato para explicar sin moralismos por qué el Estado venezolano ha podido confeccionar una economía hecha a su medida a costa del bienestar individual de sus ciudadanos: todo se centra en el rentismo discrecional, como lo llaman, harto conocido en la jerga periodística venezolana como el «uso discrecional de la renta». Desde siempre – y por siempre me refiero de Gómez para acá- el gobierno ha sido el único venezolano tomador de decisiones sobre el porvenir del fabuloso recurso, atando así nuestra visión sobre el petróleo al horizonte temporal de los políticos: la próxima elección. Esto moldea las instituciones, Ministerio de Energía y PDVSA, a centrarse en ordeñar a la industria petrolera para poder hacer y deshacer con el gasto público (programas y sueldos de empleados públicos), y nos olvidamos de la cara productiva de la industria petrolera, considerada por cierto como una de las más sofisticadas del mundo –a la par de software y comunicaciones.

Los Rodríguez narran la dinámica en detalle y resaltan los aspectos nocivos para el desarrollo que ello conlleva. Por ejemplo, el estancamiento en nuestra producción petrolera por más de 40 años que nos ha hecho perder la oportunidad de (1) obtener mayores rentas durante los períodos de precios altos, (2) compensar los ingresos fiscales (con mayor volumen) en épocas de precios bajos y (3) aprovechar la palanca petrolera para el desarrollo de industrias conexas como la petroquímica, refinación y de servicios conexos que impulsaran el desarrollo económico de Venezuela generando empleo y crecimiento económico. Lo que más me gustó sin duda alguna fue lo siguiente: «es imprescindible limitar la discrecionalidad del gobierno de turno… [para evitar] la concentración de poder político que inevitablemente conduce a dos secuelas: (1) restricciones a la libertad individual, tanto en el ámbito político como económico y (2) un aumento de la corrupción y la búsqueda de rentas». No es que los venezolanos seamos particularmente improductivos o corruptos, es que mientras mantengamos inmaculada la relación petróleo-Estado-ciudadano como la conocemos, la economía política profundizará estos vicios porque así lo inducen los incentivos económicos. No importa el cambio de gobierno, si es verde, blanco, rojo o amarillo, todos son vulnerables a los tentáculos del poder de la renta sin controles.

Los Rodríguez se aventuran a hacer una propuesta de reforma que no les voy a contar para que busquen el libro y se lo lean. Lo cierto es que para hacerlo están dadas las herramientas técnicas, lo que se necesita es un cambio de pensamiento y voluntad política de conceso que trascienda las divisiones politiqueras que acompañan a la noticia y al día a día.

 

Publicado en: http://erikatipoweb.com/actualidad/petroleo-y-progreso/

Venezuela, donde la pobreza camina por encima de la riqueza

ImageUn ensayo para mi Cátedra de Pobreza en América Latina

Hace cien años Venezuela se casó con el petróleo, y digo se casó tal y como dice el ritual: tanto en la prosperidad como en la adversidad, en salud y en enfermedad… Eso fue lo que nos vendieron pero no fue así, el matrimonio no fue entre de Venezuela y el petróleo sino entre el Estado venezolano con este último, y ello ha traído consecuencias muy serias para la vida nacional con implicaciones concretas para el problema de la pobreza en los venezolanos. El Estado, no los venezolanos, se convirtió en el mayor productor del país y en consecuencia construyó una institucionalidad que capturó la economía del país para sí.

Venezuela –hablando como los positivistas- se casó jovencita, una muchacha, adolescente quizás. Un país pre-capitalista, palúdico y altamente empobrecido; nada distinto de lo que pudiese ser hoy Sierra Leona o Costa de Marfil. Era un país con una población menguada, sencilla y campesina pre-industrializada, en el que los particulares tenían modestas fincas que producían café, cacao y cosas por el estilo. Aunque cueste creerlo, en esa Venezuela, desagregada y minada por caudillos regionales el gobierno central tenía un rol secundario y se financiaba básicamente de las aduanas ya que era la única alcabala organizada que podía tributar. Era un Estado liberal y en un contexto mundial en el que la pobreza era un fenómeno casi natural, los venezolanos eran pobres y el Estado no tenía por qué hacer nada al respecto; nadie tenía la expectativa de «acabar con la pobreza».

