La Economía del Desgobierno

edo caricatura maduro hablaLo primero es aceptar lo siguiente: a nivel macro todos somos números. Sé que cuesta, porque todos vivimos inevitablemente sumidos en nuestra inmediatez, pero dada la imposibilidad de ver la realidad caso a caso hacemos uso de herramientas sintetizadoras como la estadística. Esto no niega todos y cada uno de nosotros seamos importantes y que cada una de nuestras opiniones sean legítimas, pero para efectos de análisis siempre seremos encasillados; lo siento por los humanistas que ven con desaprobación las prácticas de quienes estamos en el bando de los números.

Lo segundo es recordar por qué «la política» y «la economía» están casadas. Por un lado, la política es la dinámica del ejercicio del poder, es decir, el juego de los tomadores de decisiones. Por el otro, la economía es el entendimiento del sistema como organismo vivo, que no es otra cosa que el resultado de cómo se organiza la sociedad para satisfacer sus necesidades. Luego, los políticos, tomadores de decisiones en representación de la sociedad, diseñan reglas de juego para que todos podamos tomar decisiones que satisfagan nuestras necesidades; y esas reglas de juego se diseñan, por lo general, en función del contexto económico ¿Se ve? Es una calle de dos vías.

***

Febrero me ha dado mucho que pensar, creo que a todos los que vivimos en Venezuela. Reconozco que caí en un vórtice de emociones revueltas y que me hice adicta –en todo el sentido de la palabra– a Twitter, quería ver más fotos, más videos, más panfletos, más opiniones, más artículos, más mentadas de madre a algún @fulano por haber dicho o dejado de decir cualquier intrascendencia. Por casi tres semanas no dormí una noche completa, lo palpable de la incertidumbre, la repulsión a tanta fuerza bruta, a tanto cinismo, a tanta histeria y anarquía me perseguía hasta en el subconsciente. El agotamiento físico le hacía eco a la angustia que sentía en el pecho, pero también a la mezcla de trabajo + protesta + cacerolazo + ejercicio como método de desahogo, y la escritura, mi fiel amiga que encuentra musa cuando mis pensamientos se abaten.  Así que decidí que aquello no podía continuar: «¿Qué vaina es, Amanda? Tú eres una mujer grande y capaz de pensar en frío. Mente sobre todo lo demás.» –me dije a mí misma. Y mi primer instinto fue diagramar el tablero.

Hay cinco tipos de jugadores en lo político. De derecha a izquierda:

  1. El opositor radical: guarimbero que está buscando la renuncia de Maduro, capaz de caer en métodos violentos (sin implicar muertes, pero sí fuego, piedras, barricadas). Maldice a los opositores light por condenar la guarimba apelando que dictadura no cae con marchitas faranduleras. Se indigna porque sus reclamos son tan válidos como los de cualquier otro ciudadano de este país y no cree en posibilidad de diálogo alguno. Está descontento con todo lo que emana del gobierno.
  2. El opositor light: institucionalista que llama a la paz y al diálogo, que, aunque coquetee con la idea de la renuncia de Maduro, es incapaz de aceptarlo. Maldice al opositor radical por crear caos y presentar una postura que «no suma», pero sí va a marchar. Cree fielmente que no hay posibilidad de que haya un cambio si «no bajan los barrios». Está descontento con la situación del país.
  3. El escéptico: perdió la fe en la humanidad hace mucho tiempo, no se identifica ni con la oposición ni con el gobierno pero llegada la elección toma postura. No es ciego a los problemas que enfrenta el país, pero tampoco cree que Maduro renuncie.
  4. El chavista que no es madurista: izquierdoso de corazón que da buen testimonio del legado de Chávez. Votó por Maduro sólo porque fue el designado. No está de acuerdo con cómo están yendo las cosas, pero como no se identifica con los líderes opositores tampoco protesta. Está convencido de que Maduro no saldrá porque no vienen elecciones ni se ha cumplido el período constitucional para solicitar un referendo. Está descontento con la situación del país.
  5. El chavista adoctrinado: religioso del Socialismo del Siglo XXI y la Revolución Bolivariana porque se siente beneficiario directo de las políticas de Chávez. Cree en la guerra económica, en la regulación de las ganancias, en el odio fascista, en la Paz de Maduro y en todo lo que el gobierno diga. Está contento con la situación del país.

La proporción política la conocemos de memoria: un país partido prácticamente en dos. La tensión de febrero afinó cada una de las posturas y ante la adversidad cada quién se aferró ciegamente a sus creencias, negando casi por completo la posibilidad de que cualquier otro grupo tuviese algo válido que decir. Nadie cede terreno, pero todos claman democracia, olvidando que la democracia es precisamente la libertad para que cada quien sea libre de pensar como mejor le parezca y permitir que las negociaciones lleven a la sociedad al mejor resultado posible. El problema es que la democracia es una idea liberal y tenemos demasiados años viviendo un gobierno de militares. El resultado: el serrucho está trancado en el diálogo político.

Pero la economía no espera. La falta de acciones también son decisiones que se reflejan en el sistema agregado. Que el gobierno decida ignorar a medio país ha hecho que medio país decida parar sus actividades normales y se dedique a protestar. Alguien podría decir que por más masivas que hayan sido las concentraciones, no es cierto que medio país esté protestando, pero eso sería ignorar el pecado por omisión. Los opositores radicales están en las calles, los opositores light se les suman de vez en cuando, y los escépticos y chavistas-no-maduristas miran la protesta en silencio, aunque sí desaprueban del uso excesivo de la fuerza y declaraciones como las del ilustre Ministro Héctor Rodríguez. Así que la crisis de gobernabilidad es innegable: la actividad económica ha bajado el ritmo, más de lo que ya estaba. Mientras los turnos se recortan, mientras la gente no puede llegar al trabajo, mientras las personas dejan de salir y prefieren quedarse en su casa, mientras las guarimbas impiden que la logística de distribución funcione con normalidad la escasez –que ya pasaba el 30%– se agudiza, y por tanto la gente se desespera y barre con lo que queda en los anaqueles.

