La miseria y otras mentiras piadosas

red pillsMe asquea cada vez que alguien sale con el comentario ridículo de que vivimos en el país más feliz del mundo. El más disociado, me gusta pensar.

Por eso recibí con sabor agridulce la noticia de que el Cato Institute había publicado un estudio de Steve Hanke, un Senior Fellow de Johns Hopkins,  sobre un índice mundial de miseria que había arrojado –por mucho– a Venezuela como campeón de la medalla de oro: sin vacilar, la reseña catalogaba a Venezuela como el país más miserable del mundo.

Por instinto reté la teoría, más por costumbre de entender la metodología antes de creer el argumento que otra cosa. El índice utilizado en el artículo era una evolución del índice de miseria de Okun, una suma de la tasa de inflación y la tasa de desempleo de la economía. El índice de Arthur Okun fue completado por Robert Barro, quien le agregó el rendimiento de los bonos soberanos a 30 años y restó el crecimiento anual per cápita del PIB; es decir, el índice mide la combinación de que su dinero pierda valor, la probabilidad de que esté desempleado, que el gobierno le cobre más impuestos o reduzca el gasto fiscal para poder pagar la deuda pública y los cambios en su poder de compra –sí, todo eso se puede sumar porque son tasas expresadas en porcentajes. Desde un punto de vista estrictamente económico, la idea es que mientras más alta la suma (mayor valor del índice), más ha empeorado la situación del ciudadano promedio, lo cual sirve de indicador para medir su nivel de vida; si empeora puede medir su sensación de miseria. El índice es relativo, es decir, compara a las sociedades con su propio pasado y no en términos absolutos, lo cual va muy de la mano de la teoría prospectiva de Kahneman y Tversky, que afirma que el ser humano valora de forma asimétrica las pérdidas y las ganancias. El pago de la pérdida es desproporcionadamente grande y en sentido negativo, con respecto a las ganancias que tienen sentido positivo.

Ok. Entendida la metodología procedí a leer la tabla:

misery index 2013

 

Según el índice, la inflación venezolana durante el 2013 fue tal (el estudio toma en cuenta la subestimación oficial y hace la salvedad sobre las diferencias por devaluación y depreciación del tipo de cambio en el mercado negro) que los venezolanos somos las personas más miserables del mundo, por la simple razón que el deterioro económico del año pasado fue sencillamente masivo. Una sonrisa imperceptible se me derramó hacia el cachete izquierdo.

¡Por supuesto que era cierto! ¿Cómo podía haberlo dudado por un segundo? No tenía que decírmelo Hanke con un índice elaborado, basta con ver la cuenta de la panadería cada dos días, con la factura del automercado y los anuncios matutinos de mi madre para hacernos saber que se acabó tal cosa y que el que vea por favor compre; basta con recordar que no logro comprar ningún activo, que me faltan dedos en la mano para contar a mis amigos que han vivido secuestros, que ni que incluya los dedos de los pies puedo contar a la gente querida que se ha ido y se sigue yendo, hastiada y sin ganas de ver para atrás… basta con leer a Willy McKey que con elegancia literaria nos recuerda cuán jodidos estamos. Y esas son solo las variables observables… ni se hable de la pérdida de libertades, de la frustración y la resignación a la idea de que en Venezuela la respuesta siempre es «No». No hay. No se puede. No me da la gana de hacer el más mínimo esfuerzo. No. No hay diálogo. No me interesa. No se va a resolver a menos que te bajes de esa mula. No. No hay sonrisas ni pa’ un remedio.

Me quedé mirando la pantalla, inmóvil, sintiendo esa pequeña punzada que me da en la muñeca derecha luego de tantas horas frente a la computadora.

«Con razón la gente se convence con la idea de que Venezuela es un país feliz», pensé, «como dice Sabina, ciertos engaños son narcóticos contra el mal de amor»

ROMPECABEZAS TRICOLOR

No debe haber frase más trillada entre los opositores venezolanos que: «por eso es que los chavistas siguen ganando, porque piensan igual, en cambio nosotros no nos ponemos de acuerdo». Y eso, se me hace muy perturbador.