Un buen día reventó el Pozo Los Barrosos y vino a cambiar las pretensiones del Estado venezolano. De una u otra manera el Estado se dio cuenta de que estaba parado sobre una riqueza potencial importante y que, dada su naturaleza sofisticada y de explotación muy localizada, podía ser monopolizada por él. Y así fue, el Estado se fue adueñando poco a poco de las rentas que generaba el petróleo, y siendo su principal fuente de ingresos diseñó un marco regulatorio que poco a poco, con mayor o menor forcejeo en algunos momentos, hizo de la economía venezolana suya; esbozada para servir al Estado, representado en sus gobiernos. Los venezolanos en consecuencia no tendrían otro rol que el de ser empleados del gran Estado capitalista, entendiéndolo como el único inversor de envergadura; sí, es verdad, se dejaría espacio para uno que otro privado con pretensiones de empresario, principalmente en Caracas y un poco del centro del país, pero siempre todos viviendo en, del, por y para el Estado. Nunca alcanzó Venezuela un nivel de productividad suficientemente alto en ningún rubro como para convertirse en un jugador importante en el mercado internacional, sólo en energía –actividad que el Estado se reserva como exclusiva.

Sin importar el color de la corbata del gobierno, tanto blancos como verdes, y más tarde los rojos, se empeñaron en universalizar el voto y entonces entró el Estado en el juego de conquistar a  las masas, que cuando llegó la democracia a Venezuela eran mayoritariamente pobres. Aquí se generó una dinámica que algunos catalogan de maldición de los recursos por ponerle algún nombre macabro: el Estado vende petróleo afuera y cobra en votos adentro ¿Y cómo funciona esa alquimia? Sencillo, los petrodólares se convierten a bolívares –a conveniencia del Estado- y se reparte la renta petrolera por medio de servicios y privilegios, llámese hospitales que sólo funcionan durante las campañas, asfaltado en tiempos de elecciones, programas, obras, misiones; dicha distribución generaba capital político, que a su vez se traducía en votos para el período siguiente. El oportunismo discrecional de (todos) los gobiernos, y su entendimiento de la pobreza como una línea de ingresos ha hecho que la respuesta al problema sea por consumo y no por capacidades que permitan a los ciudadanos generar ingresos propios de manera sostenible. Y como el Estado se casó con la renta petrolera y castró a la economía privada esa capacidad de distribuir para afectar las líneas de pobreza y pobreza extrema dependieron, entonces, de la volatilidad del precio del barril.

Es esta visión clientelar de la prestación de los servicios del Estado que llevó a la politización de los servicios «públicos», y en consecuencia, a su estancamiento en temas de calidad. Tomemos el ejemplo de la educación. Los años de escolaridad en Venezuela son el mayor determinante del nivel de ingresos, además que tiene retornos crecientes a escala, es decir, más años de escolaridad implican un aumento más que proporcional en los ingresos de la persona, especialmente el sector universitario ¿Y qué nos dice esto? Que la economía valora a los profesionales, algo característico de ser una economía de empleados y no de emprendedores. Además habla de que no hay una respuesta real del Estado que se comprometa a garantizar una formación de capital humano relativamente homogéneo para su población, una que permita luego la competencia en el mercado laboral. No, las escuelas públicas responden al propagandismo, la escuela está abierta pero la calidad es muy precaria y eso se refleja en altos niveles de deserción y bajos retornos a los egresados del sistema que tienen pocos años de escolaridad. La educación en Venezuela está profundamente estratificada y reproduce la estructura de la pobreza, porque no representa una herramienta para apalancar la productividad de los ciudadanos, y los salarios y la precariedad de los empleos da testimonio sobre ello. Para continuar con el ejemplo de la captación de rentas en forma de privilegios veamos cómo las universidades, los inventores de la Política en la Venezuela moderna, se hacen con la mayor porción del presupuesto destinado a educación, castigando a las escuelas primarias y sobre todo a la educación media. Para ilustrar el argumento tomemos las cifras del análisis de Presupuesto Nacional que hizo Transparencia Venezuela para el 2013: el gasto en educación integral per cápita, que contempla los niveles inicial, primario, medio y especial, es aproximadamente de Bs. Bs. 6134 al año (tomando el gasto en educación integral y dividiéndolo entre el número de inscritos en ella), mientras que el gasto per cápita en educación superior es de Bs. 142.567 anuales ¿Captura o no el sector universitario un privilegio monetario que genera un sub-óptimo para la sociedad? Es claro que con el primer gasto no podría pagarse una educación de calidad para cada estudiante de educación integral, lo que ha hecho que cada vez más el sector privado ofrezca una respuesta competitiva a las demandas de educación. Y  son los sectores de mayores ingresos los que pueden pagar una mejor educación para sus hijos, y eso afinca las brechas entre los estratos. Al final, eso se traduce en que el beneficio del subsidio desproporcionado a educación superior lo gozan en mayor proporción los sectores de ingresos altos ya que la calidad de su educación integral les hace destacarse en la universidad.