Pero como dijimos al principio, la relación economía-política es una calle de dos vías. El origen de la protesta es la denuncia de un grupo que no se la cala más, que siente que su calidad de vida se desmorona y el gobierno –que aunque sea electo por mayoría es representante de todos– no solo desconoce el reclamo, sino que se burla de él.  El gobierno juega a enfrentar a la oposición con una retórica ambivalente, de paz y fascismo, de guerra económica y conferencias de la verdad, sin materializar una sola concesión, sin tomar en serio lo que medio país corea: el modelo productivo de economía planificada no sirve, no crece, no es confiable. Y eso no es un invento de los empresarios venezolanos, que según los voceros de Miraflores son marcianos con rashos láser llenos de odio que lo único que quieren es la destrucción del pueblo, esa es la conclusión de 200 años de estudios económicos. Y mientras el serrucho sigue trancado se hace más ensordecedor el rugido de una economía descontenta que suena a colas, a desabastecimiento, a dólar paralelo por los cielos, a inflación voraz.

Es verdad que estamos polarizados en votos, pero a la economía eso no le importa, ella no discrimina por el simple hecho de que todos somos parte de ella, y por eso, como dijo Lorenzo Mendoza en la fulana Conferencia de Paz: en lo económico no estamos polarizados. Si tomamos a los cinco grupos de jugadores que describimos , lo más probable es que la mayoría de los venezolanos estén descontentos con la situación económica.

Yo no veo a Maduro, ni a ninguno de sus asesores, dando su brazo a torcer porque para ellos no existe otro juego que el político. Pero mi opinión individual se diluye en la masa, lo que importa, es lo que el gobierno piense sobre la mayoría.

Anuncios

Actos de Libertad

edoilustrado bienvenidos al teatro
Es deprimente tratar de soñar en Venezuela, o en cualquier lugar donde el sistema de vida sea: todo dentro del Estado, nada fuera de él.

Es desmoralizante crecer leyendo historias de eras pasadas donde la gente primitiva vivía en un sistema llamado autocracia, en el que unos trogloditas capturaban el poder y eran capaces de defenderlo hasta las últimas consecuencias, y darte cuenta un buen día  que aquello no era una fábula –que eres es un personaje de relleno en esa historia. En esos relatos se aprende de cómo había un aparato elefantiásico que servía de fachada a la institucionalidad: gobierna la mayoría que vota en unas elecciones, la administración actúa dentro del marco legal, los funcionarios de los poderes tienen nombre y apellido, y una descripción de cargo que demarca su misión (aunque actúen como brazos de un solo ente); pero todo es un teatro, una gran obra que sirve de distracción para que los espectadores –ciudadanos de carne y hueso– se entretengan mientras los actores –la cúpula– se enriquece. Sí, ese siempre es el cuento.

Y como buen teatro, los actores principales deben tener una narrativa romántica que capture el corazón de la audiencia: y qué mejor discurso que el de la reivindicación de los pobres. Desde que existe la literatura ese ha sido un tema recurrente, y desde que el mantenido de Marx lo articuló en términos capitalistas-proletariado esa historia ha deslumbrado a millones de personas generación tras generación. Que los burgueses, que la justicia social, que el capitalista es un mosntruo-devorador-de-almas-que-no-quiere-otra-cosa-que-la-destrucción-del-proletariado, porque lo odia. Por favor.

¿Y es que acaso se vive del odio?

La gente tiene que trabajar para comer, punto. Comer si quiere comer, beber si quiere beber, fumar si así lo desea, acostarse con quien mejor le parezca, tener hijos si siente el llamado, amar a los suyos y ocuparse de cosas mundanas, esa es la vida que la mayoría espera. Si odia o no a otro en el camino es su problema, pero nadie dedica su vida a hacer a otra gente miserable por simple regocijo. La cosa es que ese discurso, por lo simplista que es, porque pone a los personajes como los buenos y los malos, como en la literatura infantil, es muy sencillo de vender. Ese discurso ocupa a los gentiles y permite que los autócratas hagan y deshagan a su antojo manteniendo siempre la fachada de institucionalidad, porque eso de que lo llamen «tirano» a uno es muy feo.

Lo que no te dicen, o que nadie puede comprender a fondo a menos que lo viva, es lo desgastante que es vivir sin libertad. Sin libertad para poder retar al statu quo, para pensar distinto, para decir lo que se piensa, para salir a la calle y no temer por tu vida en cada esquina, para montar tu propio negocio porque crees que puedes ofrecer algo mejor de lo que consigues, para poder dedicarte a lo que quieres, para poder ser lo que quieras… nadie que no haya vivido en una autocracia puede entender la frustración de vivir sin libertad para pensar que existe algo mejor.

Estar inconforme con el presente es la premisa básica del progreso. Si uno está convencido de que lo que tiene es lo mejor que podría alcanzar nunca va a hacer un esfuerzo por superarlo. Esa es la fibra central de la evolución, la aspiración, negarlo es condenarse al estancamiento.

Y ese es el gran problema de las autocracias, que son soberbias, y por serlo se estancan. El autócrata –que nunca es uno, sino él y su corte–  está convencido de que tiene la razón, de que él siempre tiene la mejor idea, de que nadie es más astuto, o más rápido, o más apuesto, porque él es la punta de la pirámide y nadie puede atreverse a poner en jaque su posición ¿por qué? Un poco porque es cómo sentirse superior, pero sobre todo, porque estar en el poder es el mejor negocio del mundo, y más en un petro-Estado. Por si fuera poco, el estancamiento prolongado no tiene otro rumbo que el desgaste.