Primero, porque evidencia que la oposición venezolana –que se considera a sí misma demócrata– no entiende que vivimos en un gobierno militar. Puede verificarse con el tren de ministros, gobernadores y demás miembros de la cúpula del alto mando, el que no es militar se viste de y se comporta como. El chavismo habla de «batallas» y «victorias», de «guerra» y de «órdenes» sin ningún pudor; y la simpatía por esa charla desdibuja las líneas entre el liderazgo y la autocracia, al igual que delata que en el imaginario venezolano el militarismo está perfumado de ferormonas.

Segundo, porque demuestra que se sobreestima el tema de la unidad. La MUD no es otra cosa que una coalición electoral, una alianza política entre aquellos que se paran del otro lado de la acera frente al militarismo chavista de ínfulas totalitarias, pero no por ello es un bloque homogéneo y eso está bien ¿por qué lo creo? Porque demuestra la real convicción de democracia moderna: diversa de pensamiento, pero capaz de negociar acuerdos en nombre de la convivencia y el bien común.

La democracia, no la patraña electorera que vivimos, es un sistema que garantiza un marco de respeto para que los que piensan distinto tengan voz y voto en el proceso de hacer gobierno, de tomar decisiones en representación de lo que piensa el pueblo (distinto depuebloh). No es, como ha querido hacer pensar el chavismo, que quien tiene 50% + 1 votos adquiere licencia para hacer y deshacer a su antojo, atropellando por completo a todos los demás.

De ser así, los demócratas no debemos caer en la tentación de pensar que las cosas serían mejores si todos pensáramos igual ¡Para nada! ¡Eso es lo que buscan los regímenes totalitarios! Por eso se uniforman y amalgaman su discurso ¿no lo nota en las declaraciones oficiales? Pareciera –pareciera– que son una masa homogénea, y al que se medio se salga del carril demostrando que ha conectado dos neuronas le sale regaño, porque así funciona el ejército, se hace lo que dice el jefe de más alto rango. Punto. Los demócratas pensamos distinto: cada quien es libre de hacer de su vida un florero si así lo desea siempre y cuando respete las normas de convivencia, pero nadie tiene derecho a decirnos qué pensar y cómo opinar.

Esta discusión la tengo con frecuencia, sobre todo en días tan agitados como los que hemos vivido recientemente, y me gusta plantear el siguiente ejercicio: imagínese que es usted el dictador de turno ¿qué haría?, ¿qué excentricidades se permitiría?, ¿cómo conduciría la economía?, ¿tendría una fachada de elecciones o simplemente se auto-coronaría?

Yo creo que suspendería ese cuento de las elecciones, simplemente porque me parece ineficiente la cantidad de dinero que se gasta en propaganda. También creo que prohibiría la difusión por radio y televisión cualquier tipo de evento deportivo, porque tan sencillo como que me aburren. Quizás, tendría que considerarlo, retiraría cualquier apoyo financiero a la producción de carne de res, cerdo o embutidos, porque como yo no como de eso ¿para qué habrían de ser vendidos? Y la gente alta del país sería deportada, porque como mido un metro cincuenta y cuatro me molesta que la gente sea tan alta. Sí, sería algo en esa nota.

¿Le incomodó alguna de mis políticas? ¿Siente que se vería afectado por alguna de ellas? ¿Cree que su vida sería más infeliz si yo fuese dictadora? Seguramente, porque el ser humano es más feliz cuando tiene la libertad de hacer lo que le place.

Entonces, la crisis política que enfrenta Venezuela no es un tema de si hay chavismo sin Chávez. La crisis política que tenemos en las narices es que tenemos en ejercicio un gobierno que no le interesa (o no es capaz de) escuchar opiniones distintas a la suya, no tiene convicción de democracia, y se enfrentan, como dijo aquella señora con el nudo en su garganta, ideas con balas. No es el mismo lenguaje, no es el mismo sistema, no se juega con las mismas reglas de un lado que del otro.