Entonces, por supuesto que la pobreza en Venezuela es un tema de ingresos, porque es un problema distributivo de la renta que captura el Estado y no depende de la productividad de los ciudadanos, todo apunta hacia ello. Y como la capacidad distributiva del Estado depende de su nivel de ingresos entonces la pobreza en Venezuela es una variable con alta correlación y en sentido inverso de los precios del petróleo: sube el precio del petróleo, baja la pobreza en Venezuela; baja el precio del petróleo, sube la pobreza en Venezuela. Y ello porque el gobierno de turno nunca tiene incentivos para democratizar el conocimiento sobre cómo se maneja la renta petrolera, sino mas bien a mantener el tema en la penumbra. Por ahora, esa renta petrolera mantiene los ingresos medios del país por encima de la línea de pobreza y se puede aseverar que la pobreza se solucionaría con un mejor sistema de distribución, el problema está en que eso es cierto mientras se mantenga el precio del barril, porque por si fuera poco, Venezuela no tiene capacidad instalada para aumentar su producción en caso de una caída de precios que compense una posible caída en los precios del crudo.

Además esta dinámica de ingresos exógenos a la economía Venezolana, específicamente hablando de los petrodólares, generan presiones inflacionarias constantemente y dado que el Banco Central no es autónomo no maneja una política monetaria independiente, entonces tenemos una inflación incesante, producto de una economía inflada por los precios pero que, por no haber una política que permita que aumente la productividad, condena a los ciudadanos a empobrecerse en términos reales. Y la productividad no crece porque el Estado, como se dijo al principio, tiene la economía capturada para sí: el Estado venezolano no cree, y nunca ha creído, en el mercado sino en la economía dirigida… antes lo llamaban desarrollismo, fomento, ahora economía planificada. El Estado regula –y siempre, desde el Convenio Tinoco en 1934, ha regulado- el tipo de cambio para mantenerlo apreciado (consecuencia del precio real del petróleo), regula las tasas de interés, compite deslealmente en la captación de fondos para financiamiento, regula precios, brinda protección. No hay convicción de mercado en Venezuela y nunca la ha habido, y la historia económica del mundo ha demostrado que sólo en el mercado crece la producción. Con producción es que salen las sociedades de la pobreza de manera sostenible.

Y no es que yo crea que Venezuela esté condenada a la pobreza, pero mientras continúe el desentendimiento de la importancia del petróleo en nuestra economía y en nuestra política, mientras el manejo de la renta se mantenga opaco y además en manos de los políticos de turno (y no de manera independiente), mientras el Estado continúe capturando la economía para sí a través de la regulación el problema de la pobreza en Venezuela será de distribución, al servicio de construir capital político, cosa que además se exacerba en un contexto de reelecciones indefinidas. Mientras no haya convicción de mercado entre los venezolanos la pobreza seguirá caminando por encima de la riqueza que le subyace; continuaremos observando una sociedad estratificada, con una permeabilidad social que dependerá del precio del petróleo y la capacidad del gobierno de mover las líneas de pobreza a su antojo.

De la educación en valores y los sueños de cambiar al país

Hoy en clase de Economía Política hice un click que me pareció vale la pena compartir.