Entonces el autócrata debe silenciar a todo aquel que rete la supremacía del statu quo. Llámese prensa, llámese intelectual, llámese grupo político, sobre todo grupo político. Una y otra vez, el monstruo moverá sus tentáculos –llamados poderes– para desprestigiar y reprimir a cualquiera que se atreva a mostrar signos de inconformidad. Con el autócrata no se puede dialogar porque no quiere escuchar a nadie, el autócrata solo da monólogos y uno, la plebe, debe conformarse con lo que su majestad decida, y estar agradecido de sus condescendencias. Uno, el vasallo, no tiene derecho a ser tomado en cuenta. Uno puede pedir audiencia, pero una y otra vez será tildado de loco, de desubicado, de traidor, o simplemente no será escuchado. Y el bloqueo es más fuerte cuando uno ha sido encasillado en la categoría de «el malo», pues sólo recibirá improperios de la audiencia, incluso cuando ellos también sean víctimas de los atropellos del autócrata.

Pero de alguna manera un grupo de los invisibles siempre logra hacer frente al autócrata cuando su causa es legítima, porque el deseo de ser libre está impregnado en el alma humana, aunque no todos los hombres se hayan dado cuenta. Y el que lo logra se convierte en el héroe.

El héroe no se engancha en la narrativa del autócrata ni tampoco con su institucionalidad, él entiende que ese es su terreno donde hará y deshará a su gusto. El héroe también entiende que no puede derrotar al autócrata solo, porque el yugo es muy grande para llevarlo a cuestas. Su trabajo debe ser desenmascarar la verdadera cara del autócrata, de modo que una masa crítica abra los ojos y se dé cuenta de las cadenas que lleva en los pies. Pero esto no puede consistir sólo en la crítica, que dada la mano dura del autócrata es temida, el héroe tiene que ser capaz de venderle a la audiencia un futuro mejor que el que ofrece el autócrata, o de lo contrario permanecerán en el equilibrio perverso.

La confrontación será necesaria, pero sólo la idea de un futuro mejor puede dar fuerza a esos espíritus libres.

La libertad no es otra cosa que la oportunidad de ser mejor

Albert Camus

Que no se nos olvide

ImageHace tantos días que Venezuela no descansa que comenzamos a olvidar.

Quizás quien lee fue de los que inició la ola de protestas que protagonizan venezolanos sin fronteras, o quizás de los que despertaron tras la noche del horror, pero sea como fuere, los días pasan y las memorias se hacen difusas.

Y cuando el cansancio golpea es cuando más debemos recordar las razones que nos llevaron a la calle, a la barricada, a la pancarta. Así que recordemos:

Recordemos que el 2013 cerró con una inflación de 56,1%, y que la de enero 2014 fue de 3,3%. A este ritmo, sus ingresos compran menos cada día y eso indigna, pero ¿sabe qué indigna más? Que la inflación es conscientemente promovida por el gobierno central, para que PDVSA pueda enfrentar sus obligaciones en bolívares, pero nos ven la cara de bolsas y nos dicen que es una «guerra económica», la única del mundo.

Recordemos que en enero 2014 la escasez promedio de productos básicos llegó a 28%, lo que obliga a todo el mundo a hacer largas colas, a comer «lo que haya» y a vivir pendiente de las bolsas de quienes ve caminando por la calle; y eso irrita, pero ¿sabe qué irrita más? Que la escasez de productos se deba a la negativa del gobierno central de tener una política cambiaria confiable, y la insistencia en dejar caer el flujo de caja de PDVSA sin rendir cuentas.

Recordemos que el 2013 cerró con un aproximado de 24.763 muertes violentas, con una tasa de impunidad que supera el 90%, sin contar que no hay cifras oficiales del mundo de los secuestros express; y eso enfurece, pero ¿sabe qué enfurece más? Que sea consecuencia de que año a año el presupuesto nacional para Seguridad Ciudadana decrece.

Recordemos que cada día huyen más venezolanos de una tierra que mengua las oportunidades de progreso, que en medio de una gran bonanza petrolera hay hospitales sin insumos, escuelas que se caen a pedazos, universidades públicas que se paran por falta de presupuesto y pare usted de contar… seguramente usted es protagonista de más de una de esas estadísticas. Y así llegamos a febrero.

En medio de ese asedio, ese que nos impulsa a los límites del individualismo frente a la sensación de que el Estado nos abandonó y se dedicó a proteger su estadía en el poder –poder que se escribe con letra$ verde$– salió el #1F Leopoeldo López a protestar por la situación de abundante escasez, inseguridad y desabastecimiento que el país atraviesa, y anunció que su partido, Voluntad Popular comenzaría a llevar adelante una serie de asambleas de calle para discutir #LaSalida…

El #2F López, Ledezma y Machado convocaron a una gran marcha para el 12 de Febrero. El primer llamado creó división entre los opositores.

El #4F la ULA-Táchira salieron a protestar en contra de la inseguridad tras el intento de violación de una estudiante en el campus universitario, lo que levantó una ola de protestas de varias universidades que habían reajustado horarios recientemente por medidas de seguridad.

Las protestas continuaron, y el #6F un grupo de estudiantes tachirenses fue acusado de atacar la residencia del gobernador de ese estado, el señor Vielma Mora, y como resultado hubo tres estudiantes detenidos que fueron llevados sin explicación (o razón aparente) a Coro. Las protestas continuaron y se fueron expandiendo, ahora para exigir la liberación de los estudiantes detenidos.

El #12F se llevó a cabo la marcha convocada por López, pero ya no solo era por el descontento general con la conocida «situación país», sino para llevar un comunicado a la Fiscalía General y exigir la liberación de los estudiantes tachirenses. Ese día los ánimos estaban caldeados, la protesta se extendió y hacia el final de la tarde aparecieron los primeros pistoleros que frente a la mirada silente y cómplice de los cuerpos policiales que abrieron fuego contra los manifestantes desarmados. Esa tarde murieron Bassil Da Costa (1), un estudiante de la Universidad Alejandro Humboldt, y Juan Montoya (2) ex-policía, ambos de disparos en la cabeza. Con la noticia Venezuela entera se estremeció… «¿Muertos en protestas de estudiantes? ¿Qué es esto?».