Estamos estancados en ese equilibrio perverso, donde los militares tienen el poder, y no han querido ni quieren escuchar a los demócratas. Y a la vez, los opositores no aceptan su condición de diversos, enfrascándose en la obsesión de conquistar una «mayoría suficiente», coqueteando quizás con la idea, no de moverse hacia un sistema democrático, sino simplemente de volver a darle vuelta a la tortilla.

Rompecabezas

 

 

Publicado en Erika Tipo Web

Confiados

Hay un clima tenso de ilusión esperanzada, ese que se respira cuando muchos esperan cambios. Un candidato. De nuevo se pinta el mapa de un solo color y el inconsciente colectivo ya lo da por sentado: llega el fin de una era. Lo escuchas en las palabras de la gente «cuando seamos gobierno», «cuando se haya ido», «cuando…cuando…cuando…». Conocidos comienzan a hacer planes; planes de compras, de inversiones, de futuro. Es bonito ver que la gente confía en una tierra para echar raíces, pero ¿es así de simple? ¿Ya lo dimos por hecho?

La psicología me ha contado que somos seres inminentemente asimétricos en actitudes y decisiones, que solemos ser sobre-optimistas con las cosas que queremos y que nos encanta materializar rápidamente lo que pareciera dar frutos –a veces nos comemos el mango verde por no esperar a que madure; y que prolongamos deshacernos de las malas inversiones con la secreta fe de que pronto mejorarán las cosas. Extraños ciertamente. Y no es que seamos especiales al norte del sur, es que somos así, humanos todos procrastinadores de lo trabajoso, pero ansiosos por acostumbrarnos rápidamente a cosas mejores. Confiados.

Y es en medio de esa visión que me aterra que nos adelantemos a los hechos, que nos hayamos confiado seis meses antes del momento de la verdad de cuáles serán los resultados, no porque no tengamos derecho a soñar sino porque confiados de que el destino está de nuestro lado no haremos mucho para alcanzar la meta. Es así, confiados de que los otros 2.999.999 pre-electores harán el trabajo de conseguir dos votos, más nosotros mismos alargaremos la tarea; confiados de que los jóvenes harán campaña, los mayores se arrinconarán en las esquinas de sus sofás; confiados de que los universitarios irán a cuidar los votos en donde más se necesita, los demás se dedicarán a leer la prensa; confiados de que mucha gente salió a votar, otros –los que hacen la diferencia- se irán a la playa, al río, a la montaña.

 

Y de haber cambio confiaremos que lo que hacía falta era el canje de unos cuantos y no asumiremos la responsabilidad de modificar las prácticas sociales, porque siempre es más fácil culpar a alguien más. Y confiados quienes hayan ganado creerán que 100 mil votos (de diferencia) equivalen a 30 millones, y creerán que sólo es un problema de inflación e inseguridad; que basta con darle platica a los policías y cambiar al presidente del BCV. Rapidito.

Pero resulta que detrás de ese velo de retórica pintoresca, detrás de los antifaces y los dimes y diretes hay un aparato gubernamental podrido, enfermo de ineficiencia y corrupción. El Estado venezolano de hoy es una colcha de retazos pegados con hilo, pega y teipe, una colección de políticas bienintencionadas pero tóxicas para el buen funcionamiento de la administración pública. Son años -y no sólo 13- de políticas, programas, chanchullos y gastos que se llevan a cabo por las razones equivocadas y luego no hay manera de quitarlos porque hay mucha gente involucrada. Tomemos el ejemplo de las pólizas de seguro para los empleados públicos: aquí el Estado reconoce su completa incapacidad de proveer un sistema de salud pública de calidad y por tanto paga pólizas de seguros privados para que sus empleados vayan a clínicas privadas; el gasto es tan grande que impide al Estado hacer las inversiones pertinentes en materia de salud pública y por tanto termina sólo pagando sueldos de médicos y enfermeras. Y eso es sólo un botón, el Estado venezolano está minado de situaciones como ésta y por tanto preñado de ineficiencia e injusticia. No es que el gobierno no tenga dinero para resolver los problemas, es que la administración está corrupta hasta los niveles más profundos, y no hay mecanismos para evaluar de fondo las políticas corrientes que traigan al Estado venezolano al siglo 21.