 

Extensa ha sido la perorata sobre la importancia de los valores para construir una sociedad próspera y de cómo esta es la clave del cambio (el cambio para mejor, por supuesto); cierto, creo que el tema valores es central para alcanzar el desarrollo pero –como todo- hay que tener cuidado con cómo se aborda esta empresa.  Siempre escuchamos que «este país lo que necesita es que cambie la gente», queriendo decir que lo necesario es cambiar los valores de los ciudadanos. Ahí es donde viene mi punto.

La economía política bordea la incómoda situación de tener que emitir un juicio ético sobre los buenos valores y los malos valores diciendo que hay una serie de valores que promueven el crecimiento económico y otros que no. Digamos entonces que los valores que impulsan el crecimiento –y por tanto se infiere que desarrollo y bienestar- son los valores deseables. Éstos tienen mucho que ver con la confianza en el otro, el respeto por los acuerdos, la ambición, el emprendedurismo, entre otros. Aguantemos esta definición momentáneamente.

A su vez, quienes vivimos en países en vías de desarrollo y soñamos con «cambiar el país» realmente hablamos de cambiar sus instituciones, e intuitivamente sabemos que las personas son quienes les dan vida, y que para alcanzar nuestra meta hay que influir en esas personas para que se comporten de acuerdo con los valores deseables que habíamos hablado. Es muy importante la postura con que se asume este hecho ya que sienta la premisa de tu estrategia: 1) puedes creer que «la gente» no tiene valores, o 2) puedes creer que «la gente» tiene un set de valores que no necesariamente son los valores deseables.

Pareciera que estoy diciendo lo mismo pero no es así, la primera premisa supone que el individuo que se quiere someter a cambio tiene un déficit de capital humano (¿?) y que por tanto todo lo que requiere es educación que reduzca lo que llaman los economistas las asimetrías de información. Es como decir que tienes un vaso que está medio lleno de agua y que lo que necesita es que le agregues un poco más de agua para completarlo.

Muy distinta es la segunda premisa pues parte de que la persona ya posee un set de valores –entendiendo valor como aquello a lo que se le da importancia- que no pertenecen al conjunto de los valores deseables [para el desarrollo]. Este punto de partida no te lleva directamente a la idea de educar en valores porque no es que esa persona desconozca los valores deseables sino que cree que por ahí no va la cosa (no porque tenga anti-valores, sino que tiene valores primarios que no promueven el crecimiento como son la solidaridad, la gratitud, el familismo moral, etc.). Esa persona tiene el vaso lleno y para meterle más agua parte del contenido actual debe salir antes; y esto es muy difícil porque nadie cree que su forma de obrar es incorrecta, instintivamente todos pensamos que hacemos lo mejor que se puede hacer (nadie se cree el malo de la película). Bajo esta óptica hay que jugar por el lado de los incentivos que hagan que la persona voluntariamente vacíe su vaso y reaprenda por sí misma, o sea libre de no hacerlo y asumir las consecuencias.

Viéndolo así, pienso que es harto arrogante pararse sobre la primera premisa porque es creer que se tiene los pelos en la mano y que se puede dar una receta de cajita a un problema complejo, en lugar de aceptar que la cosa es compleja y que hay que sentarse a pensar en todos los jugadores y sus incentivos a actuar. Y ojo, no quiero decir con esto que la ética no tenga cabida en el pensamiento de la política pública, pero primero entender y luego juzgar. Sólo funciona en ese sentido.

Electores Irracionales

La política está profundamente inmersa en nuestras vidas, es una realidad omnipresente de la convivencia en sociedad. Ella se manifiesta en cada uno de los recovecos de lo permitidos, lo que podemos y no podemos hacer; si puedes decir que tu propiedad es tuya y no de otro, si puedes practicar una religión sin ser discriminado, o si puedes gastar tu dinero como se te antoje es definido y garantizado por la política del sitio en el que vives….