Esa tarde CONATEL saca a NTN24 de la parrilla de televisión por cable por reportar los hechos violentos del día. La protesta se movió a Chacao donde se repitió la escena, esta vez con más violencia, de lo que resultó muerto Roberto Redman (3), piloto… «¿Otro muerto? ¡Esto se está saliendo de control!». Horas más tarde comenzó a decirse que se había emitido una orden de arresto contra López por cargos de terrorismo, incitación a delinquir y daños a la propiedad y homicidio… «Enloquecieron ¿Terrorismo, de pana?». Y a todas estas el gobierno en cadena nacional inauguraba un monumento de La Batalla de La Victoria y Gustavo Dudamel dirigía un concierto que hacía homenaje. El presunto asesino de Montoya (oficialista) aparece al día siguiente, denunciado por el gobernador de Aragua, Tarek El Aissami (¿por qué el gobernador de un estado donde no murió el hombre declara?), ante las cámaras de CNN.

El #13F continúan las protestas estudiantiles, ahora no solo reclamando la inseguridad, la escasez, la inflación, la liberación de los estudiantes tachirenses, sino exigiendo justicia para con los asesinos de Da Costa, Montoya y Redman. Ese día distintos voceros del oficialismo denuncian ataques a edificios oficiales y el señor Maduro adopta la que de ahí en adelante será su postura: «estos grupúsculos» están «creando focos aislados de violencia» para destruir obras públicas… comenzarán entonces los masterpieces, videos editados con imágenes de vidrios rotos y vehículos incendiados. Por otro lado las redes sociales comienzan a estallar con contenido viral que documenta desde todo ángulo posible la violencia carroñera y descarada, amparada por guardias nacionales inmóviles, hacia las manifestaciones de civiles desarmados.

El #14F continúan las protestas, primero pacíficas, luego reprimidas con brutalidad, y continúa el cerco informativo, esta vez Twitter Co. Declara que el gobierno venezolano bloquea imágenes en la red social. Son hackeadas las cuentas de NTN24 y el PSUV. La desinformación formal sólo incrementa la viralidad de todo lo que sube a las redes sociales. Se formaliza la costumbre de encadenar durante el prime time para negar la escalada de violencia y acusar de fascistas a los manifestantes opositores; cada día se radicaliza más el discurso, y aparecen testimonios de lesionados –sin morados ni rasguños– denunciando violencia de parte de manifestantes.

Continúan las protestas, los intentos de allanamiento a Voluntad Popular y a la casa de los padres de López sin orden judicial, la represión, la violencia, las guarimbas. Apoyos y repudios van y vienen, y entre dimes y diretes López convoca una marche para que lo acompañen a entregarse a las autoridades el #18F pues dice que no tiene nada que temer. Continúan las detenciones, los maltratos, las torturas, las violaciones por parte de los cuerpos de orden público. Violencia desbordada y las protestas crecen en todo el país.

Tentando al diablo y con el mayor descaro del mundo, Nicolás Maduro convoca una marcha oficialista en el mismo punto de encuentro y a la misma hora que la convocada por López, sobornando a los trabajadores de PDVSA a presenciar la firma de su contrato colectivo (luego de casi dos años de negativas y repetidos encarcelamientos de los sindicalistas petroleros). Con la consigna «¡No entran fascistas a Caracas!», refiriéndose al Municipio Libertador, se bloquea el acceso en sentido E-O de la autopista Francisco Fajardo, el Boulevard de Sabana Grande y la Avenida Libertador. Y en medio de una multitud que, más que apoyarlo a él, está indignada con los recientes acontecimientos, se entrega a efectivos de la GNB. Al final de la noche se sabe que Diosdado Cabello personalmente condujo a López hasta el Palacio de Justicia, supuestamente por orden de Maduro (¿alguien sabe por qué el presidente del poder legislativo recibe órdenes del ejecutivo para cumplir funciones judiciales?) y posteriormente se informa que se ha postergado su audiencia y que lo llevan detenido a Ramo Verde, una prisión militar (siendo López un civil). Esa noche Maduro se vanagloria de haber garantizado la vida de seguridad de López, haciendo clara referencia a la constante violación de derechos humanos que ocurre en sistema de (in)justicia venezolano. Esa noche, en Carúpano, muere José Ernesto Méndez (5), estudiante menor de edad, arrollado por una camionera que pasó por encima de su cabeza en una manifestación.

Comienzan a salir órdenes de detención a nombre de más dirigentes de Voluntad Popular. Las protestas continúan, al igual que la violencia en contra de los manifestantes, y el #19F muere Génesis Carmona (6), estudiante y Miss Turismo Carabobo, tras un disparo que recibió en la cabeza el día anterior… «¡Cinco muertos! ¿A dónde va a parar esto?». Siguen las protestas en todo el país, Maduro insiste que todo es una conspiración para darle un «golpe de estado blando», continúa sin anunciar medidas para procesar a los asesinos y esa noche el Canciller Jaua (¿alguien sabe por qué el vocero de la política exterior hace declaraciones de orden interno?) declara que nadie está preso por protestar, sino por incurrir en actos violentos, y Venezuela entera siente el sabor a bilis ante tanto cinismo. Los opositores salen a protestar en mayores números, los chavistas simplemente guardan silencio. Ese mismo día se registraron disparos en una manifestación en Puerto Ordaz, e irresponsablemente, el Ministro de Interior, Justicia y Paz, Rodríguez Torres, denuncia la muerte de un ferrominero, Jesús Gutiérrez, pero luego es desmentido por un medio local. Esa tarde la audiencia de López se lleva a cabo en Ramo Verde y no en el Palacio de Justicia, donde una multitud le esperaba en apoyo.