Pero nos confiamos en que sólo hace falta un cambio de candidato, porque es lo fácil, y dejamos que el resto haga el trabajo, porque es lo cómodo. Y seguimos soñando, confiados, esperando que el próximo que venga sea quien se ocupe de estas cosas, mientras tanto seguimos pensando en ese «cuando…»

¿Me perdí la llamada?

….Hoy caminaba por la calle, un día como cualquiera. Caminando, pensando, un poco más rápido de lo que me hubiese gustado porque el sol estaba picantoso.

De repente un sonido, era el ring de un teléfono que no era mío, y no había nadie más alrededor; un pequeño susto y me detuve, cuando miré a mi alrededor me di cuenta de que estaba al lado de un teléfono público y el sonido venía de ahí. Lo vi, confirmé que era ese el que sonaba y no puede pensar otra cosa que « ¡Oh por Dios, será la Matrix?

¿Será que este es el wake up call

Las aceras de Sucre, un buen camino

Soy inmigrante en este municipio, no crecí acá y no conozco su trayectoria política, pero un testigo es lienzo irrevocable de la historia urbana que aquí se ha vivido: sus aceras.

Las aceras de Sucre me cuentan de su descuido, de su envejecimiento natural producto de tantos años de servicio. Cada día, en mi caminata a algún destino, me enseñan sus incontables arrugas, surcos grandes y pequeños causados por el inclemente sol tropical; esas arrugas que ya son más evidentes que el rostro que algún día ellas portaron en su juventud.

Me cuentan de su desgaste, y me dejan ver sus parches de piedra viva, pues la lluvia ha ido lavando su cara y desvaneciendo su forma, y se avergüenzan. Cada día me muestran su infinidad variopinta de parches, evidencia de que cada gestión fue tapando el hueco urgente y no la erosión sistemática.

Las aceras de Sucre hablan de que tiraron la toalla en la lucha contra las raíces de los árboles, y ahora las exhiben sin mayor preocupación. Incluso se sonríen con los troncos que crecieron cuadrados en la base, y añoran aquellos años cuando tenían fuerza para contenerlos.

Ellas predican que en una época, tan lejana que sus recuerdos se hacen difusos, cada alcantarilla tenía una tapa. En aquellos días, me dicen, sus narices se erigían altas por encima del pavimento asfaltado quien era apenas un tripón, pero él siguió creciendo con cada campaña electoral y ellas se fueron quedando en el olvido. Se encogieron.

Con buen humor, las aceras de Sucre me cuentan que antes su entretenimiento era ver los niños correr a toda velocidad. Ahora su parte favorita del día son las divas entaconadas que se enganchan cada tres pasos y las viejitas que se tropiezan arrastrando el carrito del mercado…«la vejez viene acompañada de un toque de cinismo, mija».

Me susurran que están sorprendidas porque pensaban que, habiendo crecido en estas calles el actual alcalde, finalmente les harían el añorado make-over por el que tanto han esperado, y con el que aún fantasean«Pero qué va, chica, los muchachos crecen y se olvidan de una».

Y aun así las aceras de Sucre hacen su mejor esfuerzo cada día para que los cientos, quizá miles, de ciudadanos que caminan por ellas lleguen a sus respectivos destinos lo más rápido posible, los escuchan cuando creen que están hablando solos y sin saberlo los aconsejan. Las aceras de Sucre siguen soñando con el día en que recuperen el nombre de «Buen Camino».

Conversatorio con Carlota Pérez (parte II): La Sociedad en Pleno Cambio de Paradigma

 El conversatorio siguió, pero era demasiado rico como para resumirlo en una sola entrada, así que me tomé el abuso de hacer dos post. La segunda parte –del post, no de la revolución- va del comportamiento de la sociedad y sus distintos actores en la adopción del nuevo paradigma.