Cuando uno se pone a pensar el fenómeno de la democracia como lo he descrito arriba pensaría que todos los ciudadanos estarían dispuestos a votar por el candidato óptimo, el que se sabe hará el mejor trabajo posible y nos llevará a todos a convivir en un óptimo social. Uno se vería tentado a fantasear con la idea de que cada votante haría un minucioso proceso de evaluación y escrutinio de cada candidato: su historia, su campaña, sus propuestas, su lenguaje. Pensaría que cada elector elaboraría un sistema de preferencias claras y de pros y contras de cada candidato, que les asignaría una detallada calificación de utilidad a cada categoría; después de eso analizaría las consecuencias futuras de la implementación de las políticas prometidas por cada candidato, las descontaría a tiempo presente a una cierta tasa de interés, tan suya como sus expectativas; cada elector interpretaría los valores presentes de las utilidades estimadas para cada candidato y decidiría cuál es el óptimo. Y si así fuera, la respuesta sería obvia para todos, al menos si la política conviviera dentro del mundo de nuestra tan querida y citada economía neoclásica.
Pero no es así, no somos el homus economicus, somos el Homero Simpson promedio que toma su decisión para candidato presidencial como toma la decisión de qué tipo de snack comprar: intuitiva, sesgada e irracionalmente. Profundicemos observando el comportamiento de los votantes opositores en las Primarias Presidenciales 2012…. (Sigue leyendo aquí: Electores Irracionales)

Conversatorio con Carlota Pérez (parte II): La Sociedad en Pleno Cambio de Paradigma

 El conversatorio siguió, pero era demasiado rico como para resumirlo en una sola entrada, así que me tomé el abuso de hacer dos post. La segunda parte –del post, no de la revolución- va del comportamiento de la sociedad y sus distintos actores en la adopción del nuevo paradigma.

La Dra. Carlota Pérez describe a tres grandes actores y qué tareas deben llevar a cabo para que efectivamente florezca plenamente el nuevo paradigma:

  1. El Estado: -sí, por más capitalista que haya sonado en mi post sobre el Dr. Porter, yo creo en el rol del Estado-. En una forma muy moderna e informada, el Estado debe retomar su papel visionario del cambio y creador de las condiciones –ojo: condiciones, no ejecución- necesarias para que el nuevo paradigma se dé. Eso es a grandes rasgos, la modernización del marco legislativo-institucional y la construcción de infraestructura que corrija las fallas de mercado que no permiten que esta se masifique. Por ejemplo, construcción pública de redes de electricidad o carreteras que incluyan fibra óptica para divulgar el acceso a internet, o la actualización del Código de Comercio para que incluya el e-commerce.
  2. Los Mercados Financieros: desmontar el casino y retomar la inversión productiva que permita crear riqueza para el financiamiento de la economía real. Esto es, dejar de exprimir a los empresarios en reporte de utilidades y permitirles invertir en reinventarse a sí mismos por medio de la inversión en renovación de capital, tecnología, etc. … «Un cambio tecnológico expande, profundiza y transforma los mercados».
  3. El Sector Productivo: repensar su actividad productiva y adaptarla al nuevo paradigma. Este último da mucha tela que cortar, pues tiene que ver con las oportunidades y características de cada economía. A grandes rasgos es la actualización de todas las industrias, y en este proceso se abren infinitas oportunidades de trabajos por realizar, debería ponerse de moda el emprendimiento si se entiende la magnitud del cambio que se viene.


En particular, esta revolución tecnológica, acortadora de distancias por excelencia tiene el potencial de repotenciar y reposicionar a las empresas locales, revalorizar lo especializado y autóctono, exótico para el que lo compra desde lejos, y sobre todo detener las migraciones de las zonas menos pobladas a las ya saturadas. Un mundo que entienda este paradigma de emprendimiento puede preservar su diversidad cultural y estar orgulloso de ella, pues quedaría demostrado que el desarrollo puede llegar a todos los rincones en donde habite el hombre.

Para que esto se geste, en especial en estos tiempos minados de redes, debe haber una sinergia fluida entre cada uno de estos tres agentes. Y si me permite la Dra. Perez, creo que para ello, deben bajar los egos y prevalecer las voluntades de progreso.

«Las revoluciones tecnológicas son una cosa generacional… Hasta que lo que crecieron jugando Nintendo lleguen a ser jefes [de empresas y gobierno] no se pueden hacer cambios profundos»

 

Conversatorio con Carlota Pérez (Parte I): La Revolución Tecnológica

Mientas más se lee/conoce uno siente que sabe menos y se entristece porque siente que es imposible absorber todo el contenido que se está generando. Creo que es porque el mundo de la investigación  te permite soñar con un mundo distinto, en el que pareciera que hemos comprendido los errores del pasado y visualizamos las oportunidades abiertas para el futuro. A mí me pasa.