Esa noche la violencia represiva llega a su clímax: una noche sin sueño invadida de videos y fotos de grupos armados, oficiales y paramilitares, ganando terreno por todo el territorio, especialmente en Caracas. Se levanta un caldo de odios que empuja a cuanto ser tiene alma hacia su lado más radical… «¡No es posible que el Estado esté reprimiendo de esta manera! ¿Con quién cuenta uno entonces?». Esa noche se anuncia la militarización del estado Táchira, lo que significará un bloqueo informativo más fuerte aun en ese estado; hubo denuncias de corte de luz y servicios de comunicaciones esa noche y en días posteriores (aún hoy sigue la desinformación).

El #20F continúan las protestas. Fallecen Delia Elena Lobo (7) en Mérida, por heridas sufridas al pisar una trampa de alambre de púas de alguna guarimba arrabalera, y  Arturo Alexis Martínez (8) en Barquisimeto, dirigente del PSUV y hermano del diputado Francisco Martínez, de un disparo en el pecho. Sigue la violencia en la calle, sigue la negación en las cadenas de radio y televisión; aunque se habla de paz la energía es otra. Se registran aviones y helicópteros de guerra sobrevolando San Cristóbal y Barquisimeto… «¿Es en serio? Con la inseguridad que hay en este país ¿y sacan el ejército a combatir civiles con barricadas?»

El #21F se producen movilizaciones a las defensorías del pueblo de todo el país,  para exigir respeto a derechos humanos, cese a la persecución política, a la represión y el establecimiento de responsabilidades ante las muertes y hechos violentos ocurridos a partir del 12 de febrero, liberación de los manifestantes y presos políticos, así como el desarme de los grupos irregulares. Esa noche muere Santiago Enrique Pedroza (9) en Caracas, al degollarse con una guaya colocada en una gaurimba nocturna. Esa noche, Rodríguez Torres exige justicia para los asesinos del joven de 29 años. Aunque el episodio es horroroso, la gente se indigna por la evidente discriminación de la administración de la justicia desde los personeros del gobierno, o al menos el discruso.

Cumpliéndose 10 días de protesta ininterrumpida la MUD convoca concentraciones en todo el país para pedir paz para el #22F. Las calles se llenan de Oriente a Occidente. Esa tarde, se confirma la muerte de Geraldin Moreno (10) muere en Valencia como consecuencia de perdigones disparados en su cara.

El #23F, en lo que parecía un día de tregua, en medio del silencio y el agotamiento, se confirmó la muerte de José Alejandro Márquez (11), quien tenía varios días en coma tras recibir una fractura de cráneo a manos de un GNB que lo golpeó con su casco. Maduro, en un acto desesperado, decreta no laborable el #27F en conmemoración de los 25 años del Caracazo, y para que se alargue el puente de Carnavales. San Cristóbal sigue sitiada, al parecer Mérida se le ha unido pero la desinformación no ayuda. Además, cuerpos de contrainteligencia intentaron detener al General Ángel Vivas sin orden de detención; el hombre salió al porche de su casa con una ametralladora y un chaleco anti-balas diciendo que si entraban abriría fuego, los oficiales se retiraron.

A la fecha el diputado Miguel Pizarro ha denunciado más de 500 detenciones en manifestaciones, y múltiples voceros han denunciado tortura, vejaciones, maltratos y hasta cobro de soborno por liberación de los estudiantes detenidos. Todos han sido liberados bajo la condición de no hacer declaraciones a medios de comunicación ni aparecer en eventos públicos.

Hoy #24F Venezuela amanece en protesta por cuarta semana consecutiva, siendo testigo de un febrero sangriento que ha cobrado 11 vidas en nombre del odio político y la desesperación de los ciudadanos que se sienten desamparados ante un Estado criminal y parcializado.

Voces se han sumado desde el exterior, unas más contundentes que otras. Todas piden paz para Venezuela.

Pero ¿cómo se alcanza la paz cuando no hay reconocimiento ni diálogo? Cuando el gobierno auspicia, protege, a grupos armados parapoliciales/paramilitares que arremeten abiertamente en contra de civiles desarmados ¿cómo se alcanza la paz cuando la fuerza del Estado se usa en todo su esplendor para reprimir protestas pacíficas y no para combatir la inseguridad?

¿Cómo se alcanza la paz en medio de la total anarquía que sirve de velo a los problemas económicos de raíces profundas?

Amanecerá y veremos.

Por ahora, #ElQueSeCansaPierde

Caldo de odios

elquesecansapierde600Podíamos no haber estado de acuerdo con #LaSalida, la verdad fue una movida apresurada. Podemos, viendo en retrospectiva, pensar que se pudo haber protestado de otro modo, e incluso, podríamos reclamarle al pasado no habernos dado señales más claras de que el gobierno estaba dispuesto a llegar tan lejos. Pero en este momento, pensar en lo que pudo ser y no fue nos distrae de hacer frente a la realidad de hoy, del #20F de 2014, cuando nos encontramos en el ojo del huracán.

Anoche el gobierno cruzó una línea, algunos dicen que pasamos “de la dicta-blanda a la dicta-dura”, recordando esa transición entre Delgado Chalbaud y Pérez Jiménez. El #19F fue la noche del horror, mientras el Presidente se encadenaba para defender a sus queridos Metrobuses, y los tres alcaldes del Municipio libertador le sonreían a la cámara vistiendo cascos rojos en El Parque Carabobo, la Guardia Nacional Bolivariana disparaba a pocos metros del show hacia, por lo menos, dos civiles desarmados que ejercían su derecho a la protesta (uno en La Candelaria y otro en la Av. Panteón). Y esos fueron los que quedaron registrados, quien sabe cuántos más corrieron con esa suerte y se los tragó el silencio, o alguna cuneta de la ciudad de la furia.

Durante la cadena, mientras el Ministro de Interior, Justicia y Paz acusaba a paramilitares colombianos de infiltrarse al estado Táchira a crear guarimba, y sin darse cuenta de que le estaba diciendo la Almiranta en Jefe –y de carambola a todo el que está al frente del Ministerio de la Defensa– que es una incompetente resguardando las fronteras venezolanas, se puso el cerco más brutal de represión a civiles que haya dado cuenta la historia contemporánea de Venezuela: apagón, desconexión de comunicaciones, corte de servicios básicos y militarización de San Cristóbal.