La Dra. Carlota Pérez describe a tres grandes actores y qué tareas deben llevar a cabo para que efectivamente florezca plenamente el nuevo paradigma:

  1. El Estado: -sí, por más capitalista que haya sonado en mi post sobre el Dr. Porter, yo creo en el rol del Estado-. En una forma muy moderna e informada, el Estado debe retomar su papel visionario del cambio y creador de las condiciones –ojo: condiciones, no ejecución- necesarias para que el nuevo paradigma se dé. Eso es a grandes rasgos, la modernización del marco legislativo-institucional y la construcción de infraestructura que corrija las fallas de mercado que no permiten que esta se masifique. Por ejemplo, construcción pública de redes de electricidad o carreteras que incluyan fibra óptica para divulgar el acceso a internet, o la actualización del Código de Comercio para que incluya el e-commerce.
  2. Los Mercados Financieros: desmontar el casino y retomar la inversión productiva que permita crear riqueza para el financiamiento de la economía real. Esto es, dejar de exprimir a los empresarios en reporte de utilidades y permitirles invertir en reinventarse a sí mismos por medio de la inversión en renovación de capital, tecnología, etc. … «Un cambio tecnológico expande, profundiza y transforma los mercados».
  3. El Sector Productivo: repensar su actividad productiva y adaptarla al nuevo paradigma. Este último da mucha tela que cortar, pues tiene que ver con las oportunidades y características de cada economía. A grandes rasgos es la actualización de todas las industrias, y en este proceso se abren infinitas oportunidades de trabajos por realizar, debería ponerse de moda el emprendimiento si se entiende la magnitud del cambio que se viene.


En particular, esta revolución tecnológica, acortadora de distancias por excelencia tiene el potencial de repotenciar y reposicionar a las empresas locales, revalorizar lo especializado y autóctono, exótico para el que lo compra desde lejos, y sobre todo detener las migraciones de las zonas menos pobladas a las ya saturadas. Un mundo que entienda este paradigma de emprendimiento puede preservar su diversidad cultural y estar orgulloso de ella, pues quedaría demostrado que el desarrollo puede llegar a todos los rincones en donde habite el hombre.

Para que esto se geste, en especial en estos tiempos minados de redes, debe haber una sinergia fluida entre cada uno de estos tres agentes. Y si me permite la Dra. Perez, creo que para ello, deben bajar los egos y prevalecer las voluntades de progreso.

«Las revoluciones tecnológicas son una cosa generacional… Hasta que lo que crecieron jugando Nintendo lleguen a ser jefes [de empresas y gobierno] no se pueden hacer cambios profundos»

 

Conversatorio con Carlota Pérez (Parte I): La Revolución Tecnológica

Mientas más se lee/conoce uno siente que sabe menos y se entristece porque siente que es imposible absorber todo el contenido que se está generando. Creo que es porque el mundo de la investigación  te permite soñar con un mundo distinto, en el que pareciera que hemos comprendido los errores del pasado y visualizamos las oportunidades abiertas para el futuro. A mí me pasa.

En esta ocasión me mueve un conversatorio con la Dra. Carlota Pérez con CAF [en video], experta en el estudio de la simbiosis entre la tecnología y el desarrollo, llamado Crisis Financiera y Desarrollo Sostenible, Latinoamérica Siglo XXI; simplemente: impecable.

La referencia es a su obra Revoluciones Tecnológicas y Capital Financiero, y plantea que la crisis que acaba de vivir –y aún está viviendo- el mundo no es cualquier crisis, más bien es una muy especial, una que marca «un movimiento pendular» entre la primera y la segunda fase de las revoluciones tecnológicas que cambian paradigmas en el mundo. De acuerdo con su teoría, desde la  Revolución Industrial ha habido cinco de estas.