En esta ocasión me mueve un conversatorio con la Dra. Carlota Pérez con CAF [en video], experta en el estudio de la simbiosis entre la tecnología y el desarrollo, llamado Crisis Financiera y Desarrollo Sostenible, Latinoamérica Siglo XXI; simplemente: impecable.

La referencia es a su obra Revoluciones Tecnológicas y Capital Financiero, y plantea que la crisis que acaba de vivir –y aún está viviendo- el mundo no es cualquier crisis, más bien es una muy especial, una que marca «un movimiento pendular» entre la primera y la segunda fase de las revoluciones tecnológicas que cambian paradigmas en el mundo. De acuerdo con su teoría, desde la  Revolución Industrial ha habido cinco de estas.

La primera fase consiste en un boom financiero originado obviamente en zonas de libre mercado que permiten el financiamiento de la explosión creativa, de la innovación tecnológica. Es una fase que empuja la instalación de las nuevas tecnologías por el lado de la oferta, o lo que es lo mismo, que pone la nueva tecnología de moda –al mejor estilo de Say– y hace que un grupo de gente lo use desmedidamente (imagínense el caso actual de las redes sociales, hasta los perros tienen Facebook y las panaderías twittean la hora a la que sale el pan caliente). Esta etapa se caracteriza por polarizar el ingreso, los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres, lo que trae toda clase de roces sociales –incluso más allá de las fronteras- como migraciones y terrorismo debido a que es la decadencia del paradigma anterior. ¿Les suena conocido?

Al final de esta primera fase se genera una crisis financiera mayúscula producto del «desacoplamiento de la economía real y la economía de papeles», lo que quiere decir que las finanzas van por un lado y la producción por otro, y se monta un casino financiero en el que es posible invertir en los NINJA; la última crisis de esta naturaleza fue la del ‘29. Los mercados financieros crean valores de valores, un castillo de cartas que no tiene otro desenlace que el desplome, y eso es porque la economía real, la empresa productora de bienes y servicios, camina mucho más lento en temas de inversión innovadora. También podríamos hacerle check a esto, ¿no?

La segunda fase de la Revolución Tecnológica consiste en la famosa bonanza, la era de oro del paradigma al que se pertenece: los 50 y 60 para la producción masiva de automóviles, los 20s para la era de la electricidad y la masificación del acero, y así mismo hacia atrás; es la dinamización del lado de la demanda. De acuerdo con la Dra. Pérez esa es la fase que viene ahora, en nuestros tiempos se refiere la Revolución de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC). La bonanza viene caracterizada por la absorción masificada de la tecnología en boga por parte del sector productivo, cambiando por completo el funcionamiento de la sociedad; «se genera un nuevo sentido común», una nueva manera de vivir. Por ejemplo, ¿hoy en día, alguien se sorprende de los vehículos automotores o la electricidad? No, eso ya pasó, hoy se da por sentado. Además, su masificación intensifica el desarrollo de políticas sociales que cierren las brechas de la primera fase de la revolución, como el Plan Marshall o las reformas laborales de las fábricas del siglo XIX.

¿Mata un paradigma al otro? En cierto sentido, lo mata porque ya no es el foco de desarrollo e innovación, pero tampoco deja de existir el anterior, simplemente madura y pasa a ser un supuesto base para el desarrollo del nuevo paradigma. Por ejemplo, las TIC no serían posibles sin la electricidad, el cableado del teléfono, etc., etc., etc. El nuevo paradigma complementa y transforma al anterior de forma generalizada.

Señores, eso quiere decir que este es el momento para montarse sobre la ola de las TIC antes de que ella nos pase por encima.

¿Tú, ya te montaste?

Creando Valor Compartido con M. Porter – Notas y Reflexiones

Lo más importante en la vida es aceptarse a sí mismo como es, por ejemplo, tener la capacidad de reconocer que soy una galla –geek para los no venezolanos- y felizmente emocionarse por ver una videoconferencia con un duro de la Hardvard Business School, Dr. Michael Porter, autor de uno de los libros que estudiamos el año pasado en Economía de Empresas. Más aun, tener la personalidad de comentárselo a mis amigos y encima de todo eso, publicar un artículo. Culpable.