Anoche, con un país sitiado por la mezcla de opositores que alzan la voz con reclamos legítimos, desde el encarcelamiento injustificado de López hasta el desabastecimiento de papel toilette, y con la palmada en el hombro de los chavistas que permanecen en silencio, el gobierno hizo gala de toda la renta petrolera que ha derramado sobre las Fuerzas Armadas contra barricadas de basura en llamas y civiles con banderas en las manos. Ayer, hubo un punto de inflexión.

Los tenues velos que aún tapaban la no intención de la Revolución Bolivariana para vivir en democracia cayeron al piso. La negativa de Maduro de reconocer las muertes violentas a manos de pistoleros paramilitares, independientemente de nuestra tendencia política, no puede ser visto con tolerancia. Maduro y su cúpula insisten en negar el descontento de millones de venezolanos aplicando la receta de El Príncipe de crear enemigos externos; y aplicar política para tontos en una situación tan vulnerable le puede salir caro.

Ayer fuimos testigos, gracias a la cobertura en redes sociales, de la violencia de un Estado criminal al que sólo le interesa perpetuarse en el poder. El sistema comenzó a implosionar en Venezuela, y ningún venezolano –ni rojo, ni blanco, naranja o amarillo, ni gocho, ni margariteño, llanero o guayanés– lo puede negar, hacerlo sería una disociación como para diagnosticar esquizofrenia; o al menos DOUBLETHINK como lo llamaba Orwell. La paz de Maduro se escribe con sangre.

Podíamos no estar de acuerdo con el detonante, pero no podemos ser indiferentes a los resultados y las reacciones de las partes. Siempre pensé que era ridículo que la Primera Guerra Mundial se hubiese desatado con la muerte de un archiduque, pero ahora entiendo que cuando la gente está hastiada cualquier chispa es suficiente para encender la calle, y que independientemente de lo que uno creyera antes de encontrarse en el hervidero, los actos de las personas te van sensibilizando/radicalizando.

Ya hoy no importa por qué empezó todo esto, lo que importa es que nos ayudó a darnos cuenta que estábamos de rodillas y no nos habíamos dado cuenta. Ahora nos toca dar la lucha, o terminaremos con los grillos en los talones y la dignidad en el suelo.

“Un hombre libre es aquel que, teniendo fuerza y talento para hacer una cosa, no encuentra trabas a su voluntad.”

– Thomas Hobbes

#ElQueSeCansaPierde

El Pueblo de Venezuela Somos Todos

Leopoldo Lopez 2014Nací en Mérida, crecí en Puerto Ordaz y vivo en Caracas hace casi una década, así que tengo un pasticho de acento bien particular.

Mi familia está regada a lo largo y ancho del mapa, y he tenido la dicha de recorrerlo desde Maracaibo hasta Tucupita, y desde Araya hasta Santa Elena de Uairén. Gracias, por eso, Pa.

Desayuno arepas casi todos los días y no me canso, amarillas, blancas, con afrecho, con avena, de auyama o de plátano, las amo. Mi bebida favorita es el ron, no importa si es mojito, Cuba libre o tonic, ese sabor a caña criolla me parece Premium.

Temino casi todas mis llamadas telefónicas con «¡chévere!», uso «full» para todo, y no pronuncio la «s» al final de las palabras… ¿y cuál ej-el problema, puej?

Soy venezolana.

Y como buena venezolana que tiene 15 años escuchando el discursito hoy quiero decir que estoy cansada de que rojos y variopintos insistan en reforzar que quien no vive en un sector popular no es pueblo.

Primero porque esa nomenclatura de pueblo = pobre la acuñó el desdeñable –sí, lo dije– de Rómulo Betancourt (lo pueden investigar, está ampliamente citado en la literatura histórica de Venezuela). Ese discurso de izquierda siempre ha encontrado acilo en las entrañas ideológicas de los políticos “demócratas” de nuestro país, y por eso el voto, en una sociedad desigual con un Estado empresario millonario, se ha utilizado como arma para justificar el poder de la cúpula y no como mecanismo de consenso. No nos reconocemos como sociedad, y la “Revolución Socialista” sólo lo puso de relieve.

Esta historia de pueblo = pobre es nuestra herencia, es la cultura política cultivada a partir de la formación marxista de los pioneros de la democracia en Venezuela, y aún sigue vigente. Veamos cómo funciona el sistema alrededor de tal premisa: como el Estado es millonario en petrodólares (a partir de 1922), y el Estado se debe al bienestar del pueblo, entonces el Estado transfiere la petro-renta al pueblo y esto le gana apoyo mayoritario en las elecciones; ese fue el modelo adeco después del golpe del 45, fue el modelo puntofijista post-Pérez Jiménez, y el modelo de Chávez más recientemente. Bajo la premisa de que pueblo = pobre nuestro sistema político no tiene contrapesos. Es una ilusión de democracia, o al menos una visión muy truncada que se limita a las elecciones.

Y no es por sonar pitiyankee, pero me parece increíble la comparación con la Constitución americana. La misma abre con la siguiente frase: We The People of the United States, Nosotros la Gente de los Estados Unidos. Ese sistema que se funda sobre la gente y no sobre el pueblo es la democracia más estable y longeva del mundo. Muchos estudios políticos, económicos y sociológicos lo han justificado, pero en resumidas cuentas, en el fondo la premisa es una: el sistema reconoce que existen distintos intereses y procura que existan las condiciones para que todos tengan la oportunidad de ser un interlocutor válido. Aquí no, aquí insistimos en creer que el que no es pueblo, no cuenta.

Y eso va de parte y parte, podemos verlo a flor de piel en los acontecimientos recientes.