La primera fase consiste en un boom financiero originado obviamente en zonas de libre mercado que permiten el financiamiento de la explosión creativa, de la innovación tecnológica. Es una fase que empuja la instalación de las nuevas tecnologías por el lado de la oferta, o lo que es lo mismo, que pone la nueva tecnología de moda –al mejor estilo de Say– y hace que un grupo de gente lo use desmedidamente (imagínense el caso actual de las redes sociales, hasta los perros tienen Facebook y las panaderías twittean la hora a la que sale el pan caliente). Esta etapa se caracteriza por polarizar el ingreso, los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres, lo que trae toda clase de roces sociales –incluso más allá de las fronteras- como migraciones y terrorismo debido a que es la decadencia del paradigma anterior. ¿Les suena conocido?

Al final de esta primera fase se genera una crisis financiera mayúscula producto del «desacoplamiento de la economía real y la economía de papeles», lo que quiere decir que las finanzas van por un lado y la producción por otro, y se monta un casino financiero en el que es posible invertir en los NINJA; la última crisis de esta naturaleza fue la del ‘29. Los mercados financieros crean valores de valores, un castillo de cartas que no tiene otro desenlace que el desplome, y eso es porque la economía real, la empresa productora de bienes y servicios, camina mucho más lento en temas de inversión innovadora. También podríamos hacerle check a esto, ¿no?

La segunda fase de la Revolución Tecnológica consiste en la famosa bonanza, la era de oro del paradigma al que se pertenece: los 50 y 60 para la producción masiva de automóviles, los 20s para la era de la electricidad y la masificación del acero, y así mismo hacia atrás; es la dinamización del lado de la demanda. De acuerdo con la Dra. Pérez esa es la fase que viene ahora, en nuestros tiempos se refiere la Revolución de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC). La bonanza viene caracterizada por la absorción masificada de la tecnología en boga por parte del sector productivo, cambiando por completo el funcionamiento de la sociedad; «se genera un nuevo sentido común», una nueva manera de vivir. Por ejemplo, ¿hoy en día, alguien se sorprende de los vehículos automotores o la electricidad? No, eso ya pasó, hoy se da por sentado. Además, su masificación intensifica el desarrollo de políticas sociales que cierren las brechas de la primera fase de la revolución, como el Plan Marshall o las reformas laborales de las fábricas del siglo XIX.

¿Mata un paradigma al otro? En cierto sentido, lo mata porque ya no es el foco de desarrollo e innovación, pero tampoco deja de existir el anterior, simplemente madura y pasa a ser un supuesto base para el desarrollo del nuevo paradigma. Por ejemplo, las TIC no serían posibles sin la electricidad, el cableado del teléfono, etc., etc., etc. El nuevo paradigma complementa y transforma al anterior de forma generalizada.

Señores, eso quiere decir que este es el momento para montarse sobre la ola de las TIC antes de que ella nos pase por encima.

¿Tú, ya te montaste?

Latinoamérica

Calle 13 es una banda que suele producirme sentimientos encontrados, en este video por el contrario me dejó una idea muy clara: Latinoamérica es una y apenas lo está descubriendo.

 

 

La identidad es aquello que nos permite asentar raíces, trabajar «por lo que es nuestro» y asumir las responsabilidades. Es esa identidad de «pueblo» la que hace grandes a los continentes, porque entender que nadie se parece más a nosotros mismos que aquellos que vivieron lo que nosotros, que quizá en otros tiempos tuvieron la misma nacionalidad que la nuestra, hace que llamemos a esto «casa».

 

Creando Valor Compartido con M. Porter – Notas y Reflexiones

Lo más importante en la vida es aceptarse a sí mismo como es, por ejemplo, tener la capacidad de reconocer que soy una galla –geek para los no venezolanos- y felizmente emocionarse por ver una videoconferencia con un duro de la Hardvard Business School, Dr. Michael Porter, autor de uno de los libros que estudiamos el año pasado en Economía de Empresas. Más aun, tener la personalidad de comentárselo a mis amigos y encima de todo eso, publicar un artículo. Culpable.