A continuación les presentaré mi síntesis/reflexiones de la videoconferencia Creando Valor Compartido: la nueva propuesta estratégica de Porter.

Desde que se tiene cuenta, el Capitalismo ha sido ampliamente difamado. Sí, sé que esta mera frase acaba de cambiar la entonación, percepción y hasta la postura corporal de quienes están leyendo, pero continuemos.

El Capitalismo se refiere al sistema económico que dispone de la propiedad privada como piedra fundamental de la producción. Sin embargo, antes de que algún historiador acuñara el término ese había sido el orden de las cosas, la producción y venta privada o particular al servicio del público. Pero para evitar connotaciones impresas por años de literatura de izquierda es más sencillo conversar, como el señor Porter, en términos de «negocios».

Y la cuestión que Porter vino a hablarnos de la importancia de la creación de Valor Compartido en los negocios. El Dr. Porter comienza proponiendo la siguiente premisa: los negocios son las únicas instituciones en la sociedad capaces de crear valor, los gobiernos administran la Política Pública, las ONG ayudan en áreas de interés social, pero la empresa es quien tiene la capacidad de tomar un insumo y convertirlo en otra cosa, vendible, al imprimirle trabajo; es mágico. Sin la existencia de las empresas y su inherente proceso de innovación, nadie cobraría sueldos ni impuestos, y el mundo en general entraría en un proceso de estancamiento -¿suena conocida, Venezuela?-. Los negocios son la fuente creadora de bienestar sostenible.

Prosigue proponiendo que quienes hacen negocios siempre han intentado ayudar a los menos afortunados, y bosqueja un modelo de madurez de la conciencia social de las empresas que va de la siguiente manera:

  • Al principio, lo más intuitivo es la filantropía, incontables cantidades de dinero donadas a causas benéficas. Y no es mala, es bastante bondadosa y ayuda muchísimo a los casos de emergencia, pero ya todos estamos de acuerdo con que regalar el pescado no es suficiente, hay que aprender a pescar.
  • Segundo, la cultura corporativa se reconoce como la fuente  de riqueza y nace la Responsabilidad Social Empresarial. En algunos Estados más coercido que en otros, mas surge la idea de que la empresa tiene la capacidad de generar bienestar en su comunidad mediante el uso de sus utilidades. No obstante, afirma Porter, esta dinámica es de poco impacto social ya que es demasiado desfragmentada y en muchos casos aleatoria. Como diría el economista Jeffrey Sachs, «no ayuda a los más pobres entre los pobres a salir de la trampa de la pobreza»
  • Ahora, continúa el autor, comienza una nueva etapa en la manera de hacer negocios con conciencia social: la creación de Valor Compartido, que consiste en replantear la forma de producir, no pensando en vender a toda costa, sino en cómo afecta el consumo al bienestar de quienes lo adquieren. Suena ligera la sugerencia, pero cambiaría radicalmente la manera en laque operan los mercados de hoy.

El Dr. Porter plantea una nueva concepción del «negocio», mediante el cual la empresa privada atiende a las verdaderas necesidades sociales –no busca crear necesidades efímeras- y afecta positivamente las vidas de quienes consumen su producto, y si el mismo es insumo de un producto secundario se genera un círculo virtuoso en el entorno de la empresa. Estamos hablando de un cambio de paradigma, a lo que en mi cabeza etiqueté como «Capitalismo Social»; es tomar las ventajas del Capitalismo contemporáneo –que incluye todas las regulaciones y tratados correctivos que ha aportado la economía política- y utilizarlo como catalizador del desarrollo.

Este «Capitalismo Social» es el único capaz de crear empleos y bienestar, así como de dar sostenibilidad a la resolución de problemas sociales, no porque yo sea una defensora a ultranza, sino porque es el modelo que genera los incentivos necesarios como para que las personas se dediquen a tiempo completo a resolver necesidades no satisfechas de manera eficiente y en constante reinvención.

« [El desarrollo] no puede ser algo que se deja para hacer el sábado en la mañana»

Michael Porter