Por un lado están grupos de oficialistas infames promoviendo el odio racial y descalificando la legitimidad de que los estudiantes universitarios protesten, sólo porque en este país –como en el resto de América Latina– las universidades están mayormente ocupadas por clases de ingresos altos. Es decir, el argumento chavista se resume en: si parece un musiú no es venezolano de verdad, porque no es pueblo, y por tanto el gobierno hace bien en ignorarlos, porque el gobierno es para el pueblo.

Por el otro lado están amplios sectores de opositores light que comentan con frecuencia que las marchas son un paveo, que hay demasiada gente no pueblo en ellas y por tanto la protesta no va a ningún lado. Y yo les pregunto: ¿no les parece que el grupo con mayor capacidad de inversión privada en el país es un interlocutor válido en el juego político? ¿No son(mos) ellos(nosotros) también venezolanos?

Estamos atravesando una crisis de gobernabilidad que evidencia el desgaste de un grupo de poder que no cede, que no reconoce el descontento de los no pueblo y arresto de Leopoldo López es el cénit de esta intolerancia.

¿No creen que es hora de que nos quitemos el estigma? El PUEBLO de Venezuela SOMOS TODOS.

Colorblind

ImageAunque traté de evitarlo, en estos días escribí sobre el asedio en el que estamos sumergidos. No me gusta escribir cosas pesimistas, pero así me sentía ese día, cansada del coctel venenoso de odio a todo lo que toca la luz.

Y en respuesta a este clima de palpable descontento, casi como apoyo moral al grupo de los más fieles, salió un grupo de políticos de oposición, particularmente López que es el que más polémica genera,  con este cuento de “La Salida”. Y debo aplaudirlos por denunciarlo, porque ese es el rol de los políticos en la sociedad: verbalizar públicamente lo que piensa el grupo al que representan. Alguien tiene que hacerlo estructuradamente para que no se quede en el puro “’ño ‘e la madre con el gobierno”.

Ahora bien, no es posible que una vez más la protesta se reduzca a “queremos cambio de gobierno”.  Y en este punto me han preguntado: “¿es que tú no crees que para que esta locura cambie tiene que haber un cambio de gobierno?”, y sí, absolutamente lo creo, pero mi opinión individual es irrelevante para el juego.

Creo que hay un problema con el pensamiento de oposición: vivimos pensando en el deber ser y no en el esto es lo que hay. Nos medimos con la barra de los estados liberales que tienen una Constitución y creen en ella, que tienen separación de poderes y la ejercen, que tienen partidos con ideologías claras con las cuales las personas se identifican. Pero ese no es el juego de la política venezolana.

Nosotros vivimos en la Venezuela del plebiscito que se mueve a la sombra de un hombre que se convirtió en un parteaguas. Todo lo reducimos a ¿estaba usted de acuerdo o no con Chávez? Y la respuesta tiene que ser: No importa, porque el tipo se murió y los muertos no gobiernan.  Pero más aún, tenemos que entender que en la “democracia participativa” que heredamos del arquitecto de nuestro sistema político, don Rómulo Betancourt, el juego es el siguiente: en el poder se mantiene quien conquiste a los militares, pero la mitad más uno es suficiente para legitimarse en el poder, y gústele a quien le guste, Chávez siempre contó con esa popularidad de “amplia base”. Luego, tratar de hacer pensar que es ilegítimo un gobierno que obtuvo la mayoría de los votos, por cerrada que fuese la diferencia, no cala en el imaginario del venezolano.

Pero el chavismo tiene un defecto que no hemos sabido aprovechar: carece de políticas coherentes. Como la única misión del chavismo es aproximarse al “Socialismo del Siglo XXI” da para todo, es un arroz con mango que permite ser de izquierda y de derecha, pro LGBT y decir “maricones” en cadena nacional, lanzar el Plan Siembra Petrolera anunciando que en 5 años produciremos 6 millones de barriles diarios y el mismo día decir que un aumento de producción tumbaría los precios internacionales del petróleo, lo que sería una desgracia para el país; se da el lujo de decir en una misma alocución que hay que elevar la producción nacional de mercancías, acabar con los empresarios fascistas y empoderar al Estado como principal importador del país. Y todo acompañado de un vocabulario de izquierda trasnochada de principios de siglo XX.

A mí, que soy de centro-derecha, me parece soberana insensatez, pero una vez más, el juego político de Venezuela no está en convencerme a mí de que hay un problema.

El reto está en hacer que la protesta se masifique, y arrancar la denuncia planteando “La Salida” como propuesta  le pone techo a la iniciativa. Para empezar, porque la inseguridad la vivimos todos –chavistas y no chavistas-, y lo mismo con la escasez y sus colas, con la inflación y la falta de dólares, al igual que el abuso de poder que implica la nueva Ley Orgánica de Precios Justos. Pero segundo, porque de una vez nos coloca en dos aceras: ellos, los que creen que el gobierno está legítimamente en ejercicio y por tanto no hay razones para descontinuarlo, y nosotros, los que como niños malcriados desconocemos todo el arreglo institucional y reclamamos borrón y cuenta nueva. Lo siento, pero creo que el momento de desconocer los resultados electorales era el año pasado, ahorita está el bigotudo en ejercicio.

Los chavistas no son chavistas por convicciones sobre el rol del Estado sino por mera simpatía con el discurso ¿o es que creemos que a los chavistas les gusta andar haciendo colas y que el sueldo se le vuelva sal en el agua?

Y más aún, aunque parezca insólito, existe una cantidad enorme de personas que son “Ni-Ni”; yo no sé cómo funciona eso, pero son una realidad estadística ¿y no tendrán, algunos de esos Ni-Ni, unos negocitos que estén siendo fiscalizados en estos días de la mano de la SUNDECOP, los Consejos Comunales, el SENIAT y las FANB?

Plantear un cambio de gobierno no ha tenido resultados en 15 años ¿vamos a seguir esperando que “caiga el gobierno” como solución a nuestros problemas? Eso de estar molesto por todo es lo mismo que no estar molesto con nada.

Me pregunto si no será, más bien, hora de cambiar la estrategia, de empezar a poner los dedos en las yagas para evidenciar que no es cuestión de colores, sino que el nivel de deterioro del país es inaceptable. Creo que nos sorprenderíamos de la gente que puede despertar.