A continuación les presentaré mi síntesis/reflexiones de la videoconferencia Creando Valor Compartido: la nueva propuesta estratégica de Porter.

Desde que se tiene cuenta, el Capitalismo ha sido ampliamente difamado. Sí, sé que esta mera frase acaba de cambiar la entonación, percepción y hasta la postura corporal de quienes están leyendo, pero continuemos.

El Capitalismo se refiere al sistema económico que dispone de la propiedad privada como piedra fundamental de la producción. Sin embargo, antes de que algún historiador acuñara el término ese había sido el orden de las cosas, la producción y venta privada o particular al servicio del público. Pero para evitar connotaciones impresas por años de literatura de izquierda es más sencillo conversar, como el señor Porter, en términos de «negocios».

Y la cuestión que Porter vino a hablarnos de la importancia de la creación de Valor Compartido en los negocios. El Dr. Porter comienza proponiendo la siguiente premisa: los negocios son las únicas instituciones en la sociedad capaces de crear valor, los gobiernos administran la Política Pública, las ONG ayudan en áreas de interés social, pero la empresa es quien tiene la capacidad de tomar un insumo y convertirlo en otra cosa, vendible, al imprimirle trabajo; es mágico. Sin la existencia de las empresas y su inherente proceso de innovación, nadie cobraría sueldos ni impuestos, y el mundo en general entraría en un proceso de estancamiento -¿suena conocida, Venezuela?-. Los negocios son la fuente creadora de bienestar sostenible.

Prosigue proponiendo que quienes hacen negocios siempre han intentado ayudar a los menos afortunados, y bosqueja un modelo de madurez de la conciencia social de las empresas que va de la siguiente manera:

  • Al principio, lo más intuitivo es la filantropía, incontables cantidades de dinero donadas a causas benéficas. Y no es mala, es bastante bondadosa y ayuda muchísimo a los casos de emergencia, pero ya todos estamos de acuerdo con que regalar el pescado no es suficiente, hay que aprender a pescar.
  • Segundo, la cultura corporativa se reconoce como la fuente  de riqueza y nace la Responsabilidad Social Empresarial. En algunos Estados más coercido que en otros, mas surge la idea de que la empresa tiene la capacidad de generar bienestar en su comunidad mediante el uso de sus utilidades. No obstante, afirma Porter, esta dinámica es de poco impacto social ya que es demasiado desfragmentada y en muchos casos aleatoria. Como diría el economista Jeffrey Sachs, «no ayuda a los más pobres entre los pobres a salir de la trampa de la pobreza»
  • Ahora, continúa el autor, comienza una nueva etapa en la manera de hacer negocios con conciencia social: la creación de Valor Compartido, que consiste en replantear la forma de producir, no pensando en vender a toda costa, sino en cómo afecta el consumo al bienestar de quienes lo adquieren. Suena ligera la sugerencia, pero cambiaría radicalmente la manera en laque operan los mercados de hoy.

El Dr. Porter plantea una nueva concepción del «negocio», mediante el cual la empresa privada atiende a las verdaderas necesidades sociales –no busca crear necesidades efímeras- y afecta positivamente las vidas de quienes consumen su producto, y si el mismo es insumo de un producto secundario se genera un círculo virtuoso en el entorno de la empresa. Estamos hablando de un cambio de paradigma, a lo que en mi cabeza etiqueté como «Capitalismo Social»; es tomar las ventajas del Capitalismo contemporáneo –que incluye todas las regulaciones y tratados correctivos que ha aportado la economía política- y utilizarlo como catalizador del desarrollo.

Este «Capitalismo Social» es el único capaz de crear empleos y bienestar, así como de dar sostenibilidad a la resolución de problemas sociales, no porque yo sea una defensora a ultranza, sino porque es el modelo que genera los incentivos necesarios como para que las personas se dediquen a tiempo completo a resolver necesidades no satisfechas de manera eficiente y en constante reinvención.

« [El desarrollo] no puede ser algo que se deja para hacer el sábado en la mañana»

Michael Porter