Thinking

I don’t usually like poetry, but this one I find quite inspiring…

A poem by Walter D. Wintle:

If you think you are beaten, you are
If you think you dare not, you don’t,
If you like to win, but you think you can’t
It is almost certain you won’t.

If you think you’ll lose, you’re lost
For out of the world we find,
Success begins with a fellow’s will
It’s all in the state of mind.

If you think you are outclassed, you are
You’ve got to think high to rise,
You’ve got to be sure of yourself before
You can ever win a prize.

Life’s battles don’t always go
To the stronger or faster man,
But soon or late the man who wins
Is the man WHO THINKS HE CAN!

This poem has been reprinted many times under a variety of titles and with subtle differences in the wording.
The version given is the earliest recorded version and is taken from a publication of 1905 for the Unity Tract Society, Unity School of Christianity.

 

Petróleo y Progreso

libro-el-petroleo-como-instrumento-de-progreso-iesa_MLV-F-3887160618_022013Pedro es una de esas personas que la sincronicidad continua trayendo a mi vida. Profe de mi escuela, novio de una amiga, compartimos muchos conocidos y ahora llegó por el petróleo. Es una de esas mentes brillantes jóvenes que además tiene cariño por su país y quiere trabajar por él. Pedro y su papá escribieron un sesudísimo libro sobre el escurridizo mineral que signa nuestra relación Ciudadano-Estado: el petróleo. Bautizado con el nombre Petróleo como instrumento de progreso, el libro merece que cada venezolano se entere de su existencia.

Como sólo un economista puede hacerlo, el libro es una mezcla de clase magistral sobre macroeconomía venezolana con un sueño de país. Los Rodríguez se sentaron a estudiar el petróleo venezolano y con el espíritu más libertario que he leído en la literatura venezolana (corazones para esto) hacen una propuesta de «nueva relación Ciudadano-Estado-Petróleo». Debo aplaudirlos en público por poner algo acerca de petróleo sobre la mesa porque increíblemente tengo semanas yendo a varias librerías sin conseguir un solo libro, literario o narrativo, sobre el petróleo venezolano.

Los autores le ponen el cascabel al gato para explicar sin moralismos por qué el Estado venezolano ha podido confeccionar una economía hecha a su medida a costa del bienestar individual de sus ciudadanos: todo se centra en el rentismo discrecional, como lo llaman, harto conocido en la jerga periodística venezolana como el «uso discrecional de la renta». Desde siempre – y por siempre me refiero de Gómez para acá- el gobierno ha sido el único venezolano tomador de decisiones sobre el porvenir del fabuloso recurso, atando así nuestra visión sobre el petróleo al horizonte temporal de los políticos: la próxima elección. Esto moldea las instituciones, Ministerio de Energía y PDVSA, a centrarse en ordeñar a la industria petrolera para poder hacer y deshacer con el gasto público (programas y sueldos de empleados públicos), y nos olvidamos de la cara productiva de la industria petrolera, considerada por cierto como una de las más sofisticadas del mundo –a la par de software y comunicaciones.

Los Rodríguez narran la dinámica en detalle y resaltan los aspectos nocivos para el desarrollo que ello conlleva. Por ejemplo, el estancamiento en nuestra producción petrolera por más de 40 años que nos ha hecho perder la oportunidad de (1) obtener mayores rentas durante los períodos de precios altos, (2) compensar los ingresos fiscales (con mayor volumen) en épocas de precios bajos y (3) aprovechar la palanca petrolera para el desarrollo de industrias conexas como la petroquímica, refinación y de servicios conexos que impulsaran el desarrollo económico de Venezuela generando empleo y crecimiento económico. Lo que más me gustó sin duda alguna fue lo siguiente: «es imprescindible limitar la discrecionalidad del gobierno de turno… [para evitar] la concentración de poder político que inevitablemente conduce a dos secuelas: (1) restricciones a la libertad individual, tanto en el ámbito político como económico y (2) un aumento de la corrupción y la búsqueda de rentas». No es que los venezolanos seamos particularmente improductivos o corruptos, es que mientras mantengamos inmaculada la relación petróleo-Estado-ciudadano como la conocemos, la economía política profundizará estos vicios porque así lo inducen los incentivos económicos. No importa el cambio de gobierno, si es verde, blanco, rojo o amarillo, todos son vulnerables a los tentáculos del poder de la renta sin controles.

Los Rodríguez se aventuran a hacer una propuesta de reforma que no les voy a contar para que busquen el libro y se lo lean. Lo cierto es que para hacerlo están dadas las herramientas técnicas, lo que se necesita es un cambio de pensamiento y voluntad política de conceso que trascienda las divisiones politiqueras que acompañan a la noticia y al día a día.

 

Publicado en: http://erikatipoweb.com/actualidad/petroleo-y-progreso/

Viviendas hoy, ¿mañana? por @claumarquez

De mi amiga Clau:

Como Viene Viniendo

gmvvLa vivienda, según la teoría de desarrollo expuesta por Amartya Sen –la de mayor consenso en la actualidad–, no solo es un derecho humano, sino también uno de los factores clave que permite ampliar las libertades del hombre. En esta línea de pensamiento, no se puede hablar de desarrollo en una sociedad donde sus individuos no ejerzan la libertad de elegir. Para ello, entonces, se necesitan elementos liberadores como educación, seguridad, salud, vivienda, que permitan a una persona que haya nacido en circunstancias de escasos recursos económicos romper este ciclo intergeneracional de la pobreza. Es decir, que a través de educación gratuita y servicios básicos el hijo de una familia de escasos recursos –por sus capacidades productivas y creativas– pueda convertirse en un sujeto con prosperidad económica.

La Gran Misión Vivienda (GMVV) es uno de los programas sociales de mayor presupuesto público y, por lo tanto, es lógico pensar que…

Ver la entrada original 887 palabras más